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Publicado el 08 de mayo, 2015

Una brújula, por favor

Por más esfuerzos que han hecho quienes todavía están en La Moneda, lo cierto es que mientras escribo esta columna, Chile está sin gabinete presidencial.
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Nadie debidamente informado y con sentido de la responsabilidad pública cuestiona la facultad presidencial y la oportunidad del cambio de gabinete que está gestándose en Chile desde el miércoles en la noche.

Desde el más leal de sus parlamentarios hasta el más duro de la oposición, prácticamente todo el espectro político venía pidiendo durante meses a la Presidenta Michelle Bachelet que evaluara un cambio de gabinete.

Pero no así. No dando de baja a todos los ministros 72 horas antes de nombrar a los nuevos o de ratificar a los que se quedan. No anunciando una decisión de tamaña envergadura en una entrevista de televisión, con el rostro de Sábados Gigantes.

No confesando que todavía no había tenido tiempo de sentarse a pensar “quién llega y quién se va“, ¡tres días antes del plazo que se autoimpuso y después de 14 meses de mandato! Y, tal vez el gesto menos delicado de todos, no mientras el canciller defendía en La Haya la soberanía de Chile.

Por más esfuerzos que han hecho quienes todavía están en La Moneda por demostrar normalidad y que el buque sigue navegando, lo cierto es que mientras escribo esta columna, la República de Chile está sin gabinete presidencial. Una cosa es que formalmente los ministros mantengan sus cargos y otra que, efectivamente, estén actuando como tales, con la dignidad que merecen y tomando la infinidad de decisiones que mueve a diario un gobierno.

La portada de un vespertino resumió ayer la situación en cuatro palabras: “Ministros en el limbo”.

Entendemos que motivos para precipitar la decisión había de sobra. Un gobierno que, al menos en las encuestas, perdió su mayoría hace más de seis meses y el control de su agenda hace tres; el progresivo deterioro de la economía, la abrupta caída en las oportunidades de empleo (de 250 mil anuales a 75 mil, la mayoría en el aparato del Estado); la paralización de las obras públicas; el severo deterioro de la gestión en salud, delincuencia, Transantiago, etc. Más la lentitud en la reconstrucción del norte, la inoperancia para enfrentar la catástrofe del Atacama (ni hablar de la alerta fallida para evacuar las zonas de riesgo). Y, las guindas de la torta, el ambiente de desconfianza e hipocresía que contribuyó a incubar la incapacidad de conducir la crisis de confianza, el bochorno de los informes del ministro del Interior, para acreditar el pago de honorarios durante la campaña presidencial; y el sorpresivo anuncio de que vendría al día siguiente la encuesta CEP, cuyos resultados eran previsibles.

Lo que no entendemos es la forma que eligió la Presidenta de la República para comunicar su legítimo golpe de timón, las señales de superficialidad que se han dado frente a decisiones de Estado, mientras el país atraviesa por una situación compleja, que exige formas, ritos y certezas.

Las encuestas no son las tablas de la ley, pero si un punto de referencia para quién debe tomar decisiones que están cambiando la vida de millones de chilenos. De todos los datos que trae la encuesta CEP de abril, tal vez los más significativos para un gobierno al que le queda poco más de un año para enfrentar una elección municipal, sean los que muestran el estado de ánimo de los chilenos:

  • El 44% cree que la situación económica es “Mala, muy mala”, el mayor registro desde noviembre de 2008, en plena crisis subprime.
  • El 62% de percibe a Chile “Estancado”, el peor resultado desde marzo del año 2000 (crisis asiática).
  • Apenas de dos de cada 10 chilenos (21%) cree que el país está “Progresando”, menos de la mitad de quienes tenían igual percepción en septiembre de 2013, (47%).

Una vez que conozcamos al nuevo team, la clave no será siquiera el perfil de cada uno de sus integrantes, sino el mandato que van a recibir y si estará inspirado en las prioridades que piden a gritos los chilenos o en la desconcertante voluntad presidencial. Las posibilidades son dos: la Presidenta les entrega a cada uno de los próximos ministros o un casco, para subirse a la retroexcavadora y continuar avanzando sin transar, sin importar si a los ciudadanos nos parece bien o mal, porque lo único que importa es El Programa; o una nueva carta de navegación y la brújula que su gobierno necesita con extrema urgencia, para que Chile retome el buen camino.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

@isabelpla

 

FOTO: CRISTÓBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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