Probablemente en razón de los avances en la terapia del sida, que bajaron la cuota de temor ante esta enfermedad, combinados con importantes errores cometidos en políticas públicas de salud, el cuidado ante la posible infección se ha desatendido en nuestra población, con una subsecuente alza de casos: de 2.968 diagnosticados a 4.927 entre 2010 y 2016, un aumento del 66% en los casos confirmados en jóvenes.
Publicado el 10.08.2017
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La epidemia del VIH/SIDA es una de las más complejas problemáticas de salud pública en el mundo. Lo grave de esta enfermedad, lo altamente contagiosa que resulta en sus primeras etapas y lo oneroso del tratamiento impactan cualquier sistema de salud, incluido el chileno, sin perjuicio del avance farmacológico que ha contribuido a evitar/moderar la mortalidad que hace algunos años esta enfermedad tenía.

Probablemente en razón de esos avances en la terapia del sida, que bajaron la cuota de temor ante esta enfermedad, combinados con importantes errores cometidos en políticas públicas de salud (fundamentalmente asociados con falta de información, inadecuada prevención y formación, sobre todo dirigida a la población joven y vulnerable), el cuidado ante la posible infección se ha desatendido en nuestra población, con una subsecuente alza de casos. Así, pasamos de 2.968 diagnosticados a 4.927 en el período 2010 a 2016, lo cual significa un aumento del 66% en los casos confirmados en jóvenes y estar a la cabeza de los países con más contagios en América Latina (fuentes: Corporación Sida Chile y “Ending Aids 2017”).

La creencia de que la solución a esta crisis sanitaria es el uso masivo de preservativos ha evidenciado su ineficacia: los jóvenes no recurren como se esperaba a este método profiláctico, lo cual se demuestra con el incremento paralelo de contagio por ETS en nuestro país.

Frente a tal situación, han de buscarse respuestas más eficientes, ancladas en la realidad, capaces de implementarse con premura, pero no por ello ignorantes de los estándares jurídicos y éticos que es necesario tener a la vista, por la especial situación de estigmatización y de discriminación que pueden sufrir estos pacientes, como asimismo por el compromiso vivencial que significa para ellos padecer esta grave enfermedad.

Así, a nuestro juicio, la problemática debe abordarse en dos perspectivas: información adecuada y oportuna, por una parte, y procurar un diagnóstico rápido que conduzca a un pronto tratamiento (cubierto hoy por el sistema AUGE, lo cual es clave para el acceso).

El primer punto representa una deuda no sólo sanitara, sino educacional con los jóvenes de nuestro país. Hace tiempo que no basta explicar los aspectos biológicos de la reproducción humana para considerar completa la formación de un joven, es necesario formarlo y dialogar con él sobre sexualidad responsable, los riesgos que el tema entraña y cómo éstos se pueden prevenir y evitar. Esta información debe estar también disponible para el resto de la población y fortalecerse con campañas de impacto, que tracen una ruta clara para la persona que puede haber incurrido en una conducta de riesgo.

El segundo punto nos demanda abreviar el proceso que va desde la aplicación del Test Elisa hasta la obtención de resultados de carga viral, que se extiende por más de noventa días, todo ese tiempo sin que el paciente reciba tratamiento alguno y, por ende, siendo posible que continúe contagiando a otros.

La aplicación de test caseros comprados en farmacias puede ser una medida recomendable ante la emergencia, pero con dos importantes salvedades: evitar la exposición pública del que lo adquiere –por ejemplo, derivándolo al químico correspondiente y no a la venta ordinaria– y, más importante aún, asociar el resultado positivo del test con la necesidad de realizar otros más precisos en la red de salud, entregando al usuario todas las herramientas necesarias para entender la situación, buscar ayuda cuanto antes y no desesperar ni atemorizarse.

Esta posibilidad cuenta con registros sanitarios hace más de diez años, por lo cual no representa un gran descubrimiento, sino un drástico cambio de enfoque ante una situación ineludible.

No basta dar cobertura, es necesario tomar acciones concretas de prevención y desarrollar un esfuerzo de gran envergadura por dar tratamiento a las personas contagiadas. El VIH/SIDA es hoy una enfermedad crónica, que no puede abordarse como un problema de los pacientes, sino como responsabilidad de todos.

 

Ángela Vivanco Martínez, abogada y profesora de Derecho Constitucional UC, doctora en Derecho y Ciencias Sociales para la Universidad de La Coruña, España

 

 

FOTO: MATIAS DELACROIX/ AGENCIAUNO