¿Qué viene ahora, cuando miles de nuestros compatriotas no puedan ejercer su derecho a voto porque un sistema computacional lo cambió de Punta Arenas a Copiapó? Esperemos que el castigo no sea la abstención, porque Chile necesita de cada voto y de un clima que pase de gélido a templado.
Publicado el 22.10.2016
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Cuando finalizaba el invierno y los adultos mayores celebraban que habían pasado agosto, nada hacía prever que en octubre, mes primaveral y de elecciones municipales, íbamos a tener que soportar dos grados de temperatura y lluvias que nos obligarían a sacar paraguas e impermeables. Y aparentemente nada hizo prever al gobierno que las elecciones municipales vendrían envueltas en un gran chascarro.

Asumimos el cambio climático, tal vez no con la mejor cara, sabiendo que frente a las inclemencias del tiempo no hay nada que hacer, salvo abrigarse. Sin embargo, frente a los 477 mil votantes que fueron cambiados unilateralmente de domicilio electoral de la noche a la mañana, la indignación fue total. Por parte de los ciudadanos, de la oposición e incluso de muchos partidarios de gobierno. No podía ser cierto que dos instituciones más engrosaran la lista de los desprestigiados. Por un lado, el Registro Civil, encargado de velar por nuestra identidad, el que da respaldo al mundo de quiénes somos. Y por otro, el Servel recién remozado, con mayor autonomía y nueva ley de financiamiento electoral, que declara ser el guardián de la participación ciudadana, el fiscalizador de los candidatos, el responsable de hacer cumplir la ley y dar garantías a todos los chilenos de que la cancha aquí sí que es igual.

Fallaron en lo que está en su esencia, en su razón de ser. Que cada chileno mayor de 18 años pueda ejercer su derecho a voto en un local de votación escogido libremente es una promesa que se rompió. Sólo en Puente Alto se incorporaron erróneamente al padrón electoral 21.425 personas y se retiraron 8.770. Una diferencia que no puede dejar a nadie indiferente.

El gobierno reaccionó, pero en vez de tomarse un Tricalma para primero pensar y luego actuar, se lanzó al campo de batalla con una propuesta de ley express que obligó a los parlamentarios a regresar de su semana distrital, con todos los costos que eso implica en estos tiempos de vacas flacas, sólo para darse cuenta en menos de 24 horas de que la ley propuesta era inconstitucional. ¿Por qué? Porque alteraba el número de concejales a elegir por comuna. En simple, de acuerdo al artículo 72 de la Ley Orgánica de Municipalidades, el número de concejales se fija según el padrón electoral siete meses antes de la elección. En Puente Alto se agregan más de 12 mil electores. ¿Pueden elegir entonces un concejal más?

Sin duda fue un nuevo papelón para el gobierno y la Presidenta, que en vez utilizar la crisis para recuperar el liderazgo perdido, y mostrar su capacidad para resolver problemas y dar credibilidad al proceso electoral, sólo cayó un peldaño más.

Al otro lado de la vereda, la oposición pide cabezas y responsables. Es impresentable que aquí nadie pague por los platos rotos, y se diga que es un tema que se verá después. Si bien el gobierno respondió con un tibio cambió de gabinete, a nadie dejó contento, salvo por la salida de la ministra Blanco. ¿Quedarán impunes Registro Civil y Servel? ¿Seremos testigos de una nueva comisión investigadora?

Pero mientras las autoridades y los políticos se enfrentan con sus propios guantes de boxeo para determinar responsabilidades y culpables, los chilenos comunes y corrientes quedaron nuevamente a la deriva. Desilusionados, desmotivados y con pocas ganas de votar. El ambiente electoral de estos últimos 30 días definitivamente ha sido diferente al que acostumbrábamos tener, con las calles plagadas de palomas, jingles radiales y candidatos entregando magnetos o lápices en cada esquina. Por eso hoy el esfuerzo por hacer las cosas bien debía ser mayor, había que buscar nuevas formas de comunicar, de darse a conocer con ideas y demostrar que las calles más limpias y el financiamiento más regulado nos hacían bien.

Pero la realidad es otra, con suerte sabemos los concejales que van en la cartilla. ¿Cómo retener los 114 nombres que van por Maipú? Todo un arte será doblar el voto. A eso se suma una ácida crítica al mundo político por su falta de empatía con los reclamos ciudadanos. Ellos prometen en temporada electoral, para luego esfumarse una vez elegidos. Así lo vive la calle y así lo registró la última encuesta Adimark, con un 88% de rechazo a nuestros honorables parlamentarios.

¿Qué viene ahora, cuando miles de nuestros compatriotas no puedan ejercer su derecho a voto porque un sistema computacional lo cambió de Punta Arenas a Copiapó? Esperemos que el castigo no sea la abstención, porque Chile necesita de cada voto y de un clima que pase de gélido a templado.

 

Pauline Kantor, Socia Directora Factor C Comunicaciones

 

Foto: MARIO DAVILA/AGENCIAUNO