Este acercamiento entre China, Japón y Corea del Sur sirve como ejemplo para países en otras regiones del mundo, como Latinoamérica, donde aún persisten diferencias políticas e históricas que impiden una mayor integración.
Publicado el 08.11.2015
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Parecía casi imposible, sin embargo, la reciente cumbre tripartita en Seúl, donde se reunieron el Primer Ministro japonés, Shinzo Abe; la Presidenta surcoreana, Park Geun-hye ; y el Primer Ministro chino, Li Keqiang, demostró que estos países están haciendo un esfuerzo concreto por superar sus diferencias políticas e históricas.

Este encuentro anual de alto nivel había comenzado en 2008, pero se interrumpió en 2012 en el contexto de los crecientes roces entre estos tres gigantes del noreste de Asia. Uno de esos puntos de conflicto fue el resurgimiento de la tensión producto de diferentes disputas territoriales en la zona, como es el caso de las islas Senkaku, en manos de Japón, y que China reclama con el nombre de Diaoyu; y del archipiélago Dokdo, bajo control surcoreano, que Tokio conoce como Takeshima.

Otro aspecto fueron los fantasmas del pasado violento que involucró a estos tres países durante el siglo XX. Porque tanto la ocupación militar japonesa de la península coreana (1910-1945) como la invasión a China (1937-1945) dejaron una profunda y dolorosa huella que permanece vigente hasta hoy, en la medida que tanto Seúl como Beijing siguen considerando insuficientes los gestos que Tokio ha hecho en relación a los abusos cometidos por las fuerzas militares niponas en aquella época. Un tema que estuvo particularmente presente durante este año, en que se conmemoró el 70º Aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial.

La declaración conjunta de Paz y Cooperación en el Noreste de Asia con que cerró la cumbre puso especial énfasis en aspectos como expandir la cooperación económica, promover el desarrollo sustentable y trabajar en favor del entendimiento mutuo. Además de plantear la necesidad de futuras reuniones trilaterales en áreas específicas.

Asimismo, fue una demostración efectiva del esfuerzo por avanzar en temas comunes y limar asperezas, dejando en un carril diferente los temas que hasta ahora no se han podido resolver. Una prueba de que la política de las llamadas “cuerdas separadas” sigue vigente.

Los tres países también se manifestaron categóricamente en contra de que el régimen de Corea del Norte continúe con su programa de armas nucleares, al tiempo que reafirmaron su compromiso de avanzar en las negociaciones para concretar un próximo TLC. Señales claras de la voluntad de trabajar en favor de objetivos comunes.

En todo caso, es importante no perder de vista que este acercamiento es fruto de un gran pragmatismo, en la medida que hoy China ve comprometida su expectativa de crecimiento económico para 2016, Japón necesita una mayor presencia comercial en el mercado chino ­que le permita esquivar la amenaza de una nueva recesión, y Surcorea acerca posiciones con Japón, en cierta medida respondiendo a algo en lo que Estados Unidos ha insistido mucho, considerando que ambos países son sus principales aliados en Asia.

En ese contexto, durante la cumbre no hubo ninguna mención a la polémica presencia china en el disputado archipiélago de las Spratly, donde China está construyendo islas artificiales lo suficientemente grandes como para habilitar una pista de aterrizaje. Algo que Estados Unidos rechaza categóricamente, como lo demostró la semana pasada al enviar a dicha zona el destructor USS “Lassen”, que navegó cerca de las posiciones chinas, y la presencia del secretario de Defensa, Ashton Carter, este jueves a bordo del portaaviones USS “Thedore Roosevelt” en el Mar del Sur de China.

Este acercamiento entre China, Japón y Corea del Sur sirve como ejemplo para países en otras regiones del mundo, como Latinoamérica, donde aún persisten diferencias políticas e históricas que impiden una mayor integración. El año próximo la cumbre se realizará en Tokio y será una interesante oportunidad para evaluar los avances que se hayan concretado para entonces en el noreste de Asia.

 

Alberto Rojas M., Director del Observatorio de Asuntos Internacionales Facultad de Comunicaciones y Humanidades Universidad Finis Terrae.

 

 

 

FOTO: JAVIER SALVO/AGENCIAUNO