Millones de personas celebramos una misma fecha; en los momentos complicados nos hemos tendido la mano y abrazado entre desconocidos; y durante décadas hemos logrado construir un Chile que es infinitamente mejor que aquel en el que crecimos, aun con todas las precariedades que todavía debemos resolver.
Publicado el 18.09.2015
Comparte:

Hay infinidad de formas de vivir nuestras Fiestas Patrias y un solo Chile para celebrar. Los Chiles encontrados y enojados son la caricatura que nos ha impuesto un sector minoritario del país y sobre la cual se ha construido un discurso sectario, que separa entre buenos y malos, entre leales y sediciosos, entre solidarios y codiciosos.

Aun en la diversidad que se ha multiplicado en las últimas décadas (¡Y salud por esa diversidad!), una mayoría de compatriotas y decenas de miles de extranjeros que han encontrado en esta tierra su lugar, compartimos deseos para Chile y trabajamos cada día para alcanzarlos. Un país para nacer en libertad, ciudades para crecer con dignidad y calidad de vida; oxígeno para progresar, con reglas claras y justicia social; una cultura que rechace la impunidad y autoridades que velen para que caminemos en paz y sin los cercos entre los cuales nos han obligado a dormir; confianza en nuestras instituciones; una educación que garantice que el talento y el mérito no estarán condicionados a la cuna; y una salud a la que accedan todos, que salve vidas y permita extenderla en condiciones razonables.

Es el gobierno el responsable de la paz social, de impulsar diálogos democráticos y respetuosos y de abrir espacios para que todos los sectores podamos contribuir a hacer de Chile ese país más justo, un mejor lugar para nacer, vivir y morir.

La Presidenta Bachelet y la Nueva Mayoría, a quienes el pueblo soberanamente dio el mandato de dirigir los destinos de Chile desde La Moneda y el Congreso, hasta marzo de 2018, tienen en estos días la oportunidad de dar señales muy concretas. Ya no es solo la celebración del Dieciocho, sino especialmente el terremoto que nos sacudió el miércoles en la noche, un hecho que se repetirá a lo largo de nuestras vidas y que siempre nos volverá a conectar con lo esencial.

Si el oficialismo quiere un Chile dividido, en un clima que parece acomodarle a un importantísimo sector de la izquierda, puede mantener las cosas tal como las ha conducido hasta ahora: gobernar para y con unos pocos, acordar reformas que afectan a una mayoría de chilenos a puertas cerradas, entre los parlamentarios oficialistas y los gremios del holding PC; dar portazos a los empresarios que levantan la voz cuando estrangulan su capacidad emprendedora (la misma que genera empleos y renta fiscal). Y, por cierto, mantener ese discurso setentero y profundamente antidemocrático, que acusa de sedición el ejercicio legítimo de la oposición y la opinión de quienes no estamos dispuestos a las medias tintas ante la irresponsabilidad, la inconsistencia, la frivolidad con la que se han tomado decisiones en estos 18 meses.

Si, por el contrario, la celebración más importante de nuestra patria y el remezón grado 8 de esta semana, han conectado a la Presidenta Bachelet, a sus ministros y a sus parlamentarios con lo más esencial de quienes representan, la oportunidad de rectificar está más abierta que nunca. Cuánto agradeceríamos que el gobierno enviara un mensaje de unidad, porque desde el más rico hasta el más modesto chileno estamos bajo su mandato; que además nos invitara a contribuir con pasión y respeto a reconstruir una vez más la huella de la naturaleza y a proponer mejores caminos para derribar las injusticias, que las malas e improvisadas reformas que persiste en imponer.

Esperaría que en un día como hoy, la Presidenta de mi país reconociera, en buenas cuentas, que el amor por Chile no es privativo del pequeño grupo que hoy se arroga exclusiva autoridad moral y crédito democrático.

Millones de personas celebramos una misma fecha; en los momentos complicados nos hemos tendido la mano y abrazado entre desconocidos; y durante décadas hemos logrado construir un Chile que es infinitamente mejor que aquel en el que crecimos, aun con todas las precariedades que todavía debemos resolver. Hemos podido eso y podemos mucho más porque somos, sobre todo, un pueblo de buena voluntad, que ama la libertad y que valora la unidad.

¡Viva Chile!

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO: SEBSTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO

Ingresa tu correo para recibir la columna de Isabel Plá