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Publicado el 13 de enero, 2018

Vencer y convencer

Cuando los rivales utilizan tu lenguaje y dan tus peleas, no sólo venciste, convenciste. Y ése es un desafío fundamental para el gobierno que viene: no sólo conformarse con un buen triunfo electoral, sino instalar su visión de mundo en la discusión nacional.
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La política se mueve en dos campos. Por una parte, está el electoral, caracterizado por la necesidad de imponerse a los rivales en las distintas contiendas que caracterizan la democracia. El objetivo es vencer, lo que en nuestro sistema se logra obteniendo más votos que los rivales. El vencedor logra más escaños o cargos, y puede ejercer las competencias que vienen aparejadas a esos escaños o cargos.

Pero hay otro campo sin el cual esta idea de vencer queda incompleta. Se trata de instalar las ideas propias en la discusión, de modo tal que los demás participantes de la política y la sociedad se muevan en los ejes que propuso algún conglomerado. Lo llamamos convencer. Este campo, de contenido simbólico, no siempre va de la mano con el factor electoral. Puede ser que alguien venza y no convenza, o viceversa. Por esto, las victorias o derrotas electorales requieren de una lectura un poco más profunda para ver si son completas, logrando convencer al electorado.

Se trata de una distinción importante, toda vez que el poder necesita de ambos campos para ser ejercido en plenitud. No es suficiente con ganar en las urnas: también se deben instalar las propias ideas en el modo de pensar de la ciudadanía. ¿Cómo pasa esto? Bachelet nos dio un ejemplo de cómo perder y convencer, porque gran parte del gobierno de Sebastián Piñera se moverá en los ejes que instaló la Nueva Mayoría, como la gratuidad universal, la reforma a las pensiones o la reforma constitucional.

El propósito de convencer se logra fundamentalmente a través de símbolos: signos que representan ideas más abstractas y que trascienden al mero signo. Pensemos, por ejemplo, en la paloma blanca que representa la paz, o en la cruz cristiana. Las reformas, de alguna manera, son símbolos políticos que revelan más profundamente el pensamiento de un sector. De ahí que las prioridades del gobierno serán las claves según las cuales podamos entender bien cómo piensa el país la centroderecha.

Y dentro de la centroderecha también se da esta tensión entre vencer y convencer. Está pasando en la UDI, en la cual la directiva no ha sido capaz de sobrellevar la diferencia interna, provocada por la contienda entre Jacqueline Van Rysselberghe y Jaime Bellolio. En este caso, la directiva de JVR venció, pero le está costando convencer, toda vez que la “nueva izquierda” -que para ella no existía- está fagocitando el cadáver de la Nueva Mayoría, convirtiéndose en un actor cada vez más relevante en la discusión nacional. Por otra parte, la presidenta de la UDI ofrece la declaración de principios del partido como víctima sacrificial para un nuevo orden. Y es justo hacer notar que ese cambio fue una de las propuestas fundamentales de Bellolio y su lista.

Cuando los rivales utilizan tu lenguaje y dan tus peleas, no sólo venciste, convenciste. Y ése es un desafío fundamental para el gobierno que viene: no sólo conformarse con un buen triunfo electoral, sino lograr que su visión de mundo se instale como eje rector de la discusión nacional.

 

Rodrigo Pérez de Arce, Cultura, Fundación para el Progreso

 

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

 

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