¿Venezuela podría acabar siendo expulsada de la OEA? Sí, es posible. O al menos, hoy existe un escenario político regional que podría permitir que eso ocurriera. La pregunta es qué efecto real podría tener eso en el gobierno de Maduro y si acaso eso no acabaría agravando aún más la situación en este país.
Publicado el 04.06.2016
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La decisión adoptada por Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), de invocar la Carta Democrática para convocar a una reunión urgente con el objetivo de tratar la situación de Venezuela es, sin duda, un claro punto de quiebre con el pasado de esta institución. Pero también un duro golpe al régimen encabezado por Nicolás Maduro.

La Carta Democrática fue aprobada por unanimidad en septiembre de 2001 en una sesión especial de la Asamblea de la OEA en Lima y es el instrumento de esta organización para proteger la democracia en la región.

Desde entonces, ha sido invocada en 10 oportunidades, siendo las más recordadas el fallido intento de derrocar a Hugo Chávez (2002) en Venezuela y el golpe de Estado que depuso a Manuel Zelaya en Honduras (2009).

En ese sentido, la Carta Democrática, en todos esos casos, había sido activada por un Estado o con la autorización de un Estado. Pero Almagro, al apoyarse en el artículo 20 de la carta, se transforma en el primer secretario general de la OEA en tomar la iniciativa.

De esta forma, la decisión de Almagro le permite convocar a una “sesión urgente” del Consejo Permanente, que deberá realizarse entre el 10 y 20 de junio. Un plazo que se superpone a la Asamblea General de la OEA, que se desarrollará entre el 13 y 15 de este mes en República Dominicana.

En dicha reunión, los integrantes del Consejo Permanente deberán pronunciarse acerca de la iniciativa de Almagro y se necesitan los votos de 18 de los 34 miembros para activar la Carta Democrática. Y, de aprobarse, se iniciarán las gestiones para normalizar la “crisis institucional” —tal como Almagro lo definió en su informe de 132 páginas— que afecta a Venezuela.

Pero si eso no ocurre, la Asamblea General podría llegar a imponer sanciones e incluso aprobar la suspensión de Venezuela de la OEA, para lo cual se requieren 24 votos. Y que fue lo que ocurrió con Honduras en su momento.

La relación entre Maduro y Almagro no es nueva. Ambos fueron ministros de Relaciones Exteriores durante los respectivos gobiernos de Hugo Chávez y José Mujica. Y cuando el ex canciller uruguayo asumió su actual cargo en la OEA, en marzo de 2015, el gobierno venezolano celebró públicamente su nombramiento.

Sin embargo, el distanciamiento comenzó en octubre del año pasado, cuando Almagro recibió en la OEA a las esposas de los líderes opositores venezolanos encarcelados Leopoldo López, Daniel Ceballos y Antonio Ledezma.

Al mes siguiente envió una carta al Consejo Nacional Electoral Venezolano manifestando sus reparos con la organización de las elecciones parlamentarias de diciembre (en las que la oposición finalmente obtuvo el control de la Asamblea Nacional). E incluso se mostró a favor de la Ley de Amnistía con la que se buscaba liberar a los líderes opositores.

Sin embargo, el choque definitivo se produjo en mayo pasado, cuando Maduro acusó a Almagro —quien había apoyado la realización del referéndum revocatorio— de ser un agente de la CIA y lo trató de traidor. Frente a eso, el secretario general descartó dicha acusación y le respondió afirmando que “negar la consulta al pueblo, negarle la posibilidad de decidir, te transforma en un dictadorzuelo más, como los tantos que ha tenido el continente”.

De esta manera Almagro se distancia de su predecesor, José Miguel Insulza, quien durante los 10 años que estuvo a la cabeza de la OEA (2005-2015) nunca apeló al artículo 20. Y que a pesar de haber protagonizado importantes roces con el gobierno venezolano —como en 2008, cuando Chávez dijo que Insulza era “un verdadero pendejo” y exigió su renuncia—, nunca llevó a la OEA hasta un escenario como el actual.

De todos modos, no será fácil para Almagro obtener los 18 votos que necesita. La mayoría de los miembros de la OEA ha actuado con cautela, como lo demostró la sesión realizada el miércoles, en que los embajadores debatieron durante más de 10 horas sobre este tema. Y solo llegaron a una declaración que pide “un diálogo abierto” en el tema venezolano.

¿Venezuela podría acabar siendo expulsada de la OEA? Sí, es posible. O al menos, hoy existe un escenario político regional que podría permitir que eso ocurriera. La pregunta es qué efecto real podría tener eso en el gobierno de Maduro y si acaso eso no acabaría agravando aún más la situación en este país.

 

Alberto Rojas M., Director Observatorio de Asuntos Internacionales, Facultad de Comunicaciones y Humanidades, Universidad Finis Terrae.

 

 

 

FOTO: VÍCTOR SALAZAR M. /AGENCIAUNO.