La salida no está en los bloques tradicionales de la política chilena de los últimos 25 años. Chile cambió.
Publicado el 15.09.2016
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Partamos con una definición. Por centro izquierda me refiero a todo ese amplio sector de raíz social cristiana y socialdemócrata que gobernó por 20 años seguidos en el periodo de mayor progreso que jamás haya visto Chile en su historia y lo hizo en forma notable.  Liderada por cada uno de sus tres Presidentes y una Presidenta, la Concertación puso a Chile en otro nivel de desarrollo económico, social e institucional.

Gobernó con astucia, sensatez, moderación, construyendo desde donde nace, esto es desde las bases económicas que venían de la dictadura, con el apoyo también, es justo reconocerlo, de sectores de derecha que lograron salir de la burbuja en que se encontraban y pudieron levantar su velo de inconsciencia y verse a sí mismos actuando en las reglas de la democracia. Fueron cayendo uno a uno los enclaves autoritarios concebidos en el régimen pinochetista, precisamente porque no creían en la democracia. Desde el ejercicio de enlace hasta el ridículo servilletazo en la época del Presidente Lagos, pasando por el boinazo y los pinocheques, las Fuerzas Armadas y de Orden se pusieron de nuevo al servicio de todo el país, subordinadas, y hoy se encuentran entre las instituciones más prestigiadas.

La Concertación dejó sin argumentos a quienes pensaban que el progreso económico y social sólo podía lograrse con menos libertades políticas, tesis algo injustamente atribuida a Hayek y muy correctamente propia de Bolívar. De lado y lado se equivocaron tanto los autoritarios de derecha como los populistas de izquierda.

Pero los ciclos se cumplen y el de la Concertación terminó. Se dejó estar en el diseño de buenas políticas públicas, ejemplos son el crédito con aval estatal original y el Transantiago. Emergió la corrupción después de tantos años en el poder. Pero, definitivamente, la Concertación dejó de existir cuando el eje del poder en su interior pasó desde el sector de centro izquierda a la izquierda refundacional que creyó encontrar la interpretación del nuevo Chile que emergió de los movimientos sociales del año 2011. Se equivocaron de diagnóstico. No era eso lo que quería la gente. El fracaso del modelo refundacional deja al país en la encrucijada, pues ese bloque de centro izquierda moderado está en la encrucijada.

La encrucijada consiste en que sus líderes piensan que es posible la restauración de su hegemonía al interior de la Nueva Mayoría. Que la gente añora el pasado glorioso de la Concertación. Que es cosa de recurrir a sus figuras gloriosas de esa época. Que el problema es de personas. No es así.

La Nueva Mayoría es un bloque inviable para gobernar porque el quiebre en su interior es un quiebre definitivo de ideario, de visión, de programa. No puede ofrecer un programa coherente de gobierno porque en su interior no existe un programa común. Ese quiebre existe al interior de cada uno de los partidos de la otrora Concertación y la fractura es total.

¿Cuál es el sentido de seguir intentando acuerdos cupulares entre quienes no debieran estar juntos en una misma coalición? ¿Sólo la mantención del poder? Quizá puedan volver a ganar una elección, ¿pero podrán gobernar para llevar a Chile a un nuevo nivel de desarrollo, encuentro e inclusión social? Sin ideario común ello es imposible.

El dilema del sector de centro izquierda está en ese difícil acto de desprenderse de la ilusión de la restauración de su gloria pasada, desprenderse de los jóvenes que con caras nuevas ofrecen recetas viejas. Darse vuelta y mirar hacia un nuevo bloque de centro político para Chile.

Acaba de caer el último de los enclaves autoritarios, el sistema binominal, lo que permite que emerja esa nueva alianza política para Chile. Socialcristianos, socialdemócratas y liberales tienen una muy buena chance de interpretar lo que la gente busca. Reencuentro, tranquilidad en la vejez, progreso, crecimiento, empleo, libertad para elegir y contribuir en el proyecto educacional de calidad para sus hijos, verdadera inclusión, libertad para emprender, diversidad y tolerancia, castigo a los abusos privados, depurar a los corruptos de la administración pública, seguridad, una calle sin delincuentes, atención y cobertura de salud pública digna, justicia, el imperio de la ley igual para todos. La salida no está en los bloques tradicionales de la política chilena de los últimos 25 años. Chile cambió, urge una nueva alianza de gobierno.

 

Patricio Arrau, Ph. D. Economía, Universidad de Pennsylvania, consejero y vicepresidente Ciudadanos e investigador Asociado .Plural.

 

 

 

FOTO: RAUL ZAMORA/AGENCIAUNO.