Si podemos tomar acciones desde la etapa del pololeo, seremos mucho más efectivos en la disminución de este tipo de conductas en las posteriores etapas de la relación de pareja, evitando hechos trágicos e incluso la muerte.
Publicado el 24.09.2016
Comparte:

Hoy sentimos que estamos viviendo en una sociedad cada vez más agresiva y violenta y, generalmente, no sabemos bien a qué atribuirlo; o se nos ocurren múltiples y variadas causas en un afán de buscar culpables y de alguna manera encontrar a quién echarle la culpa. Sufrimos distintos tipos de violencia en nuestro diario vivir y a través de los medios de comunicación nos enteramos de casos que nos avergüenzan, pero seguramente la violencia más dolorosa es la que se vive al interior del hogar o la que proviene de nuestras relaciones más cercanas o íntimas, como la propia pareja.

En marzo de 2013, el gobierno envió al Congreso un proyecto de ley que sanciona la violencia en el pololeo e incorpora la violencia sexual y económica en la Violencia Intrafamiliar, como una forma de combatir la violencia contra la mujer desde las primeras etapas de la relación de pareja. A pesar que todos los sectores políticos están de acuerdo en perfeccionar la legislación sobre esta materia, estas buenas intenciones se encuentran en un estado de reposo, mientras la violencia y maltratos siguen en aumento. Parece incomprensible que en los tiempos que vivimos, donde un número importante de las personas eligen no establecer mayores compromisos ni contraer matrimonio como una opción de vida, esta arista no esté resuelta.

Según una encuesta realizada por el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) en 2013, en un 10,7% de las parejas entre 15 y 19 años hubo violencia psicológica y en un 4,6% violencia física. De acuerdo al mismo estudio, estas cifras se duplican en relaciones de adultos jóvenes entre 20 y 24 años, por lo que urgen soluciones de raíz.

Lamentablemente, como ocurre con tantos temas, parece que se necesita un hecho extremo para que exista una reacción y se tome conciencia. A modo de ejemplo, el cruel caso de la joven de Coyhaique, ocurrido este año, quien sufrió la extracción de sus ojos, nos dejó conmocionados e hizo que las autoridades anunciaran cambios en la Ley de Violencia Intrafamiliar. Ley que por lo demás está dirigida sólo a casos de violencia contra la mujer, dejando a los hombres fuera en caso de ser víctimas.

Hace poco recordamos el caso de Carolina Hidalgo, quien en 2002 resultó con la nariz fracturada, dedos marcados en el antebrazo y señas de puños y hematomas en la cara y el cuerpo, luego de una golpiza atribuida al diputado Ricardo Rincón. Esta le valió a Rincón un fallo adverso por parte de la justicia, que lo obligó a realizar un tratamiento psicológico, mismo que –según la documentación judicial del caso– nunca acreditó haber efectuado. Mientras, el Tribunal Supremo de la DC ha declarado admisible el recurso contra el diputado y este corre el riesgo de ser expulsado del partido.

Necesitamos que el proyecto que modifica y mejora la legislación en estas materias no quede sólo en las buenas intenciones de algunas autoridades y se transmita la urgencia e importancia con que merece ser tratado; porque si podemos tomar acciones desde la etapa del pololeo, seremos mucho más efectivos en la disminución de este tipo de conductas en las posteriores etapas de la relación de pareja, evitando hechos trágicos e incluso la muerte.

 

Mónica Reyes, Fundadora de Makers Liderazgo Femenino.

 

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO