Como populista que es, Trump utiliza hechos reales para dar explicaciones falsas que apelan y alimentan los sentimientos más bajos del ser humano: el resentimiento, la frustración y el miedo. De eso debemos protegernos con información.
Publicado el 04.03.2017
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Hace unos días el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un acto ante sus seguidores, defendió las restricciones migratorias que está implementando su Gobierno e hizo referencia a un supuesto incidente de terrorismo en Suecia.

Trump afirmó lo siguiente: “Esto es lo importante. Tenemos que mantener nuestro país seguro. Mirad lo que está pasando. Tenemos que mantener nuestro país seguro. Mirad lo que está pasando en Alemania. Mirad lo que pasó anoche en Suecia. ¡Suecia! Quién podría pensarlo… ¡Suecia! Han acogido a muchos -refugiados-. Están teniendo problemas que nunca creyeron posibles. Mirad lo que está pasando en Bruselas. Mirad lo que está pasando en todo el mundo”.

Así, mientras hablaba de terrorismo, Trump mencionó un incidente que según él había acontecido la noche anterior en Suecia. Pero no era cierto. Esa noche no había habido ningún incidente en el país nórdico.

Los propios suecos fueron los primeros sorprendidos con el incidente de seguridad inventado por Trump. Además, era inaceptable que sorpresivamente el Presidente de los Estados Unidos opacara la imagen idílica que se tenía de Suecia y, mientras en las redes sociales hervía la noticia, una de las reacciones más destacadas en Twitter fue la del ex primer ministro sueco Carl Bild (1991-94), en la cual se preguntaba sobre Trump: “Suecia? Ataque terrorista ¿Qué ha fumado?”

Pero Trump no se quedó en silencio. El lunes 20 envió el siguiente tuit: “Denle al público un descanso – Los medios de las NOTICIAS  FALSAS están tratando de decir que la inmigración en gran escala de Suecia está funcionando maravillosamente. ¡NO!

A las pocas horas, un arresto desataba disturbios en Rinkeby, un suburbio con mayoría de población inmigrante en la ciudad de Estocolmo. Todo comenzó debido a la detención de un sospechoso por narcotráfico, lo que motivó que decenas de personas incendiaran automóviles y saquearan tiendas. Trump erró por horas. Evidentemente, la inmigración no ha estado funcionando “maravillosamente” en Suecia. ¿Significa esto que Trump tenía razón en su interpretación de los hechos, es decir, apuntando a la inmigración en sí misma como la causa de los problemas de Suecia? No.

Incidentes como los aludidos no son nuevos en Suecia. La formación de barrios donde se concentra población inmigrante con muy baja inserción laboral y una alta dependencia de los diferentes sistemas de subsidios es una realidad patente en el país. Su distancia cultural —son mayoritariamente de cultura islámica—, profundiza el sentimiento de estar viviendo en Suecia sin ser parte de ella. Fue justamente en estos barrios donde se originaron los grandes motines urbanos de 2013, que no fueron más que una manifestación concentrada y espectacular de la frustración, inseguridad y violencia cotidiana que hoy caracteriza a estas áreas de exclusión. En 2002 había 136 barrios de “exclusión social” (utanförskapområden, es la forma sueca de denominarlos), caracterizados por una baja incorporación de sus habitantes al mercado laboral, altos niveles de fracaso escolar y poca participación electoral. En 2012 el número de estos barrios llegaba a 186 y en ellos vivía más de medio millón de personas. Esta formación de una gran cantidad de zonas de exclusión es un subproducto de una intensa inmigración que ya lleva varios decenios. A fines de 2016, casi 1,8 millones de personas nacidas fuera de Suecia residían legalmente en su territorio. Si sumamos a los hijos de estas personas, nacidos en Suecia, llegamos a unos tres millones. Ello representa el 18% y el 30%, respectivamente, de la población total del país.

Usted se preguntará si Donald Trump tiene razón, si el problema en Suecia y en el mundo son los inmigrantes. En el caso de Suecia, Andreas Bergh, profesor de Economía de la Universidad de Lund, descarta los motivos más simplistas que acostumbran a darse: como el racismo, la xenofobia o la discriminación. Muy por el contrario, todas las comparaciones disponibles muestran que Suecia se destaca por sus bajos niveles de discriminación formal y real, así como por la ausencia relativa de fuertes sentimientos xenófobos y racistas. También descarta las eventuales carencias educativas como posible explicación, ya que los extranjeros llegados a Suecia muestran, en promedio, niveles de formación muy superiores a aquellos afincados en países que no exhiben una situación comparativa tan desfavorable para los inmigrantes.

A juicio de Bergh, todo indica que son las estructuras del mercado laboral las principales responsables del significativo diferencial de ocupación y desempleo, lo que se debe, esencialmente, al control casi total de los sindicatos sobre las condiciones de trabajo. Ello ha llevado a escalas salariales poco diferenciadas que, junto a una alta carga tributaria, limitan la creación de nuevos empleos, especialmente los de baja productividad, que son habitualmente los que sirven a los inmigrantes como puerta de entrada al mercado laboral.

Es la situación laboral de muchos grupos de inmigrantes, sin duda, la causa más profunda de la situación de exclusión y segregación que los afecta. Bajo esas condiciones, y con esos padres degradados y reducidos a la indignidad, han nacido y crecido muchos de aquellos jóvenes que hoy se enfrentan con la policía y siembran la devastación en sus propios suburbios. Son las víctimas del egoísmo sindical y de la política asistencialista. Han crecido en barrios donde prácticamente solo viven inmigrantes que comparten la exclusión más profunda y donde la falta de trabajo constituye la normalidad.

Por ello no es de extrañar que en 2016 la tasa de desempleo de los inmigrantes fuera cinco veces superior a la de la población adulta de origen sueco (25-54 años). Este ha sido el precio de las reformas que ni socialdemócratas ni conservadores se han atrevido a realizar, a fin de no desafiar el poder de los sindicatos. A ese precio hay que sumarle el rápido ascenso de un partido, Sverigedemokraterna (Los Demócratas Suecos), que ha hecho del fracaso de integrar a una parte significativa de los inmigrantes la base de su plataforma política, al más puro estilo Donald Trump.

Trump no habla sobre los verdaderos motivos detrás de las revueltas callejeras en los suburbios de las principales ciudades de Suecia. Sino como populista que es, utiliza hechos reales para dar explicaciones falsas que apelan y alimentan los sentimientos más bajos del ser humano: el resentimiento, la frustración y el miedo. De eso debemos protegernos con información.

 

Mónica Mullor

 

 

REUTERS/David Becker – RTX2GYKG