No parece una buena idea que la oposición se sume a un acuerdo sobre la reforma educacional en el Senado sin que el proyecto de ley sea alterado de manera muy sustantiva.
Publicado el 27.10.2014
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El vértigo de los acuerdos ataca a nuestra clase política de tanto en tanto. Como todo vértigo, nubla y marea. Y ahora que el proyecto del fin al lucro, a la selección y al copago pasa al Senado, ya se empiezan a posicionar los que quieren liderar el proceso.

El problema es que tan nocivo como el “avanzar sin transar” puede ser el “transar sin avanzar”.

Es un hecho que gran parte de las reformas planteadas por el programa de Bachelet pueden ser aprobadas con sus propios votos, pero tras las oleadas de rechazo de la sociedad civil en el proyecto tributario y ahora en el educacional, la búsqueda de la foto transversal se torna casi indispensable para La Moneda. Especialmente de cara a una agenda cargada que levantará seguramente a otros sectores de la clase media.

Para el Gobierno lograr un acuerdo con la oposición para algún punto del programa presidencial de Bachelet es pura ganancia (revelador es que cuando se llegó al acuerdo tributario en el Senado, la aprobación a dicha reforma en la encuesta Cadem subió de 34% a 46% después de semanas a la baja). Pero ¿y para la oposición y su electorado? ¿Se debería sumar o no la oposición a un acuerdo educacional en el Senado?

No parece una buena idea (al menos si se circunscribe a este proyecto). Vamos por partes. El proyecto tiene tres títulos: Primero: fin al lucro. Aunque se mitiguen los efectos, se alarguen los plazos y se deje en el camino la cárcel como pena a quienes lucren, el objetivo en sí choca con la promoción del emprendimiento y libertad de enseñanza que defiende la centroderecha. Segundo: termina la selección, que también lesiona la libertad de enseñanza y la meritocracia, nuevamente valores claves de la hoy oposición. Y tercero: termina con el copago, aumentando el tamaño y poder del Estado y quitándole protagonismo a los padres, ambos temas importantes para la concepción de una sociedad libre.

Así, aunque se puede hacer control de daños mediante un acuerdo para evitar algunos cierres o compensar adecuadamente la merma para los alumnos que ya no podrán sumar el copago a su subvención, entre otras cosas, no se podrá jamás transformar este proyecto en algo positivo, ni siquiera medianamente aceptable, porque sus tres objetivos centrales nada tienen que ver ni con la calidad de la educación ni con el respeto a las opciones de los padres, que es precisamente lo que la centroderecha ha instalado correctamente como su eje en este debate.

Si se va a transar debe ser para avanzar, y esto último no va a pasar a menos que se borre cada una de las frases del proyecto y se reemplacen por una propuesta de carrera docente competitiva, más atribuciones para los directivos y un fuerte acento en los primeros años de formación. Sólo entonces sentarse a la mesa supondrá un avance. 

 

Marily Lüders, Foro Líbero.

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO