El líder de Fuerza Pública tendrá más dificultades para conquistar los votos de su “domicilio” que los de la centroderecha.
Publicado el 03.09.2014
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Cuando muchos discuten acerca de cuándo y por qué comenzó la desaceleración económica que el país está viviendo, es necesario tener en consideración que la misma, en gran parte, se debe también a la desaceleración política que está afectando al Gobierno.

Una manifestación clara de esta última realidad, es la aparición en la agenda pública de la próxima campaña presidencial, con una anticipación de la que no se tiene recuerdo y que, curiosamente, aparece promovida torpemente por el mismo Gobierno.

Es la desaceleración política la que está abriendo espacio para que tanto Andrés Velasco, Sebastián Piñera, ME-O e incluso, el ex presidente Lagos entraran al ruedo.

La duda que surge es si este período excesivamente prolongando permite sostener con éxito una candidatura presidencial. La experiencia indica que es muy difícil mantenerse en carrera durante cuatro años, más aún con un nivel de presencia pública como la que ha tenido Velasco estos meses.

Es necesario reconocer que Velasco ha sabido aprovechar tanto la desaceleración política del Gobierno como también el espacio dejado por la carencia de liderazgos claros y contundentes de la oposición. Esto, sin duda, está generando preocupación en ambos sectores.

Así se explica que Nueva Mayoría le exija fijar su “domicilio político”, que no es más que una forma retórica de pedirle que vuelva al redil, donde observan con preocupación que sus más probables candidatos no agarran el vuelo que se esperaba y, en algunos casos, más bien aterrizan o van cayendo de porrazo en porrazo.

Mientras tanto, Velasco aparece mejor posicionado en las encuestas y, en algún momento, tarde o temprano, lo pueden necesitar. Podrá criticar las decisiones y la gestión del Gobierno, no pensará igual en materia económica, pero, con el sentido del poder que siempre ha caracterizado a la antigua Concertación -que en esto no se pierde-, todo es accesorio cuando se trata de ganar una elección y mantenerse en La Moneda.

Además de la dificultad de sostener una presencia pública prolongada sin sufrir desgaste, la campaña de Velasco requiere mejorar sustancialmente su transversalidad social, abriéndose a públicos que lo deben consideran un candidato de elite. Partiendo por el foco y las prioridades de los temas, hasta reperfilarse como más cercano, sin confundir estadista con académico o erudito, demostrando capacidad de escuchar y, por lo mismo, dejando de aparecer como una suerte de “llanero solitario”.

Por ahora, todo indica que tendrá más dificultades para conquistar los votos de su “domicilio” que los de la centroderecha. Algunos sectores de derecha aún lo ven demasiado liberal como para votar por él, sin considerar que lo más probable es que varios de los temas en que hoy topan y los distancian, seguramente estarán resueltos legalmente para la próxima elección. Y, más aún también deben admitir que, en la última presidencial, el 75% de los chilenos (acudieran o no a votar) ya eligió un gobierno en cuyo programa se considera aprobar el aborto.

También existen algunos aspectos que no dependen de la campaña de Velasco, pero cuyos escenarios deberán anticipar. Uno se refiere a la duda respecto a cuánto, efectivamente, cambiará la política en nuestro país en los próximos años. Si continúa como hasta ahora, cualquier candidatura que quiera tener éxito requerirá de operadores políticos, maquinaria y estructura a lo largo del país, porque con voto voluntario el “acarreo” será indispensable.

Y, por otro lado, está pendiente saber cómo será el nuevo sistema electoral de los parlamentarios. Si, finalmente, se aprueba el proyecto que en la actualidad se discute en el Congreso, las probabilidades de Velasco se verán seriamente melladas frente a los partidos y sus candidatos. El traje está haciéndose a la medida de los que comparten el mismo “domicilio político”.

Todo lo anterior, no son más que hipótesis, escenarios más o menos probables, pero sabiendo que en política, a tan largo plazo, cualquier cosa puede ocurrir. El ejemplo de estas últimas semanas en Brasil así lo confirma una vez más.

 

FOTO:VICTOR PEREZ/AGENCIAUNO