Hemos tenido cuatro años de aprendizaje. El gobierno de Bachelet y la Nueva Mayoría ha sido un experimento social y político especialmente creativo y lleno de ideología. Con decisión inicial, aplicó la política de la retroexcavadora y en muchas áreas, en especial en educación, adoptaron públicamente la decisión de quitar los patines a los esforzados miembros de la clase media. El crecimiento económico ha sido mediocre y la creación de empleo prácticamente nula.
Publicado el 15.11.2017
Comparte:

Después de muchos meses, llegó la semana decisiva de las elecciones presidenciales y parlamentarias. ¿Qué se juega Chile este domingo 19 de noviembre?

La respuesta es simple y muy crucial: el país define la posibilidad de un gobierno de progreso para los próximos cuatro años, de recuperar la senda del desarrollo económico que distinguió a Chile por décadas, y de ampliar las oportunidades para los cientos de miles de compatriotas que con su esfuerzo y trabajo esperan un futuro mejor para ellos y sus familias.

Hemos tenido cuatro años de aprendizaje. El gobierno de Bachelet y la Nueva Mayoría ha sido un experimento social y político especialmente creativo y lleno de ideología. Con decisión inicial, aplicó la política de la retroexcavadora y en muchas áreas, en especial en educación, adoptaron públicamente la decisión de quitar los patines a los esforzados miembros de la clase media. El crecimiento económico ha sido mediocre y la creación de empleo prácticamente nula.

En un ambiente así lo peor que podría ocurrir es quedarse en la crítica estéril o caer en el pesimismo sobre las posibilidades del país hacia el futuro. Chile tiene enormes posibilidades, la riqueza de su territorio no ha cambiado y la preparación de su gente se ha incrementado, mientras sabemos que la economía y las instituciones gozan de prestigio internacional. Por lo mismo, es necesario partir de esa base y asumir el desafío de liderar el camino hacia el desarrollo con decisión política y liderazgo, y eso comienza a definirse el próximo 19 de noviembre.

Es un hecho conocido que Sebastián Piñera es quien aparece mejor posicionado en las encuestas y es casi seguro que volverá a ser el Presidente de la República a partir del 11 de marzo de 2018. Sin duda esa es la explicación de la intervención electoral del gobierno y sus ministros en los últimos días, así como de las críticas destempladas y falsas de Alejandro Guillier, el candidato de la continuidad de la retroexcavadora. Todo ello era previsible, no es grato, pero es parte de la elección. Ahora es necesario concentrarse en el último esfuerzo electoral, obtener una victoria importante a nivel presidencial y parlamentario, y asumir resueltamente los desafíos del futuro, que son muchos.

Desde el punto de vista de los objetivos, necesitamos generar las condiciones para que los chilenos vivan en justicia y libertad, desarrollen sus potencialidades y no vean frustrados sus sueños por el lugar donde nacieron o porque les negaron la posibilidad de recibir educación, atención de salud o una vivienda digna. Debemos tener un especial cuidado y preocupación por los niños antes de nacer, y durante sus primeros años de vida y de estudios; es necesario modernizar el Estado, para que se caracterice por un buen servicio en salud y en todas sus obligaciones, y no por un crecimiento desorbitado y un gasto descontrolado; que las plazas, las calles y las casas sean lugares seguros para las familias y rigurosos con los delincuentes. En definitiva, se trata de un gobierno que permita el progreso de Chile para que la gente viva mejor.

Este domingo 19 tenemos un desafío inmenso, como es ganar las elecciones presidenciales. Después viene otra tarea importante, que es responder a todos quienes piensan que vienen tiempos mejores, para permitir que Chile progrese en un ambiente de unidad, trabajo y bienestar.

 

Julio Isamit, coordinador político de Republicanos

 

 

FOTO: RODRIGO SOTO AZOCAR/AGENCIAUNO

 

Ingresa tu correo para recibir la columna de Julio Isamit