El Gobierno no entiende que su relato y sus propuestas han socavado la confianza en el progreso del país.
Publicado el 02.09.2014
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Es muy poco probable que las autoridades de gobierno logren estructurar un plan para reactivar nuestra alicaída economía, si el diagnóstico que ellas hacen de las razones de la desaceleración es incorrecto. Si un niño comienza a tener dificultades académicas y conductuales en el colegio producto de que percibe que la relación de sus padres se ha deteriorado, es poco probable que el niño mejore su situación si la mamá le agrega un paquete de ramitas a la colación diaria.

La economía chilena muestra evidentes signos de una desaceleración mucho más pronunciada de lo que puede explicarse por los factores externos que están influyendo negativamente a otros países emergentes. La inversión en Chile completó en junio cuatro trimestres consecutivos de contracción y la magnitud de la caída es la más alta de todos los países latinoamericanos, con la única excepción de Venezuela. El crecimiento de la economía reportado por el Banco Central para el segundo trimestre de este año fue de tan sólo 1,9%, menos de la mitad de lo que la economía crecía sólo hace un año y más bajo que el crecimiento del primer trimestre de este año. Con estos datos, se ha cumplido la predicción del ministro de Hacienda al asumir la conducción de la economía en marzo pasado, de que la economía chilena iría de menos a más, pero no en el sentido de la predicción del ministro. La economía chilena ha ido de menos a más, pero de menos desaceleración a más desaceleración.

Hasta ahora las autoridades no han querido reconocer que sus propuestas de políticas públicas son en parte responsables de la desaceleración. El crecimiento económico es la excepción y no la regla en la historia de nuestra civilización. Si se entendiera bien esta reflexión, probablemente podríamos aspirar a moderar significativamente las pretensiones refundacionales de este gobierno. La observación de los datos históricos de crecimiento en el mundo muestra que éste fue prácticamente inexistente hasta el siglo XVIII, y que aun en los últimos 300 años en que sí ha habido crecimiento, este ha estado concentrado en un puñado de naciones que han sido la excepción y no la norma entre los más de 200 países que contamos hoy en nuestro planeta. La historia nos enseña cuán frágil es el arreglo institucional y social que permite que algunos seres humanos se pongan de acuerdo para cooperar y crear riqueza, versus la mayoría de los hombres y mujeres que han habitado este planeta, que históricamente ha preferido utilizar sus energías para arrebatarle a otros seres humanos parte de lo que les pertenece como forma primaria de mejorar el nivel de vida propio.

Este gobierno hizo campaña, se eligió y se instaló con la convicción errada de que el progreso material y el crecimiento económico estaban dados, que son la norma y no la excepción. Esa convicción le dio el coraje para impulsar, casi simultáneamente, una reforma tributaria que reduce significativamente los incentivos al ahorro y el retorno de las inversiones; una reforma educacional que deslegitimiza el esfuerzo de padres y emprendedores que durante los últimos 20 años han aportado miles de millones de dólares para mejorar la educación en Chile; una reforma laboral que aumentaría significativamente los costos y los riesgos de quienes ofrecen oportunidades de empleo a quienes no las tienen; una reforma constitucional que, en palabras de la ministra secretaria general de la presidencia, pretende relativizar los derechos de propiedad porque en la actual constitución se les habría dado demasiada importancia; una reforma que despojaría a los trabajadores de la libertad para utilizar el 7% de su sueldo que la ley les exige separar para gastos de salud; una iniciativa para terminar con el sistema de concesiones que permite utilizar el capital financiero de empresas privadas para ampliar y mejorar la infraestructura del sector de la salud, etc.

Todas y cada una de estas iniciativas debilitan ese delicado engranaje de confianzas e incentivos que requieren los seres humanos para arriesgar lo propio, lo concreto y cooperar con otros seres humanos sobre la base de la expectativa de que dicho esfuerzo será compensado con los frutos de la cosecha futura. Cada una de las propuestas anteriores es, por lo tanto, anti crecimiento y corresponde a un pequeño subconjunto de decenas de decisiones que se toman a diario en cada repartición del Gobierno sobre el mismo diagnóstico errado de cómo funciona, y de lo frágil que es en la práctica, la cooperación entre los habitantes de cualquier sociedad para producir progreso y crecimiento.

El Gobierno no parece entender que su relato y sus propuestas son los responsables de haber socavado la confianza en el progreso futuro del país y que un paquete de ramitas o, lo que es igual, adelantar el aguinaldo de Fiestas Patrias para los jubilados no va a hacer que las cosas mejoren.

FOTO: PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA

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