Poner a los niños como prioridad nacional nos exige repensar la educación que queremos, la salud que requerimos, la seguridad que necesitamos y el futuro que soñamos.
Publicado el 04.06.2018
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El pasado 30 de mayo el Acuerdo Nacional por la Infancia vio la luz, después de dos meses de trabajo. Siendo tal vez el más icónico de los cinco grandes acuerdos nacionales anunciados por Sebastián Piñera el pasado 11 de marzo, el documento refleja la importancia de poner a los niños como prioridad nacional.

El documento señala que se trabajó en tres etapas: escuchar, proponer, acordar. Es por esto que ahora necesitamos pasar a la cuarta, la de la acción, lo que operaría en tres ejes basales: protección universal, entendida como la promoción del desarrollo integral de los menores; protección a niños, niñas y adolescentes en riesgo de vulneración de derechos; y protección y restitución de derechos.

La importancia de los niños y niñas excede la crisis sistémica que arrastra el Sename desde hace algunos años, así como no caben egoísmos partidistas en lo que debe ser un compromiso conjunto de todos los sectores.

De esta manera, el tema de la infancia esta vez se muestra desde una veta positiva, debido a que políticos de tan disímiles posturas lograron llegar a consensos para la protección y promoción de los derechos de la infancia. Esto es digno de destacar, puesto que la importancia de los niños y niñas excede la crisis sistémica que arrastra el Sename desde hace algunos años, así como no caben egoísmos partidistas en lo que debe ser un compromiso conjunto de todos los sectores.

El Acuerdo Nacional por la Infancia es la manifestación de una voluntad renovada para trabajar en pos de un país que promueva el desarrollo integral de sus menores, sobre todo de aquellos que han sido, como han señalado diversas personalidades, “abandonados por el Estado”. Hoy en día lo que está en juego son la vida y el desarrollo de miles de menores, por lo que invertir recursos, tiempo y dedicación en ellos es crucial. El gobierno de Sebastián Piñera ha dado una muestra de esta nueva voluntad, realizando, como él mismo señaló en la Cuenta Pública, “una actividad permanente e incesante en favor de la protección de la infancia”. Diversas decisiones lo han reflejado: el aumento en la subvención base que reciben los organismos colaboradores del Sename, la imprescriptibilidad de los delitos sexuales contra menores, la auditoría social realizada al Servicio Nacional de Menores y, sin duda, la convocatoria a todos los sectores políticos a una mesa de trabajo en torno a este tema.

Tal como recordó el Presidente, citando a Gabriela Mistral, “el futuro de los niños es siempre hoy”, por lo que necesitamos recoger todas las propuestas vertidas en el acuerdo y ponerlas en marcha de manera eficiente. Uno de los puntos de partida debiera ser fortalecer el rol de las familias, lo que significa más que la anunciada nueva ley de adopciones: implica a su vez empoderarlas en la elección de la educación que quieren para sus hijos, fortalecer los vínculos familiares y convertirla en el verdadero núcleo de la sociedad.

No nos olvidemos de los niños, porque ponerlos como prioridad nacional nos exige repensar la educación que queremos, la salud que requerimos, la seguridad que necesitamos y el futuro que soñamos. Sólo así en un tiempo más podremos proclamar orgullosamente que somos una sociedad libre y justa para todos.

Monserrat Risco, investigadora Centro de Estudios Bicentenario y Universidad San Sebastián

 

FOTO: SEBASTIÁN BELTRÁN GAETE/AGENCIAUNO