Se pudo avanzar más en el sentido de reafirmar el espíritu del Tratado de 1929, con una declaración orientada a dar permanencia y futuro a la frontera común, desalentando de manera permanente cualquier iniciativa que pudiera contradecir lo dispuesto en el Artículo Primero del Protocolo Complementario de ese tratado.
Publicado el 02.12.2016
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La visita del Presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczinsky, amerita un análisis más exhaustivo de lo que la atención de los medios (cada vez más presionados por la inmediatez) está dispuesta a darle. Conviene poner atención a lo que se esperaba de la visita oficial de PPK a nuestro país esta semana y lo que resultó de ella. Al hacerlo, debemos reparar no sólo en lo que quedó escrito en la Declaración Conjunta de los mandatarios, sino que, de manera especial, en lo que se  omitió en ese documento.

El contexto general es ampliamente favorable. Chile y Perú tienen cada vez más intereses comunes y asuntos que los vinculan hacia el futuro, que diferencias y complejidades derivadas de una historia conflictiva. Ambos países comparten una misma visión en materia de integración y comercio internacional como miembros de la Alianza del Pacífico (cabe recordar que, en su momento, Chile hizo esfuerzos incansables para lograr que el Perú fuese admitido en APEC), coincidencias que adquieren una trascendencia mayor en momentos en que tiende a revivir el proteccionismo en importantes actores a nivel global. Los años venideros pondrán a prueba la voluntad política y la capacidad de innovación para hacer efectiva la integración energética, por ejemplo, entre otros asuntos de similar envergadura.

Asimismo, no se puede dejar de constatar, especialmente en momentos en que surgen legítimos cuestionamientos a la (falta de) política de inmigración, el aporte significativo de los inmigrantes peruanos que han llegado a integrarse de manera notable a diversos sectores de actividad en Chile, granjeándose primero el respeto y luego el afecto de la sociedad que los acoge, a base de esfuerzo, dedicación y perseverancia.

Los acuerdos logrados en la visita de PPK  van, en general, en la dirección correcta. Sin duda, se ha producido un notorio mejoramiento en el diálogo bilateral desde que asumió el nuevo gobierno en Perú. El restablecimiento de las instancias conjuntas como el mecanismo de 2+2 —que reúne a los ministros de RR.EE. y Defensa de ambas partes— es una prueba de ello.

El comunicado conjunto, sin embargo, no aborda debidamente un tema crucial, que se refiere a hacer efectivo el compromiso peruano de garantizar la libre navegación marítima y aérea por las 200 millas del mar territorial consagradas en la Constitución de ese país. Tras el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el caso planteado por Perú sobre delimitación marítima, nuestro vecino se comprometió a promulgar una ley interpretativa que garantizara la libertad de navegación, lo que no ha ocurrido hasta la fecha.

El asunto debió plasmarse  con precisión en el comunicado conjunto de esta semana, y no haberlo hecho deja en evidencia conocidas falencias de nuestra diplomacia, especialmente cuando tiene como contraparte a los profesionales de Torre Tagle. Lo que incluye u omite una declaración conjunta refleja el qué y el cómo se negoció para llegar al texto común. Por eso, no extraña el comentario de un experto en  asuntos peruanos, al constatar el texto emanado de la visita, así como sus omisiones: “Por lo visto, los de Torre Tagle hicieron cholitos a los ocupantes del Edificio Carrera”.

Se supone que las tratativas que anteceden a una visita como esta, de importancia para el futuro de la relación bilateral, necesariamente  consideran una variedad de acciones que buscan la reciprocidad en el esfuerzo por satisfacer intereses de ambas partes. En este caso, Chile y Perú han logrado avances notables en la identificación de los respectivos intereses en lo económico y comercial. Pero los hechos no demuestran logros  equivalentes en el ámbito político, en materias que es necesario abordar con decisión.

Chile y Perú han dado muestras de estar en condiciones de consolidar una relación de cooperación e integración sin precedentes. Por eso, se pudo avanzar más en el sentido de reafirmar el espíritu del Tratado de 1929, con una declaración orientada a dar permanencia y futuro a la frontera común, desalentando de manera permanente cualquier iniciativa que pudiera contradecir lo dispuesto en el Artículo Primero del Protocolo Complementario de ese tratado. Una reafirmación de principios en ese sentido, como gesto político hacia el Perú, habría dado cabida a gestos recíprocos de aquel hacia Chile en otros ámbitos. Por ello, queda la impresión de haberse perdido una oportunidad para abrir una nueva y definitiva etapa en lo vecinal, y queda pendiente la tarea de hacerlo en el futuro cercano.

Similar situación ocurre con la disparidad que reflejan los acuerdos que anuncian nuevos locales para los respectivos consulados en Tacna y Arica. Mientras el Perú deja formalizada su decisión de construir un nuevo consulado en El Chinchorro, la parte chilena no hace lo propio para mantener en su poder el único predio con valor simbólico, lo que denota un claro contraste y falta de reciprocidad en materias igualmente apreciadas por ambos países.

Estas tres situaciones constituyen un claro ejemplo de la necesidad de abordar las negociaciones vecinales con rigor, continuidad y profesionalismo, requisitos sine qua non para superar etapas y construir efectivamente relaciones de futuro con el Perú, un vecino con el cual debemos entendernos en la mejor de las formas y con todas las cartas sobre la mesa.

Chile y Perú tienen un desafío mayor, no en el futuro incierto, sino que en el presente: dejar atrás los desencuentros del pasado para asegurar el desarrollo pleno de ambos países. El desarrollo de iniciativas empresariales, las inversiones recíprocas, el ejemplo de los inmigrantes peruanos y lo que se ha avanzado en el marco de la Alianza del Pacífico, marcan una senda que los Gobiernos deberán proseguir con decisiones estratégicas respecto de la frontera común. Las condiciones para hacerlo están dadas. Esperamos que no surjan sorpresas como las que hemos visto en el pasado, dominado por la desconfianza y el resentimiento. Los tiempos ya no están para focalizar la atención en quién “hace cholito” a quién.

 

Jorge Canelas, cientista político y Embajador (r)

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO