El desafío del ex Presidente Piñera ya no es solo una candidatura que concluirá en noviembre o diciembre de este año: tiene que ver con entender el nuevo panorama político del país, y con hacerse cargo de la dramática situación económica que afecta a la clase media y a los más pobres de nuestra sociedad. Pero por sobre todo, se trata de enfrentar en el discurso y en los hechos a una izquierda que simplemente no cree en la democracia.
Publicado el 22.03.2017
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Ayer Sebastián Piñera anunció su candidatura para Presidente de la República. Era una noticia ampliamente esperada tanto por los ciudadanos como por los integrantes de Chile Vamos. La situación económica y social del país, así como el sistemático liderazgo que el ex Presidente mantiene en todos los sondeos de opinión, lo obliga a emprender un desafío electoral que no estará exento de dificultades, pero que se hace cada día más necesario.

La nueva candidatura presidencial de Sebastián Piñera tiene como contexto un escenario de país radicalmente distinto al que enfrentó en su campaña de 2009. Hoy Chile se encuentra más polarizado, la autoridad presidencial está fuertemente cuestionada -incluso debilitada- y el respecto a las instituciones se ha visto mermado.

Al mismo tiempo, el panorama político ha sido modificado por un fuerte declive de la influencia pública de la izquierda socialdemócrata, que viene a sumarse a la pérdida de influencia de la Democracia Cristiana y lo que quedaba del socialcristianismo al interior de la Nueva Mayoría. Por su parte, los sectores que se ubican a la izquierda del Partido Comunista se han agrupado en un Frente Amplio que levantará candidatos a diputados en gran parte del país, e incluso han anunciado que tendrán una opción presidencial.

Un segundo factor a considerar es el estancamiento económico del país. A la pérdida de la inversión extranjera se suma un bajo crecimiento que lleva a que Chile sea de los que menos crece en América Latina. Esto tiene importantes consecuencias para la vida diaria de los chilenos, tanto en materia laboral como de acceso a más y mejores oportunidades. El frenazo económico perjudica a los chilenos y por eso el próximo Gobierno debe revertir la tendencia negativa.

Por último, la posibilidad de perder nuevamente las elecciones muestra la peor cara de una izquierda agresiva, que no se resigna a abandonar los puestos de Gobierno o que no logra entender que los ciudadanos prefieren una opción distinta para Chile. En ese sentido, los llamados a “funar” la proclamación del ex Presidente y los virulentos ataques en redes sociales son solamente la punta de un iceberg que bajo el agua esconde una importante cultura antidemocrática.

El desafío del ex Presidente Piñera ya no es solo una candidatura que concluirá en noviembre o diciembre de este año: tiene que ver con entender el nuevo panorama político del país, y con hacerse cargo de la dramática situación económica que afecta a la clase media y a los más pobres de nuestra sociedad. Pero por sobre todo, se trata de enfrentar en el discurso y en los hechos a una izquierda que simplemente no cree en la democracia.

En marzo de 2018 debe comenzar el segundo mandato de Sebastián Piñera, un Gobierno de progreso para todos los chilenos.

 

Julio Isamit, coordinador general de Republicanos

 

 

FOTO: MARIO DÁVILA/AGENCIAUNO

 

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