Sean quienes sean los gobernantes elegidos, éstos deben tener la capacidad de reconocer las señales para no repetir las malas políticas que en el pasado generaron innumerables situaciones de crisis en la región.
Publicado el 12.10.2014
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Recientemente el FMI dio a conocer sus nuevas proyecciones macroeconómicas. El organismo redujo la proyección de crecimiento 2014 para América Latina y el Caribe en siete décimas, pasando de 2% a un escuálido 1,3%. Sin embargo, este promedio esconde grandes diferencias al interior de la región. Por un lado, hay economías como Venezuela y Argentina que enfrentan una recesión, con perspectivas de que la contracción se prolongue hasta 2015. Otras, como Brasil y Chile, crecerán muy poco este año. Finalmente, economías como Bolivia y Colombia se expandirán en forma robusta, con tasas de crecimiento en torno al 5%.

Estas enormes diferencias en la región reflejan claramente que pese a que todas enfrentan un escenario internacional común, los resultados en materia económica dependen también de factores internos, y en particular de sus políticas. En efecto, en el informe del FMI se señala sobre la desaceleración de 2014 que “los factores internos también fueron importantes en varias economías dado que las restricciones de oferta y la incertidumbre con respecto a las políticas frenaron la confianza de las empresas y la inversión”.

En este contexto, Brasil y Bolivia se enfrentan actualmente a procesos eleccionarios. En Brasil, si bien la actual mandataria tiene la ventaja, la elección no está definida, en especial tras la sorpresa dada por Neves en la primera vuelta. Tras varios años de bajo crecimiento y elevada inflación, la gente tiene renovadas expectativas de que el gigante latinoamericano aumente su dinamismo y dé pasos más largos hacia el desarrollo. La expansividad del gasto fiscal poco ha hecho para generar las condiciones para un elevado crecimiento y a la vez ha generado presiones inflacionarias, deteriorando así el poder adquisitivo de las personas. Al mismo tiempo, existen expectativas de una institucionalidad más transparente, que deje atrás un pasado con diversos escándalos de corrupción.

Por su parte, Bolivia hoy disfruta de un elevado crecimiento, si bien éste se vislumbra altamente vulnerable, ya que ha dependido en forma muy importante de la bonanza de los precios de recursos naturales de la última década. De acuerdo a los últimos datos disponibles, las exportaciones están altamente concentradas en hidrocarburos (49,4% de la canasta exportadora) y en minerales (31,3%). Al mismo tiempo, los principales destinos son Brasil (30,6% de los envíos) y Argentina (17,6%). Adicionalmente, los envíos de gas natural, la principal exportación del país, van dirigidos prácticamente en forma exclusiva a estos dos países (63,9% a Brasil y 34,9% a Argentina). Esto implica una situación de elevada vulnerabilidad ya que prácticamente la totalidad de las exportaciones se concentra en recursos naturales y la mitad va dirigida a dos países con delicadas situaciones económicas: uno en recesión y otro estancado. Y lamentablemente durante el periodo de bonanza el país no generó una institucionalidad creíble que permitiese hacer frente a eventuales turbulencias ni creó las condiciones para estimular la inversión de los privados en las distintas áreas económicas.

Sean quienes sean los gobernantes elegidos, éstos deben tener la capacidad de reconocer las señales para no repetir las malas políticas que en el pasado generaron innumerables situaciones de crisis en la región. Tal como demostraron las elecciones en Brasil, el electorado tiene grandes esperanzas de mejorías, que permitan pavimentar el camino al desarrollo y el bienestar social. Para ello, necesariamente esto debe surgir de políticas macroeconómicas sostenibles, que permitan generar un crecimiento sustentable en el largo plazo, evitando así que ante la primera turbulencia, todo lo logrado se venga abajo.

 

Juan Bravo y Luis Gonzáles, Investigadores Clapes-UC.

 

 

FOTO: HANS SCOTT /AGENCIAUNO