Chile necesita un buen gobierno que ponga al país nuevamente en la senda del desarrollo. Y para ello se necesita un Poder Legislativo comprometido con el progreso, que es el camino que los chilenos merecen. Esto no deben impedirlo ni un mal gobierno ni las malas leyes.
Publicado el 20.09.2017
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Septiembre es un mes de especial dinamismo. Recién ayer terminaban las celebraciones de las fiestas patrias, con el tradicional Te Deum Ecuménico y la parada militar, con millones de compatriotas festejando en fondas y ramadas. A partir de hoy, en cambio, septiembre entra en un período distinto, pero también marcado por el patriotismo y el espíritu cívico.

Se trata del período de campañas políticas, en que los candidatos a los Consejos Regionales, al Congreso y a la Presidencia de la República podrán exponer y difundir públicamente sus ideas y propuestas. A poco menos de dos meses de la elección, este período es especialmente relevante para que la ciudadanía conozca a sus candidatos y las razones que los mueven a involucrarse en la cosa pública.

De no mediar nada extraño, es muy probable que el próximo Presidente de Chile sea Sebastián Piñera. Así lo muestran las encuestas, así se aprecia en el ánimo del resto de los candidatos e incluso se deja de manifiesto en los audios filtrados del Frente Amplio, a propósito de la polémica por la candidatura de Alberto Mayol. Así las cosas, es muy importante para Chile Vamos y para la viabilidad política del próximo Gobierno ganar las elecciones para el Congreso Nacional, a fin de tener un equipo parlamentario que contribuya especialmente a tres cosas.

Primero, a dotar a nuestro Congreso Nacional del suficiente nivel intelectual, respeto por la institucionalidad, sentido común y una genuina vocación popular. Esto se hace cada vez más necesario cuando apreciamos a un buen número de parlamentarios incapaces de debatir más allá de las consignas y las descalificaciones, y a otros tantos que con tal de forzar la mano al Ejecutivo están dispuestos a aprobar normas descaradamente inconstitucionales para anotarse un “punto político”. Del mismo modo, el Congreso podría mejorar su reputación si las normas que de él emanan se impregnan —aunque sea un poco— del sentido común de los ciudadanos de a pie, teniendo ese sentido popular que contribuye a hacerles más fácil la vida a los chilenos, no más difícil.

En segundo lugar, el equipo parlamentario deberá saber mantener la “unidad en la diversidad”, conscientes de que al interior de nuestra coalición conviven visiones distintas sobre la persona y la sociedad, pero con el afán común de vivir en un país más libre y más justo. En este sentido, el nuevo sistema electoral —no exento de competencia— pone los incentivos en la colaboración con los compañeros de lista en vez de en su destrucción, que muchas veces terminaba por jibarizar a nuestra coalición y dificultaba el trabajo conjunto.

Por último, el próximo Congreso Nacional tendrá que colaborar a que Chile nuevamente tome la ruta del progreso. Esto significa ser aliado del Gobierno en las reformas que deberá presentar en materia tributaria, educacional o laboral, entre otras, para recuperar el tiempo perdido, pero también en una agenda que promueva la descentralización.

Chile necesita un buen gobierno que ponga al país nuevamente en la senda del desarrollo. Y para ello se necesita un Congreso comprometido con el progreso, que es el camino que los chilenos merecen. Esto no deben impedirlo ni un mal gobierno ni las malas leyes.

 

Julio Isamit, coordinador político de Republicanos

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO

 

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