Si bien en Chile la legislación no es limitación para el trabajo parcial y posibilidades de contratos alternativos, esto no ha sido suficiente para incentivar una mayor adaptabilidad de la jornada laboral.
Publicado el 21.01.2016
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En un mundo cada vez más globalizado y con grandes avances tecnológicos a la mano, la adaptabilidad -entendida como la posibilidad que los trabajadores puedan ajustar su realidad laboral con las necesidades de su vida personal-, es una herramienta cada vez más relevante a la hora de modernizar el mercado del trabajo.

Si bien en Chile, según se observa en el Código del Trabajo, la legislación no es limitación para el trabajo parcial y posibilidades de contratos alternativos, como es el caso del teletrabajo, esto no ha sido suficiente para incentivar una mayor adaptabilidad de la jornada laboral.

La poca adaptabilidad y falta de corresponsabilidad en el mercado laboral restringen las opciones de las mujeres en nuestro país para conseguir un empleo remunerado. De acuerdo a la Casen 2013, la tasa de participación laboral femenina es de 48% y las más afectadas son las mujeres de menores recursos con un 27% de participación en el decil de menores ingresos frente a un 68% en el decil de mayores ingresos. Más aun, en promedio, una de cada tres mujeres -1.352.676- está fuera del mercado laboral por razones familiares según datos del INE y el 66% de las mujeres con dos o más hijos están fuera del mercado laboral. Es decir, faltan esfuerzos adicionales para corregir esta realidad.

Si miramos experiencias internacionales podemos rescatar el caso de Inglaterra que introdujo en 2003 los denominados “Flexible Working Arregment” (Acuerdos de adaptabilidad laboral) a través de una incorporación explícita en su legislación  del derecho individual a solicitar una modificación de jornada para trabajadores con responsabilidades familiares, pudiendo transar, entre otros, discontinuidad en su jornada laboral o trabajo desde la casa algunas horas a la semana. El foco de esta política pública es facilitar tanto el ingreso y la permanencia de la mujer al mercado laboral como el cuidado de familiares.

A pesar de que los empleadores no están obligados a aceptar la solicitud, una encuesta realizada por la Universidad de Georgetown encontró que luego de los primeros dos años de vigencia de la ley el 14% de los trabajadores solicitó una modificación de jornada, siendo que el 69% de los pedidos fueron aceptados en su totalidad, 12% parcialmente aceptados y sólo un 11% fueron rechazados (el resto quedó pendiente).

Esta nueva adaptabilidad laboral, aquella que es impulsada por el trabajador, se refiere a incentivar prácticas que le permitan a éstos contar con mayores opciones acerca de cómo, cuándo y dónde adaptar su realidad laboral con sus responsabilidades familiares, lo que se traduce en trabajadores productivos y motivados, junto con organizaciones con alta retención de talentos y buenas relaciones laborales.

Este sistema también se ha implementado en Australia, Nueva Zelanda, Holanda, Canadá, así como en algunos estados en Estados Unidos, entre otros. Todos países que cuentan con sociedades equitativas y justas.

Considerando entonces la experiencia internacional, es imperativo que Chile adopte esta nueva mirada sobre adaptabilidad en su legislación, en especial si consideramos la realidad laboral de la mujer en Chile y el debate existente en torno a la reforma laboral.

 

Verónica Campino, co-fundadora Fundación ChileMujeres.

 

FOTO: VÍCTOR PEREZ/AGENCIAUNO