Sin un candidato presidencial popular que haga conveniente la idea de mantener con vida a la NM, los partidos crecientemente se culparán mutuamente del fiasco y buscarán diferenciarse para volver a cautivar a sus bases electorales.
Publicado el 26.01.2016
Comparte:

A unos días de que el Congreso se vaya de inmerecidas vacaciones, los ánimos al interior de la Nueva Mayoría están especialmente caldeados. Las rencillas entre el PDC y el PC han escalado al punto que incluso superan a las críticas de la oposición al oficialismo. Como madre que no quiere que los hijos se peleen pero que no sabe qué hacer para evitarlo, la Presidenta Bachelet observa cómo la coalición que ella fundó se hunde, pero no por los torpedos de la oposición, sino por los conflictos que ella no ha sabido dirimir.

Desde que volvió a Chile triunfalmente en marzo de 2013, Michelle Bachelet estaba determinada a tomar una hoja de ruta distinta a la que exitosamente privilegiaron los cuatro gobiernos de la Concertación (incluida su primera administración). De hecho, tan fundacional era su aire que una de las primeras cosas que hizo la entonces ex Presidenta después de volver al país fue dar por muerta a la Concertación y anunciar el nacimiento de la Nueva Mayoría. Su rápido cambio de posición respecto a la gratuidad en la educación superior (en sus primeras declaraciones dijo estar en contra para luego tomar la bandera de la gratuidad como tema central de su campaña) demostró que Bachelet estaba decidida a dejar atrás las políticas graduales y pragmáticas de la Concertación para remplazarlas con la improvisación y el dogmatismo, sellos distintivos de la Nueva Mayoría.

Como la candidata Bachelet gozaba de una enorme popularidad y aparecía como carta segura para las presidenciales, los partidos que se identificaban con más fuerza con la gradualidad y el pragmatismo de la Concertación celebraron el nacimiento de la nueva coalición y entusiastamente suscribieron el programa de reformas fundacionales que —aunque pocos leyeron— Bachelet impulsó con entusiasmo en campaña. La candidata que prometió “reformas y no reformitas”, y que aseguró que sería ella la que cortaría el queque cuando surgieran diferencias al interior de su coalición, alineó a todos los partidos detrás de su, entonces, popular figura.

Como los partidos están siempre más interesados en ganar elecciones que en defender principios, desde el PDC hasta el PC se alinearon disciplinadamente detrás de la candidata que les permitiría volver a gozar de los beneficios de ejercer el poder. Las discrepancias que entonces evidentemente existían respecto a las promesas y compromisos del programa fueron puestas de lado ante la innegable evidencia de que todos los partidos se beneficiarían del caudal de popularidad que emanaba de la imbatible candidata.  Incluso lideres razonables del PDC que ahora levantan la voz advirtiendo sobre los riesgos de cumplir las promesas del programa, entonces guardaron silencio. El propio Andrés Velasco, principal responsable del exitoso primer cuatrienio de Bachelet, terminó haciendo campaña y llamando a votar por la candidata de la NM (a sabiendas de lo que decía el programa y de lo que quería hacer Bachelet).

Pero como en cualquier cuento de hadas, cuando se acabó el encanto y la imagen de Bachelet dejó de representar un caudal de votos, la realidad terminó por imponerse. Los partidos ahora huyen de la figura de una Presidenta que ha perdido liderazgo y titubea entre impulsar sus ambiciosas promesas y sus proyectos fundacionales o hacerse cargo de la realidad mucho menos auspiciosa que enfrenta el país.  Algunos podrían decir que, igual que en el cuento de hadas del traje nuevo del emperador, el caso Caval dejó en evidencia que la emperadora estaba desnuda y que la Nueva Mayoría no tenía raíces ni columna vertebral.

Ante la cruda realidad, ya no tiene sentido pretender adherencia al programa ni fingir simpatía por los otros miembros de la coalición que se subieron al carro de la victoria de Bachelet que ya se quedó sin gasolina. De ahí que las peleas al interior de la NM se multipliquen y la virulencia de los ataques vaya en aumento. Cuando no hay ni misión común ni candidato popular que pueda generar nuevamente el hechizo con la ciudadanía que llevó a Bachelet a la presidencia, no hay razón para evitar que se hunda el barco. Lo más natural es aplicar la lógica del sálvese quien pueda. Los partidos de la NM están actuando en consecuencia con la misma lógica oportunista que los llevó a alinearse detrás del liderazgo de Bachelet y a suscribir las ambiciosas pero ambiguas promesas del Programa de Gobierno de la NM. Ahora que Bachelet es un sol que se esconde, cada partido busca lo que más le conviene para su futuro.

Sin un candidato presidencial popular que haga conveniente la idea de mantener con vida a la NM, los partidos crecientemente se culparán mutuamente del fiasco y buscarán diferenciarse para volver a cautivar a sus bases electorales que se compraron la idea de una nueva coalición que expandiría derechos a granel y ahora ven que el barco está, sin capitán, a la deriva. El último día, cuando ya no hay futuro en común, todos se enojan con todos antes de dejar el barco.

 

Patricio Navia, Foro Líbero y académico Escuela de ciencia Política UDP.

 

 

FOTO: RAUL ZAMORA/AGENCIAUNO.

Ingresa tu correo para recibir la columna de Patricio Navia