Persiste, pese a toda esta evolución, lo que hemos llamado “la política del avestruz” de parte de las autoridades de nuestras relaciones exteriores, pretendiendo hacer como si no hubiese problema alguno.
Publicado el 21.10.2016
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La literatura hace noticia: a nivel global, el Nobel a Bob Dylan no deja indiferente a nadie. En lo local, mientras se escriben estas líneas, se inaugura en Santiago la Feria Internacional del Libro. Resulta oportuno, entonces, revisitar el vinculo que siempre ha existido entre el mundo de las letras y la diplomacia.

Hace casi un año en este mismo medio expusimos un tema hasta entonces ignorado por el público, al dar a conocer el problema limítrofe  generado por la construcción de un depósito de desechos de una minera chilena en territorio argentino. Hasta ahora no hay una versión oficial sobre este asunto, que evoluciona y se agranda ante la mirada impertérrita de nuestra Cancillería, que ha intentado caracterizar el asunto como “un problema entre privados”.

Los límites no cambian, las fronteras sí. Ese es el meollo de este delicado asunto, pues lo ocurrido es que a mediados de los noventa parece haber cambiado la frontera por acuerdo de ambas Cancillerías, pero el organismo responsable de informarlo (nuestra Cancillería) no lo hizo sino más de diez años después (2008), un grave error que está dañando y comprometiendo la responsabilidad internacional del Estado chileno. También está ocasionándole graves problemas a la minera chilena, pues cuando esta empresa obtuvo los permisos para habilitar un terreno como depósito de desechos (2004), éstos fueron otorgados por organismos del Estado chileno que con mapas oficiales en mano, afirmaban su localización en nuestro país.

Desde entonces han ocurrido muchos hechos significativos, entre los cuales seleccionamos: 1) Una sesión conjunta de dos comisiones del Senado argentino en la cual participaron, entre otros, el vicecanciller argentino y el embajador en Chile. El primero de los nombrados declaró públicamente que “se exigirá a Chile una respuesta oficial, pues se trata de un asunto entre Estados”; 2) Un importante programa periodístico de la TV argentina hizo un extenso reportaje denunciando violación territorial y daño ambiental; 3) Un ejecutivo de la minera Los Pelambres emitió un comunicado acusando un sesgo en dicho reportaje y dando una explicación sobre el origen del problema, que ocurrió debido a que los mapas oficiales utilizados no estaban actualizados, lo que indujo al error de construir el botadero en territorio argentino. Persiste, pese a toda esta evolución, lo que hemos llamado “la política del avestruz” de parte de nuestras autoridades, pretendiendo hacer como si no hubiese problema alguno.

En este punto hacemos la relación entre la literatura y la diplomacia, que se torna más evidente (y entretenida) cuando esta última supera a la ficción. Una antología de Robert DiYanni (2007) nos ayuda en nuestro empeño.

Pregunta: ¿Qué semejanzas encontramos entre los personajes de  un cuento de William Faulkner, una pieza de teatro de Arthur Miller y un poema de Edgar Allan Poe, con los conductores de la diplomacia chilena actual?

Respuesta: La notable similitud es que los protagonistas de todos ellos viven en un estado de negación de la realidad y son refractarios a cualquier persona o situación que les haga revelar la verdad sobre su propio mundo de fantasía. Lo preocupante es que todos los protagonistas (del cuento, el drama y el poema) terminan mal.

Veamos. En “Una rosa para Emily” (Faulkner, 1946), la señorita Emily Grierson vive en su propio mundo color de rosa, los vecinos del pueblo perpetuán su negación de la realidad para no molestarla… y cuando Homero, su amante, amenaza con alterar su realidad, lo mata y esconde su cuerpo en el piso superior de su casa, hasta que lo descubren tras la muerte de Emily, años después.

En “La muerte de un viajante”, de Miller, el protagonista Willy Loman, que vive en su propio delirio, exuda logros, admiración y jovialidad, mientras su familia contribuye a perpetuar sus fantasías, sintiendo que no tienen derecho a molestar al patriarca, quien, a juicio de ellos, algún día aceptará la realidad como es.

En el poema “El cuervo”, de Poe, el narrador se niega a aceptar la realidad de que su amada Leonora ha muerto, irritándose cada vez más con la repetición de las palabras “nunca más” por el cuervo, hasta que al final, el narrador niega incluso el hecho de que el cuervo no sea más que un pájaro.

Willy Loman, al igual que la señorita Grierson y el narrador de “El cuervo”, niega la realidad, porque de aceptarla, tendría que reevaluar sus ambiciones, sus prioridades y su propio concepto de la felicidad. Los tres personajes tienen una reacción violenta, ya sea física o verbal ante cualquier desafío a sus fantasías. Finalmente, los tres personajes huyen de la verdad por la vía del asesinato, el suicidio o la demencia.

A diferencia de los personajes de los clásicos que resumimos, que negaron hasta el fin de sus días la realidad, en el caso Pelambres la Cancillería no podrá eludirla por mucho tiempo más.

 

Jorge Canelas, Cientista Politico y Embajador (r) 

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO