La efervescencia con que el discurso de los movimientos populistas coquetea con las juventudes europeas azotadas por el desempleo y la desesperanza ha comenzado a traspasar el Viejo Mundo, de ahí que inclusive en Chile nuevas agrupaciones los tengan como referentes de praxis y contenido político.
Publicado el 31.01.2015
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Con esta frase iniciaba Carlos Marx las líneas de su decisivo Manifiesto Comunista. Y así como señala el viejo adagio “la historia no se repite, pero rima”, hoy es posible retrotraernos en el tiempo para hablar de un nuevo fantasma que merodea por los foros políticos y los espacios de poder en el Viejo Continente. Esta vez no se trata del comunismo, sino del populismo, aunque bajo una modalidad más sofisticada.

El empleo del concepto populismo en relación al surgimiento de nuevos referentes políticos como Syriza en Grecia y Podemos en España, sólo por mencionar dos, no resulta del todo antojadizo. El politólogo norteamericano Kurt Weyland –uno de los estudiosos más prominentes en el tópico- ha sido particularmente claro en redefinir al populismo como una estrategia política, caracterizada por un liderazgo carismático con rasgos personalistas que ejercen una mediación política de carácter plebiscitaria con las masas inorgánicamente instituidas desde el punto de vista político (los indignados, por ejemplo). Estos líderes han de proteger al “pueblo” de un enemigo, que en el pasado fue la oligarquía, pasando a ser posteriormente la “clase política”, para, en el presente adquirir formas más refinadas como la denominada “casta”. Este es el concepto con el cual el hábil Pablo Iglesias, líder de Podemos en España, se refiere tanto a los miembros del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) como del PP (Partido Popular). Tanto para Syriza como para Podemos, esta lógica maniquea de encapsular la realidad política bajo un código binario de buenos y malos es de central utilidad a la hora de responsabilizar a la Troika (Unión Europea, Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) de la miseria y pauperización de los ciudadanos del sur de Europa. Sin lugar a dudas, éste ha sido el principal catalizador de su auge electoral.

Quizás el único elemento matizable de la estricta aplicación de la conceptualización populista para estos nuevos referentes sea su quiebre con la orientación anti-institucional, uno de los elementos más característicos y también cuestionados de los populismos latinoamericanos. Que, dicho sea de paso, son observados con un alto grado de admiración por parte de estos líderes europeos, del mismo modo como Rousseau admiraba al buen salvaje. A diferencia de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, Alexis Tsipras en Grecia e Iglesias en España operan sobre movimientos que en una extraña simbiosis de desafección y erudición política -no por nada los tres cabecillas de Podemos son catedráticos de Ciencia Política- pasan a constituirse en formas sofisticadas de conducción populista, al conocer perfectamente los elementos sociales a explotar y las contradicciones políticas por agudizar.

La efervescencia con que el discurso de estos movimientos coquetea con las juventudes europeas azotadas por el desempleo y la desesperanza ha comenzado a traspasar el Viejo Mundo, de ahí que inclusive en Chile nuevas agrupaciones los tengan como referentes de praxis y contenido político. Lo que hoy se constata a través de triviales gestos de admiración vía redes sociales posteriores al triunfo de Syriza en Grecia o el auge de Podemos en España, por parte de connotados líderes de la nueva izquierda nacional, será probablemente en cuestión de tiempo la adopción de sus usos y estrategias.

Esperemos que los defensores de la democracia liberal, los mismos que ilusoriamente sobre interpretaron a Francis Fukuyama, haciéndose parte del credo donde el aparente triunfo absoluto del mercado y la democracia liberal implicaría el fin de la historia, y subvaloraron a Antonio Gramsci, cuando precisamente él nos advertía que para la izquierda no hay nada absoluto en ésta, estemos lo suficientemente conscientes de la amenaza que representa este nuevo fantasma que ya no sólo recorre Europa, porque bien podría estar a la vuelta de la esquina.

 

Jorge Ramirez, Coordinador Programa Sociedad y Política Libertad y Desarrollo.

 

 

FOTO: CHAD MILLER / FLICKR