“No dejes que la verdad arruine una buena historia”, solían repetir algunos periodistas veteranos. Quién iba a pensar que en La Moneda se iban a adueñar de ese lema tan impresentable.
Publicado el 23.08.2017
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Como la Presidenta Bachelet reconoció que no todos los días tiene tiempo para leer la prensa, ignoraba que su reforma al sistema de pensiones podría dejar sin trabajo a 400 mil chilenos, lo que resulta bastante curioso, considerando que éste es un cálculo realizado por técnicos de su propio Gobierno. Bachelet no lee el diario ni muestra interés por prever el impacto de sus medidas.

Tampoco se informa sobre las consecuencias que tienen sus reformas en el bienestar de los chilenos, la tasa de crecimiento, el desempleo o las remuneraciones, pero sigue echándole gasolina a la retroexcavadora, con audacia y con el mismo exceso de confianza con que asegura, sin datos ni estadísticas, que este Gobierno ha sido mejor que el anterior. Lo dice con toda naturalidad, en la misma entrevista radial en la que confirma su desconocimiento matinal: este Gobierno ha sido más bueno que el de Piñera… pero no sé lo que está pasando en Chile porque hoy no he visto las noticias.

Ya sea por su falta de tiempo o por una percepción selectiva muy aguda, la Presidenta parece desinformada de los acuciantes problemas que han copado las portadas de los diarios en los últimos días. Parece una certeza que no leyó la prensa financiera cuando el Banco Central difundió las cifras de crecimiento económico del primer semestre, las que demuestran que el PIB chileno apenas aumentó en 0,5%, una cifra paupérrima para un país que tuvo un crecimiento promedio del 5,3% desde la recuperación de la democracia hasta que ella asumió por segunda vez. Por cierto, Chile creció muchísimo más con Piñera (5,2% en promedio), lo que nos permitió alcanzar el PIB per capita más alto del continente y registrar los menores niveles históricos de pobreza e indigencia.

Bachelet tampoco debe haber leído la prensa económica cuando las agencias calificadoras de riesgo rebajaron la excelente nota crediticia que teníamos, lo que nos permitía pagar bajas tasas de  interés, y seguramente tampoco supo que la inversión extranjera cayó en 2016 por segundo año consecutivo, desplomándose un 40%, siendo superados sólo por los argentinos en este ranking tan indecoroso de la Cepal.

Podemos asumir que la Presidenta tampoco leyó el informe de la comisión del Ministerio de Salud que cuantificó el número de muertos en listas de espera en los hospitales, pues la cifra es escalofriante. En efecto, 15.600 personas fallecieron sin ser atendidas, y debemos asumir que ella no sabía eso, pues de otro modo no entenderíamos cómo se jacta de lo bien que lo está haciendo.

Asimismo, es posible deducir que la Presidenta no vio las noticias este fin de semana, cuando se informaba del violento atraco sufrido por el animador Rafael Araneda, ni ha escuchado las vergonzosas recomendaciones esgrimidas una vez más por el Gobierno de Estados Unidos, donde se expone lo que todos los chilenos percibimos diariamente: que “la delincuencia callejera, los portonazos, las estafas telefónicas y las invasiones residenciales son comunes, especialmente en Santiago, Valparaíso, Antofagasta, Calama e Iquique”. Textual. Por algo la victimización de los hogares ha subido cuatro puntos porcentuales bajo esta administración, lo que quiere decir que uno de cada cuatro ha sido víctima de un delito de robo con violencia o intimidación, convirtiendo esto en una verdadera lotería: ayer le tocó a Pinilla, Massú y al Rafa Araneda. Mañana me tocará a mí o a mi vecino. Y como Bachelet tampoco ha condenado en su cuenta de Twitter los últimos atentados terroristas de La Araucanía, aunque sí está muy enterada de la violencia que sufren en París o Barcelona, también podemos pensar que no sabe que en el sur siguen quemando camiones por decenas.

Pese a todos los datos irrefutables que demuestran lo contrario, la Presidenta dice que estamos mejor y no tiene dudas al respecto. Ella de verdad cree que ha mejorado la calidad de vida de todos chilenos y nadie la convencerá de lo contrario. Qué más le da, entonces, lo que digan los diarios. “No dejes que la verdad arruine una buena historia”, solían repetir algunos periodistas veteranos. Quién iba a pensar que en La Moneda se iban a adueñar de ese lema tan impresentable.

 

Ricardo Leiva, doctor en Comunicación

 

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO