Conquistar la voluntad mayoritaria de la ciudadanía en la segunda vuelta no se logrará sobre la base de un debate polarizado y maniqueo, o instalando el miedo sobre lo que pueda ocurrir si sale electo uno u otro candidato. En ese sentido, Sebastián Piñera posee una gran ventaja sobre su contendor: tiene un proyecto sólido y realista que ofrecer a los chilenos.
Publicado el 03.12.2017
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Desde el retorno a la democracia, ninguna elección presidencial ha tenido en segunda vuelta el nivel de incertidumbre que tendrán los comicios del 17 de diciembre próximo. La que más se acerca es la de 1999, que enfrentó a Ricardo Lagos con Joaquín Lavín, quien finalmente perdió en el repechaje por 180 mil votos.

Incertidumbre que surge a partir de los resultados de la primera vuelta como de la incapacidad de los sondeos de opinión para predecir con relativa certeza el comportamiento de los electores. Si bien Sebastián Piñera quedó en una mejor posición para llevarse el triunfo en el balotaje, la convergencia de gran parte del mundo de la izquierda en la candidatura de Alejandro Guillier hace prever un resultado estrecho. Si a lo anterior se suma que los proyectos políticos que están sobre la mesa son diametralmente opuestos, nos encontramos ante una elección trascendental para el país.

¿Qué significa esto? En lo medular, significa que el camino que escojan los chilenos en dos domingos será decisivo para el rumbo que tome Chile, derrotero que probablemente exceda con creces los cuatro años que dure el próximo gobierno.

En concreto, nos situamos en un punto de inflexión que abre una gran disyuntiva sobre la oportunidad histórica que tenemos de alcanzar el desarrollo no sólo desde la perspectiva económica, sino también desde el ámbito humano. Aun cuando no se puede pasar por alto que todavía tenemos desafíos importantes que resolver como nación en materia de combate a la pobreza, educación, salud, protección de los niños y adultos mayores, por mencionar algunas, Chile ha logrado avances sustanciales en todas estas áreas que nos distinguen como uno de los países de mayor progreso en la región.

Por eso estoy convencido de que conquistar la voluntad mayoritaria de la ciudadanía en la segunda vuelta no se logrará sobre la base de un debate polarizado y maniqueo, o instalando el miedo sobre lo que pueda ocurrir si sale electo uno u otro candidato. En ese sentido, Sebastián Piñera tiene una gran ventaja sobre su contendor, cual es que tiene un proyecto sólido y realista que ofrecer a los chilenos. Por lo mismo, es necesario que quienes respaldamos su candidatura logremos estas últimas dos semanas transmitir en la calle, con nitidez y convicción, el por qué somos una mejor opción que la centroizquierda para gobernar.

Uno de los puntales que se requiere comunicar con fuerza es la red de protección para la clase media que contempla el programa de gobierno de Piñera, pues siendo una muy buena iniciativa, que refleja el corazón de lo que será su gestión en caso de resultar electo, no ha sido difundida con suficiente detalle. De hecho, como UDI participamos activamente en la elaboración de ese programa con la propuesta “Red Clase Media Protegida”, orientada a entregar protección ante aquellas contingencias que provocan mayores inseguridades a este grupo de chilenos, como perder el empleo, padecer alguna enfermedad catastrófica, el pago de la educación superior de los hijos, la longevidad y dependencia, y ser víctima de la delincuencia, entre otros.

Si somos capaces de conectar con aquellos chilenos que por distintas razones no participaron en la primera vuelta, y convencerlos de que con un gobierno de centroderecha tendrán mayores oportunidades para mejorar su calidad de vida —y al mismo tiempo estarán protegidos—, podremos lograr la mayoría que nos entregue el triunfo en la segunda vuelta.

 

Pablo Terrazas, secretario general UDI

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO