Las naciones de América Latina enfrentan su más delicado reto en la historia que consiste en evitar que en Venezuela se entronice la raíz de una nueva Guerra Fría multisectorial: económica y política.
Publicado el 11.06.2018
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Venezuela está aislada y a la deriva. Los pasajeros, ciudadanos secuestrados por una banda de criminales confesos, hoy piden ayuda. Es una situación inédita en el tejido socio cultural y político de la comunidad internacional. La intervención humanitaria ya no es una posibilidad, es un clamor de la sociedad decente.

En Venezuela no existen posibilidades institucionales para detener lo que se puede convertir en una desgracia regional. Las naciones de América Latina enfrentan su más delicado reto en la historia que consiste en evitar que en Venezuela se entronice la raíz de una nueva Guerra Fría multisectorial: económica y política. Es insoslayable que cada estado decente de América y el mundo ordene a los representantes diplomáticos de Maduro retirarse de inmediato. Apliquen medidas económicas contra la dictadura y congelen los bienes de ministros y viceministros cuyas cuentas engordan en varias naciones latinoamericanas. Maduro ha dado muestras de destrucción; si no lo detienen, destruirá lo que queda de ese barco a la deriva que se llama Venezuela, pero en su camino podría dejar una herida inolvidable en el tejido de la historia latinoamericana. Debe ser detenido por la comunidad internacional de inmediato. Un titubeo en la toma de decisiones podría ser muy tarde para la paz del continente.

Más de 18 millones de venezolanos, representados en el 85% de la población con capacidad de ejercer el voto, mantuvieron el pasado domingo 20 de mayo un silencio de protesta frente al mega fraude electoral realizado por la hoy consolidada dictadura de Nicolás Maduro. Los resultados este 5 de Junio sobre la eventual suspensión de Venezuela como miembro de la OEA -19 votos a favor, 4 en contra y 11 abstenciones- son una demostración clara de la convicción democrática de las naciones latinoamericanas que exigen con este acto que se restituya el ejercicio de las libertades políticas para que el pueblo elija verdaderamente a quien dirija los destinos de los venezolanos. Lejos de ser un acto injerencista, como invocan los jerarcas de la dictadura, es una obligación consagrada en la misma Carta de la Organización y en la Carta Democrática aprobada en Lima en el 2001.

Aplaudo las recientes medidas tomadas por la administración del Presidente de Estados Unidos Donald Trump que limita al régimen de Nicolás Maduro la venta de deuda y activos públicos en territorio estadounidense, y las recientes declaraciones del Grupo de Lima y del Canciller de Chile Roberto Ampuero de no enviar embajadores a una nación que le ha dado la espalda a la Democracia. La respuesta en la OEA del canciller Ampuero a los improperios de su homólogo defensor de la dictadura venezolana Jorge Arreaza son demostración de la hoja de ruta seguida por la diplomacia chilena en defensa de la democracia latinoamericana. Lo inmediato sería exigirle al representante de Maduro en este país abandonar el territorio por respeto a las miles de familias desplazadas de sus hogares y que han encontrado alivio en esta noble nación.

Luis Manuel Marcano Salazar, académico de la Facultad de Derecho y Gobierno de la Universidad San Sebastián