Una visión amplia del mérito, asociada no sólo a las cosas que la sociedad considera como la “debida recompensa” al trabajo duro y el esfuerzo, sino también a aquellas que permiten el desarrollo de una vida plena, nos permitirá huir de la actitud que busca únicamente el éxito material, desvinculándose de las responsabilidades sociales y que competen a todo ciudadano de nuestra república.
Publicado el 10.05.2017
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La idea de mérito tiene una fuerte vinculación con el debate de la educación chilena, especialmente a la hora de juzgar el rol de los liceos emblemáticos o liceos bicentenarios en nuestro sistema educacional, o bien al referirse al trabajo y esfuerzo que miles de jóvenes -y sus familias- ponen en sus estudios. Sin embargo, tanto en su versión restringida en cuanto al concepto o bien extendida en cuanto a una verdadera cultura del mérito, se trata de una idea de contenido profundo y de gran utilidad para los desafíos que enfrenta nuestro país en el siglo XXI.

Una primera aproximación es la tradicional consideración de la palabra mérito (del latín meritum) en cuanto criterio de justicia, en la que lo asimilamos a la “debida recompensa”. Aquí radica la idea que se nos inculca desde pequeños sobre la importancia del trabajo bien hecho y del esfuerzo propio para el desarrollo personal. Este sentido es importante, porque -como sabemos- no existe un único criterio de justicia, sino que dependerá de la situación que estemos considerando.

En algunos casos el criterio de justicia será la igualdad, como por ejemplo, la igualdad ante la ley; en otros será la necesidad, por ejemplo, para poder recibir una ayuda de la comunidad. También en algunos será el mérito, como el talento deportivo que se necesita para estar en la selección nacional de fútbol u obtener el puntaje necesario para ingresar a la universidad.

Una segunda consideración del término tiene que ver con aquellos actos que los hombres realizamos “que hacen digna de aprecio a una persona”, como bien destaca la Real Academia de la Lengua Española. En esta dimensión, muchas veces la sociedad ha asimilado exclusivamente el éxito de una persona a la magnitud de sus ingresos económicos y ha ignorado otros aspectos -más relevantes para el bienestar de la comunidad- que son parte fundamental de una vida plena: la preocupación por la familia, la dedicación al estudio y al conocimiento, el esfuerzo y el trabajo duro, o la consagración al servicio de los demás.

Por ejemplo, la importancia de contar con buenos ciudadanos involucrados en el gobierno de la República llevó a que los romanos denominaran cursus honorum a la carrera política en la que ascendían a las diversas magistraturas. Los romanos eran especialmente conscientes de la importancia de las costumbres en el éxito de su república. Por eso Cicerón, citando al poeta Ennio, sostenía que  “la república se funda en la moralidad tradicional de sus hombres” (Sobre la República, Libro V).

Esta visión amplia del mérito, asociada no sólo a las cosas que la sociedad considera como la “debida recompensa” del trabajo duro y el esfuerzo, sino también a aquellas que permiten el desarrollo de una vida plena, nos permitirá huir de la actitud que busca únicamente el éxito material, desvinculándose de las responsabilidades sociales y que competen a todo ciudadano de nuestra república. Chile necesita considerar la cultura del mérito no sólo para las personas que se esfuerzan y trabajan, sino también para la sociedad que procura la justicia como un objetivo fundamental.

 

Julio Isamit, coordinador político de Republicanos

 

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO D./AGENCIAUNO

 

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