En una sociedad libre, la expresión genuina de la personalidad y el florecimiento de los propios talentos son condiciones fundantes. Sin la expresión plena y libre no hay progreso.
Publicado el 08.10.2016
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¡Somos tantos los que queremos ver libertad en nuestro país, pero son tan pocos los que pueden hacer de su propia vida la encarnación de esa libertad! Eso sucede con Deirdre McCloskey, quien nos visitó en Chile durante esta semana invitada por La Otra Mirada. Eximia estudiosa de la historia económica, ella nos enseña la importancia de las virtudes, las ideas y, en definitiva, de la cultura para el progreso de las sociedades. Nos entrega una mirada distinta para entender de qué forma la búsqueda de la autenticidad por parte de cada uno es el máximo aporte que podemos hacer a la sociedad.

En una sociedad libre, la expresión genuina de la personalidad y el florecimiento de los propios talentos son condiciones fundantes. Sin la expresión plena y libre no hay progreso. Esto es importante no solo para lo que emana desde nuestra mente, sino lo que nos nace como identidad. McCloskey —esto es evidente— es la encarnación de esto último, no solo por el tránsito que ha vivido durante su vida respecto a su cambio de sexo (concentrarnos únicamente en esto es simplista), sino que además, como académica, ha demostrado ir más allá de los convencionalismos y aportar con una teoría fresca a la comprensión de la economía mucho más allá de los números.

Tal como autores humanistas como Erasmo de Róterdam o Michel de Montaigne, McCloskey no se siente satisfecha con lo mainstream y decide emprender una tesis que pone el foco lejos de los gráficos y lo sitúa en el núcleo de las emociones y anhelos de los ciudadanos, recuperando una tradición ética que está muy lejos de lo que la escuela de Chicago nos tenía acostumbrados.

La fusión entre teoría y psicología social, como aporta a su idea del progreso económico, le ha valido reconocimientos y renombre en el ámbito académico, así como su preocupación por la temática de género la ha puesto entre las teóricas feministas de su generación.

Sin duda es un personaje tremendamente especial desde el punto de vista personal e intelectual, cuya visita no podemos si no disfrutar y aprovechar. Nuestros tiempos pocas veces nos permiten conocer de cerca experiencias de vida tan apasionantes como la de McCloskey, especialmente para quienes vemos que la libertad es una batalla que se da no solo en las ideas, no solo en las políticas públicas, sino en los manifiestos de vida como el de esta autora. Esto último debemos recordarlo enfáticamente.

 

Jean Masoliver Aguirre, Cientista político, Fundación para el Progreso.