¿Qué pasó en Chile con la crisis de los incendios forestales? Que una vez más el Gobierno apareció dando muestras contumaces de su “habilidad” para ignorar o minimizar las advertencias y los peligros, hasta que estos ya se salen de control, como ha sido el caso de esta catástrofe.
Publicado el 24.01.2017
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“Un problema sin atender es una crisis en potencia”, escribe el ex ministro norteamericano Donald Rumsfeld, en un entretenido manual político publicado hace un par de años, en el que agrega: “la mejor forma de lidiar con una crisis, por supuesto, es estar preparado antes de que ocurra… La preparación adecuada evita la ejecución inadecuada”.

¿Qué pasó en Chile con la crisis de los incendios forestales? Que una vez más el Gobierno apareció dando muestras contumaces de su “habilidad” para ignorar o minimizar las advertencias y los peligros, hasta que estos ya se salen de control, como ha sido el caso de esta catástrofe que, hasta ahora, se ha cobrado la vida de tres brigadistas de la Conaf y ha arrasado con viviendas y amplias superficies de hectáreas. Lo mismo ocurrió antes con el Sename y lo mismo sigue pasando por estos días en los pasos fronterizos donde han muerto turistas por tener que esperar hasta 15 horas para entrar a nuestro país, como era previsible, debido al inicio del periodo de vacaciones en Argentina.

Como si hubiese sido necesario recordárselo, pues ya sabemos que cada verano se incrementa la amenaza de los incendios forestales, la muerte de tres brigadistas de la Conaf el domingo 15 de enero hubiese debido ser más que suficiente como para que La Moneda considerara que esta vez la emergencia iba en serio y destinara más recursos y personal para seguir de cerca el curso de los acontecimientos. Si a eso le sumamos que el alcalde de Santa Cruz, Gustavo Arévalo, había pedido el 13 de enero una audiencia con el ministro Mario Fernández para trabajar en la prevención de catástrofes como la que ahora tiene bajo acoso a esa y otras comunas, recibiendo la elocuente respuesta de que la audiencia no podía realizarse porque el ministro estaba de vacaciones, queda claro por qué no se reaccionó antes y por qué el gobierno decidió, una vez más, seguir adelante con su propia agenda.

El miércoles 18 de enero, cuando el país seguía quemándose por los cuatro costados, la presidenta Michelle Bachelet prefirió reunirse con los integrantes del Consejo de Observadores del Proceso Constituyente y anunciar el próximo envío al Congreso del proyecto de reforma de la Constitución, asegurando con contundencia que no modificará los plazos, “a pesar de la resistencia de varios sectores por postergar la discusión”, y aun cuando la reforma de la Constitución apenas interesa al 2% de los chilenos según la última encuesta CEP. Hasta Alejandro Guillier había pedido la víspera que se aplazara la reforma constitucional si no existía un consenso mínimo.

El viernes 20 las prioridades de la Presidenta estuvieron puestas en una reunión con asociaciones de homosexuales para anunciar la próxima tramitación del proyecto de ley del matrimonio homosexual. Y esa jornada continuaría con una calurosa recepción al Presidente francés François Hollande, quien termina su mandado con un 16% de popularidad, lo que no evitó que se hiciera  merecedor de una detallada y extendida visita guiada por parte de Bachelet al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en la Quinta Normal.

Fue ese mismo viernes 20, siete días después de la carta del alcalde de Santa Cruz y cinco días después de la muerte de los tres brigadistas de la Conaf, que La Moneda reaccionó decretando la zona de catástrofe en dos comunas. La prevención de crisis sigue siendo así una de las mayores deficiencias de la actual administración, pues queda claro, especialmente a la vista de los resultados, que el Gobierno no evaluó ni jerarquizó correctamente los riesgos, ni concentró todos sus esfuerzos en la atención de aquellos problemas que requerían una respuesta inmediata, antes de que se propagaran las dificultades, ni quiso prestar atención a todas advertencias que se le estaban enviando.

Lo peor es que el Gobierno sigue sin aprender en esta materia, pues nuevamente se ve que cuando las prioridades de la Presidenta chocan con las necesidades más urgentes de los chilenos, se imponen las primeras. El problema adicional es que la pertinacia suele ser un defecto fatal cuando se ocupan puestos de liderazgo. Así lo explica claramente Rumsfeld en su manual, citando esta vez a su admirada Margaret Thatcher: “Quienes piensan que saben, pero están equivocados, son las personas más peligrosas cuando están a cargo”.

 

Ricardo Leiva, doctor en Comunicación de la Universidad de Navarra