En Chile la respuesta ha sido casi unánime, y desde la centroderecha hasta la izquierda democrática sólo se escucharon palabras de repudio al proceso constituyente impuesto por Nicolás Maduro. Desgraciadamente, dos instituciones ligadas a las nuevas generaciones no sólo no condenaron al régimen chavista, sino que, por el contrario, lo defendieron: la Confech y Revolución Democrática.
Publicado el 02.08.2017
Comparte:

El domingo pasado se realizó la votación para la nueva Asamblea Nacional Constituyente que impulsó el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Estuvo precedida de un gravísimo clima de violencia política, que en los últimos meses cobró la vida de más de cien manifestantes en todo el país. La oposición se restó del proceso constituyente y, a contar de esta semana, Venezuela tendrá un Parlamento exclusivamente oficialista sin el reconocimiento de los opositores ni de parte importante de la comunidad internacional.

Lo ocurrido en Venezuela no es sorpresa. El régimen de Maduro abdicó hace tiempo de guardar siquiera las formas de una democracia, intentando sobrevivir por la fuerza y culpando al imperialismo yankee y a la oposición burguesa por los males de su nación. Pese a ello, 19 países aseguraron no reconocer o pidieron desestimar la Asamblea Constituyente, y en el continente ésta sólo fue respaldada por Bolivia, Nicaragua, Cuba, Ecuador y El Salvador. Respecto a China y Rusia, los otros aliados del régimen bolivariano, sólo el Gobierno de Putin solicitó “que no intervengan actores externos” en la situación venezolana, según informó El País de España.

En Chile la respuesta fue casi unánime. Desde la centroderecha hasta la izquierda democrática sólo se escucharon palabras de repudio al proceso impuesto por Maduro. Desgraciadamente, dos instituciones ligadas a las nuevas generaciones no sólo no condenaron al régimen de Maduro, sino que, por el contrario, lo defendieron.

Por un lado, la Confech, arrogándose la representación de todos los estudiantes de Chile, declaró que el proceso bolivariano “ha entregado dignidad y garantizado derechos a las grandes mayorías venezolanas” y que debe enfrentar los “dictámenes del imperialismo promovido por Estados Unidos”. En una línea similar, Revolución Democrática se niega a calificar al régimen de Maduro como una dictadura y habló de una “democracia procedimental”. La primera elige la obsecuencia total con Caracas, llegando a desconocer la realidad con tal de justificar lo injustificable y defender un proyecto político que colapsa; la segunda hace gala de un doble estándar, pues al leer su declaración no queda claro si apoya al pueblo venezolano o si respalda abiertamente al Gobierno y sus abusos. Lo que sí queda claro es que ambos han sido incapaces de denunciar la actual situación, atrapados en una red de ideología y nostalgia.

Venezuela se encuentra en crisis y el culpable es el proyecto del socialismo del siglo XXI. Lamentablemente, algunos actores internacionales tardaron demasiado en denunciar los abusos del régimen avista, sólo porque su origen fue en democracia, con elecciones libres. Pero la democracia no puede ser solo la forma de elegir a las autoridades, reduciéndola a una herramienta procedimental. La democracia debe ser un forma de organizar la comunidad política, donde la dignidad de la persona y sus derechos esenciales estén en el centro de la acción del Estado y sus instituciones.

En estos difíciles momentos, todos quienes creemos en la primacía de la persona tenemos el deber histórico de denunciar con fuerza a un Gobierno que no duda en vulnerar los derechos de sus ciudadanos, y que ya no esconde tras una careta democrática su afán de poder absoluto sobre las vidas de los venezolanos.

 

Julio Isamit, coordinador político de Republicanos

 

 

FOTO: ALEJANDRO ZOÑEZ/AGENCIA UNO

 

Ingresa tu correo para recibir la columna de Julio Isamit