Propongo extender la gratuidad para el estudiante desde el 4º Medio escolar hasta el segundo año de educación superior, tanto en el área técnico-profesional como en el área científico humanista. En las universidades esto tendría que ir atado a una reforma curricular que contemplara en dos años un grado académico, por ejemplo bachiller. En los siguientes dos o tres años, ya no gratuitos ni obligatorios, y previo paso por un sistema de admisión universal, los estudiantes universitarios podrían acceder al grado de licenciado y a un título profesional en la mayoría de las disciplinas.
Publicado el 30.04.2018
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El debate sobre gratuidad en educación superior se podría haber aprovechado para reflexionar sobre el sistema universitario que tenemos, en cuanto a la forma en que se dictan las carreras y se otorgan los títulos y grados. Esto, por supuesto, también toca a los currículos y sus contenidos.

En efecto, considerando el costo para el Estado que conlleva la gratuidad tal y como se consagró en la nueva ley de educación superior –hasta el sexto decil (sobre los US$ 1.200 millones anuales) y aumentando la cobertura muy gradualmente en la medida que el país crezca– hace un par de años propuse una fórmula diferente.

La idea era extender la oferta de educación subsidiada por el Estado –y gratuita para el estudiante– desde el 4º Medio escolar hasta el segundo año de educación superior, tanto en el área técnico-profesional como en el área científico humanista. En el caso de las universidades, esto tendría que ir atado a una reforma curricular que contemplara que, en dos años, el alumno consiguiera un grado académico, por ejemplo bachiller. En los siguientes dos o tres años, ya no gratuitos ni obligatorios, y previo paso por un sistema de admisión universal, los estudiantes universitarios podrían acceder al grado de licenciado y a un título profesional en la mayoría de las disciplinas.

En ese esquema, tal como sucede hoy con la educación escolar, los proveedores podrían ser estatales o privados en igualdad de condiciones y sujetos a una regulación que asegure una calidad mínima de la oferta. Ello no excluye, por cierto, que existan universidades que sean 100% privadas, en términos de que cobren por los dos primeros años y no suscriban a la gratuidad.

En ese esquema, tal como sucede hoy con la educación escolar, los proveedores podrían ser estatales o privados en igualdad de condiciones y sujetos a una regulación que asegure una calidad mínima de la oferta”.

El costo fiscal en régimen de la propuesta estaría en el rango de US$ 800 a 900 millones por año, cifra que es entre 200 y 300 millones de dólares inferior a la que contempla la nueva ley. Diferencia que crece si agregamos la gratuidad hasta el 9° decil en educación técnico profesional que está implementando el actual gobierno y, además, el incremento en los aportes basales a las universidades del Cruch. Con ello se dispondría de “ahorros” para destinar a becas para alumnos vulnerables y meritorios, de modo que puedan avanzar hasta los cuatro o cinco años de estudios que conlleva una licenciatura o una carrera profesional.

Pero más allá de los recursos, lo importante es que el foco es diferente. Se trata de universalizar el esquema de bachilleratos que tienen algunas universidades, como la PUC, para dar paso a una formación más integral del alumno en esos dos primeros años, abandonando el sesgo profesionalizante que hoy exhiben las carreras universitarias desde muy temprano, acercándose a la inspiración de la Declaración de Bolonia en Europa. Permite, además, que los currículos de bachillerato resalten las tecnologías de información y el desarrollo de competencias “blandas”, cada vez más demandadas en la economía global, así como el lenguaje y las matemáticas. Finalmente, los dos primeros años podrían ser considerados también un remedial a la baja calidad de la educación escolar –por lo menos mientras ésta mantenga tal condición–, toda vez que los programas serían dictados por universidades con docentes bien preparados y en una etapa de mayor madurez de los estudiantes.

 

Felipe Morandé, #ForoLíbero

 

 

FOTO: YVO SALINAS/AGENCIAUNO