Esta es una oportunidad que si es utilizada inteligentemente por Bachelet puede representar un punto de inflexión respecto del negro panorama de hace menos de dos semanas.
Publicado el 26.09.2015
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“No hay mal que por bien no venga”. Este viejo refrán popular parece estar dándole una inesperada oportunidad a la Presidenta Bachelet, gracias al terremoto del 16/S y el pronunciamiento de la Corte de La Haya. Ni los cónclaves, ni los slogans, ni el cumplimiento de las promesas de campaña estaban ayudando a salir de una crisis que cruza a toda la clase política, pero que para desgracia de la Mandataria (o gracias a su nuera e hijo) la convirtieron en una suerte de ícono del problema. Pero la vida nos presenta a veces paradojas que hay que saber aprovechar y leer a tiempo. Dos hechos de naturaleza distinta, que si son bien aprovechados, podrían contribuir a mejorar su alicaída popularidad o, al menos, darle un respiro transitorio.

Partamos por el terremoto afirmando que son eventos muy poco comparables en magnitud e impacto respecto a 2010. Sin embargo, los chilenos nos dimos cuenta de que habíamos cambiado culturalmente a partir de la tragedia del 27/F. Un millón de personas evacuadas en minutos, alertas vía sirenas y avisos telefónicos, comunicación con nuestros familiares vía WhatsApp, en vez de usar los celulares, etc. Pero, sin duda, quien más aprendió fue la propia Presidenta. Ya en abril de 2014 había tenido un insospechado ensayo (terremoto de Iquique, 8.2) que dio luces de que en un evento mayor la reacción estaría muy alejada de esa tortuosa noche de confusión y caos en las oficinas de Onemi. Esta vez se tomaron decisiones rápidas y oportunas, pero especialmente hubo una “puesta en escena” muy cuidada. El ministro de Interior asumió la dirección y vocería en las primeras horas. El director de Onemi habló cuando tenía información confirmada y en el caso de la Jefa de Estado, apareció algunas horas después, en La Moneda, para emitir un primer balance, comunicar acciones concretas e informar de decisiones relativas a los eventos programados para celebrar las fiestas patrias. Su tono fue firme, pero empático, cálido y comprensivo con las víctimas. La verdad es que transmitió tranquilidad y control por parte del gobierno. En su intervención estuvo escoltada por sus principales ministros. Se veía serena e hizo recordar a la Michelle de su primer período. En las horas siguientes la vimos en terreno, en el barro, yendo y viniendo desde el norte al Te Deum, la Parada Militar y los actos oficiales. Parece que esta vez sí confió en su intuición y entendió que debía estar en el lugar de la tragedia, pero que era importante mantener las festividades y tradiciones patrias para subir el ánimo de la ciudadanía.

De ahí en adelante hemos visto a otra Presidenta. Incluso parece andar de mejor ánimo, participó por primera vez en el año en un matinal (el de mayor audiencia y no TVN) en el que desmintió rumores respeto de su idea de renunciar y su salud. ¿La gran diferencia? Lo mismo había trascendido una semana antes de un encuentro con presidentes de la Nueva Mayoría, pero esta vez se lo comunicó al ciudadano común, a la clase media, a la dueña de casa que gusta de estos programas. Creo que sólo estuvo de más la frase “cada día puede ser peor” (en relación a los eventos naturales), se prestó para muchas interpretaciones y comentarios, quedando la duda de si se trataba de un evidente humor negro o una visión pesimista del momento. Pero el balance de los primeros días post terremoto por ahora son positivos.

Respecto del fallo de competencia de la Corte Internacional, el gobierno logró generar en los días previos un estado de unidad entre todos los actores políticos, que ya se quisieran los que han pregonado un “nuevo acuerdo nacional”. La puesta en escena el día anterior a conocer el pronunciamiento de La Haya fue muy similar al de la noche del terremoto. Bachelet con mismo tono y serenidad rodeada por los últimos tres Presidentes, incluido Sebastián Piñera. Fue categórica en afirmar que en cualquier escenario no habrá cesión territorial. En una semana, la Mandataria fue capaz de conectar a los chilenos con temas de nuestra identidad, historia e incluso orgullo, sin pronunciar una palabra de política. Una vez conocido el fallo, dijo “Bolivia no ha ganado nada”. De aquí al final del juicio, se le abre un gran espacio para seguir reforzando esta línea que, sin duda, despertará sentimientos “nacionales” transversales.

Vuelvo al comienzo de esta columna. Esta es una oportunidad que si es utilizada inteligentemente por Bachelet puede representar un punto de inflexión respecto del negro panorama de hace menos de dos semanas. Pero, de lo contrario, sólo puede quedar como un “veranito de San Juan” e incluso revertirse negativamente. Por ahora, es una opción para ella, no necesariamente para el gobierno, Parlamento o los partidos, los que deberán dar soluciones y respuestas contundentes a los problemas de fondo a la crisis, y esas soluciones son políticas. Y también dependerá de ese escaso bien de nuestra clase política que es el sentido común. Si Sebastián Dávalos declara –y reflota la frase que liquidó a la Presidenta- que se enteró de los negocios de su señora “por los diarios”, o se descubre que más de 10 parlamentarios usan la semana “distrital” para salir de vacaciones (¿no se supone que es parte de su trabajo y les pagan por eso?), las posibilidades de salir de este momento, no se ven tan fácil. Pero seamos optimistas, “cada día puede ser mejor”.

 

Germán Silva Cuadra, Director del Centro de Estudios y Análisis de la Comunicación Estratégica (CEACE), Universidad Mayor.

 

 

FOTO:MARIO DAVILA/AGENCIAUNO