Por un lado tenemos al ministro Valdés afirmando que contaremos con menos recursos de los estimados, y por el otro al resto del gobierno planteando proyectos que siguen comprometiendo recursos -que no tenemos- a destajo.
Publicado el 29.01.2016
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A estas alturas ya no sólo tropezamos con la misma piedra, sino que hasta pareciera que la acomodamos a propósito para asegurarnos de volverla a pisar una y otra vez.

Nada hemos aprendido de nuestros errores.

Ya sobreestimamos el crecimiento y el precio del cobre el año pasado, y vamos camino a repetirlo este año, aunque afortunadamente el ministro de Hacienda ya adelantó que hará una corrección a la baja.

Ya comprometimos recursos que no teníamos y terminamos con un déficit mayor al esperado. Hoy haremos lo mismo, seguiremos emitiendo bonos e incluso retiramos la promesa de llegar a un balance estructural en 2018.

Ya aprobamos reformas en forma express con malos resultados, y vamos camino a repetir la fórmula.

Después del bochornoso episodio ocurrido con la reforma tributaria, aprobada pese a las múltiples críticas que generó en su momento y que al poco andar requirió de una “reforma a la reforma”, hoy veo con preocupación que se insiste en imponer una agenda legislativa cuyos tiempos escapan a toda lógica. Resulta prácticamente imposible que se pueda desarrollar un debate informado, se evalúen minuciosamente sus posibles impactos y se establezca de manera certera si terminarán teniendo más beneficios que perjuicios. No es difícil anticipar los desastres que esto podría conllevar.

A diferencia del primer año y medio de gobierno, ahora tenemos un ministro de Hacienda realizando un tremendo esfuerzo para hacer ver que la situación económica es más compleja de lo que habían previsto, sin embargo aún no vemos cambios. Así, por un lado tenemos al ministro Valdés afirmando que contaremos con menos recursos de los estimados, y por el otro al resto del gobierno planteando proyectos que siguen comprometiendo recursos -que no tenemos- a destajo.

Se nos habló de “realismo sin renuncia” y, por lo visto, se lo tomaron en serio. El “realismo” lo encontramos en el reconocimiento de que la situación económica es dura, que ni creceremos ni recaudaremos lo estimado y que el déficit será mayor al proyectado, mientras que el “sin renuncia” se traduce en que se mantendrá la agenda sin cambios, con mayor gradualidad, pero sin cambios al fin y al cabo.

Obstinación pareciera ser la palabra que mejor define a la coalición gobernante.

Otra muestra de aquello ha sido la decisión de seguir manteniendo al equipo comunicacional de La Moneda, cuando a todas luces ha tenido una muy deficiente gestión, generando no sólo daño en la reputación de la Presidenta y su gobierno, sino que también agudizando los conflictos entre sus propios miembros. No es necesario recordar el episodio del viaje secreto a La Araucanía, tan secreto que ni el propio ministro del Interior fue informado, ni el reciente escándalo por la decisión de cambiar el procedimiento para que los periodistas puedan acompañar a la Presidenta en sus giras presidenciales, entre otros.

De todo lo anterior se ha advertido, y se ha hecho caso omiso a las críticas. Hace unos días fue el propio presidente del Banco Central quien planteó sus inquietudes respecto a la reforma laboral en la comisión de Hacienda de la Cámara: ¿será escuchado? Imposible olvidar las palabras del diputado Lorenzini frente a las críticas que le formularon, entre muchos otros, la mayoría de los ex ministros de Hacienda a la reforma tributaria: “¿Qué saben los ex ministros de Hacienda?”, señaló. Al final terminaron teniendo la razón en muchos de sus planteamientos.

No se trata sólo de cambiar o no el rumbo, ni de girar a la izquierda o a la derecha, sino de algo mucho más básico, que es simplemente hacer las cosas bien. Las cosas improvisadas y hechas a la rápida siempre terminan mal, y ejemplos de eso ya tenemos muchos. Resulta incomprensible que pese a todo lo que ha pasado aún no veamos cambios, y que en lugar de incorporar cordura se pise el acelerador para ir aún más rápido.

Hasta ahora seguimos tropezando con la misma piedra, y nos seguimos llenando de “te lo dije”. No podemos esperar tener distintos resultados si seguimos haciendo lo mismo.

 

Bárbara Briceño, cientista político.

 

 

FOTO: JORGE FUICA/AGENCIAUNO