Es imposible evitar catástrofes naturales, pero sí es posible estar preparados para enfrentar de la mejor manera posible dichas emergencias. En ese sentido, lo ocurrido recientemente en el norte es el reflejo de una gestión gubernamental mediocre, que no ha sido capaz de enfrentar debidamente las catástrofes con que la naturaleza ha golpeado a Chile.
Publicado el 17.05.2017
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Esta semana el Gobierno se vio obligado a decretar estado de catástrofe en algunas comunas de las regiones de Atacama y Coquimbo, dado el temporal que las afectó hace pocos días. La intensidad de las lluvias dejó damnificadas a más de dos mil personas, las clases fueron suspendidas y se ha debido habilitar un buen número de albergues en las comunas afectadas.

Como es lógico, es imposible evitar catástrofes naturales como las que han afectado a gran parte del país en los últimos años. Sin embargo, sí es posible estar preparados para enfrentar de la mejor manera posible dichas emergencias. En ese sentido, lo ocurrido recientemente en el norte es el reflejo de una gestión gubernamental mediocre, que no ha sido capaz de enfrentar debidamente las catástrofes con que la naturaleza ha golpeado a Chile.

En primer lugar, es de especial gravedad constatar que parte importante de los afectados son personas que ya habían sido damnificados por el aluvión de 2015. Sin ir más lejos, en el sector de Paipote, comuna de Copiapó, se inundaron las mismas zonas que hace dos años y las lluvias encontraron a muchos vecinos De Diego de Almagro viviendo aún en campamentos de emergencia.

Eso nos lleva a considerar, en segundo lugar, cuál fue la intervención del Estado post catástrofe en esa ocasión. Por un lado, se prometió una inversión de US$1.500 millones para la reconstrucción, de los cuales sólo se ha materializado menos de un tercio, según denunció hace pocos días el senador Baldo Prokurica. Por otro lado, varias de las obras implementadas no resistieron la fuerza del agua, tal como ocurrió en Diego de Almagro. En Copiapó y Chañaral aún no se recupera la totalidad de los espacios públicos afectados.

Por último, una buena gestión gubernamental debe enfrentar la emergencia con todos los medios que la ley pone al servicio de la autoridad: limitar los eventuales daños de futuras emergencias estableciendo medidas definitivas como la construcción de piscinas de decantación o el fortalecimiento del cauce del río, que se desbordó en los mismos lugares donde ya lo había hecho en 2015.

Este año Copiapó, Chañaral, Diego de Almagro y varias otras ciudades tendrán que levantarse nuevamente, limpiar sus calles, reconstruir sus casas y recuperar sus espacios públicos. Los afectados harán la pega y saldrán adelante. Es de esperar que esta vez el Estado sí esté a la altura y cumpla con lo mínimo que se le exige.

 

Julio Isamit, coordinador político de Republicanos

 

 

FOTO: JUAN RIVERA/AGENCIAUNO

 

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