Lejos de figuras como Lincoln, Eisenhower o Reagan, Trump está empujando a los republicanos hacia un precipicio. Es de esperar que no acabe arrastrando a todo Estados Unidos a un destino similar.
Publicado el 07.08.2016
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A prácticamente 100 días de la elección presidencial estadounidense, el Partido Republicano enfrenta uno de los peores escenarios de su historia: qué hacer con Donald Trump.

Hay que reconocer que contra todos los pronósticos, Trump fue capaz de dejar en el camino a 16 precandidatos más durante el período de primarias. Porque al comienzo, muchos consideraron que su campaña no sería más que una nueva excentricidad de un millonario egocéntrico.

A pesar de eso —y ante el horror del establishment del partido—, llegó hasta la convención republicana donde fue proclamado como candidato presidencial. Pero su “coronación” estuvo llena de sombras. Ted Cruz, por ejemplo, se negó a manifestar públicamente su apoyo a Trump, y la ausencia del “clan Bush”, que tiene entre sus filas a los dos últimos mandatarios republicanos vivos, se hizo sentir con fuerza.

Durante su precandidatura, su virulencia se convirtió casi en una marca registrada. Se peleó con los latinos en general —y los mexicanos en particular—, con los musulmanes, con el Papa Francisco, con las mujeres, con los veteranos de guerra… Un verdadero registro de conductas políticamente incorrectas en un hombre que aspira a ocupar la presidencia del país más poderoso del planeta.

El último episodio lo protagonizó con los padres de Humayun Khan, soldado musulmán estadounidense muerto en Irak, quienes durante la convención demócrata le reprocharon públicamente su conducta y sus dichos. Las virulentas respuestas de Trump duraron cuatro días.

Y no contento con eso, posteriormente se negó a respaldar a Paul Ryan, presidente de la Cámara Baja; y al senador John McCain, ex candidato presidencial y ex prisionero durante la Guerra de Vietnam, en sus respectivas campañas a la reelección; dos figuras emblemáticas del partido.

Lo que al comienzo parecía solo un mal chiste, hoy se ha transformado en una pesadilla. Lejos de darle una imagen fresca y renovada a los republicanos, Trump ha generado una abierta aversión al Grand Old Party (GOP, como es conocido en inglés). Muchos de sus miembros han declarado que derechamente no votarán por él y no pocos han asegurado que incluso prefieren darle su apoyo a Hillary Clinton, la candidata demócrata.

Trump ha fracturado de manera profunda al Partido Republicano, que a regañadientes acabó aceptando que él fuese su carta para volver a la Casa Blanca. Sin embargo, el precio ha sido demasiado alto. Y las versiones de una supuesta renuncia voluntaria —o de presiones para que renuncie— demuestran el abismo que se ha abierto entre él y el partido.

El reciente video de Trump expulsando a una madre con su guagua (porque lloraba demasiado, según él) durante un acto de campaña en Virginia, se suma a la larga serie de episodios en que ha dejado de manifiesto su carácter irascible y cambiante.

Robert Kagan, analista de la Brookings Institution y ex asesor del gobierno de George W. Bush, aseguró en una reciente columna en The Washington Post que Trump “no solo es incapaz de tener empatía. No es solo que él siente que debe responder a todas las críticas que recibe atacando y denigrando a su crítico, sin importar cuán pequeño o insignificante sea. Si usted es un republicano, el verdadero problema, y lo que debería mantenerlo despierto por las noches mientras avanzamos hacia los últimos 100 días de esta campaña, es que el hombre no puede controlarse a sí mismo. No puedo contenerse, incluso cuando es manifiestamente en su interés hacerlo. Lo que es más, sus patologías psicológicas son en última instancia autodestructivas”.

Y Kagan agrega: “Imagínese una persona así como Presidente. Lo que hemos visto en la campaña de Trump no es solamente una manera efectiva de provocar la ira en la gente. También es un defecto de su personalidad que ha tenido la capacidad de provocar ira. Y debido a que es un defecto y no una táctica, seguirá afectando el comportamiento de Trump en la Casa Blanca”.

Lejos de figuras como Lincoln, Eisenhower o Reagan, Trump está empujando a los republicanos hacia un precipicio. Es de esperar que no acabe arrastrando a todo Estados Unidos a un destino similar.

 

Alberto Rojas, director del Observatorio de Asuntos Internacionales, Facultad de Comunicaciones y Humanidades, Universidad Finis Terrae.