Pasada la Copa América, con o sin el trofeo en casa, poco hace prever que el Ejecutivo pueda volver a ponerse de pie.
Publicado el 03.07.2015
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El sábado la Copa América será historia. De perder Chile, despertaremos con tristeza en un país que por 24 días tuvo su atención puesta en el torneo. Por el contrario, si La Roja gana, tendremos algunos días más de fiesta, comenzando con un domingo desenfrenado y continuando con una semana cargada de visitas a La Moneda, actos oficiales, concentraciones espontáneas, entrevistas y declaraciones propias de un suceso histórico.

Pero, sea cual sea el resultado, en pocos días más se sabrá si el gobierno de la Nueva Mayoría –y en especial la Presidenta Michelle Bachelet– supo capitalizar las enormes ventajas que entrega la organización de un evento deportivo de esta envergadura.

Comunicacionalmente, la presencia de la Mandataria en los partidos del seleccionado nacional parece haber rendido frutos. Para los más optimistas y demoscópico-obsesivos, se traduce en cinco puntos ganados en la encuesta Cadem, algo atendible, aunque ponderable, en un track semanal que cuenta con un margen de error superior al 3%.

Sin embargo, la estrategia –suponiendo que la hay– es un arma de doble filo, pues la figura de la Mandataria sólo ha sido expuesta en selfies viralizables y efímeras apariciones televisivas, pero jamás en las pantallas del estadio, presumiblemente por temor a un abucheo generalizado. Al no contar con el “aplausómetro” de los asistentes a los partidos, sólo queda como termómetro la reacción para nada representativa de las redes sociales, la que de todos modos ha sido mayoritariamente crítica hacia Bachelet, en especial por sus ya habituales visitas al vestuario nacional, emulando posiblemente y de manera bastante criolla y excesiva lo hecho por Angela Merkel en la Copa del Mundo 2014.

El equipo comunicacional de Bachelet, en definitiva, más que proteger a la primera autoridad del país, ha decidido ocultarla. La estrategia –insisto, si la hay– no ha sido sacar provecho del evento, sino más bien evadir riesgos. Eso parece más bien una torpeza en un escenario en el que son los atributos personales de la Presidenta los que la trajeron de vuelta y que en medio de la crisis mantienen a flote el buque.

La misma encuesta Cadem, si bien muestra esa alza en el apoyo a la que se hacía referencia, confirma por el contrario que el carisma, autoridad, liderazgo, confianza y dedicación de la Mandataria siguen siendo propiedades de su personalidad cotizadas a la baja.

En lo político, el país no alcanzó a saborear el cambio de gabinete y el tan proclamado giro al centro y erradicación de la retroexcavadora, cuando se vivió la renuncia de un ministro y la demora inentendible en el nombramiento de su reemplazante que, finalmente, fue Nicolás Eyzaguirre, ministro encargado desde inicios del gobierno de llevar adelante una de las reformas estrella del programa y quien pasa, desde la Secretaría General de la Presidencia, a coordinar y agilizar la agenda de probidad y a ser el hombre de confianza de Bachelet. Una jugada audaz que fija un nuevo eje gravitacional en el equipo político que nada feliz debe tener a Jorge Burgos, la revelación del primer ajuste ministerial. Por muchas fotos de buena crianza y apretones de mano, el riesgo de roces fuertes al interior del gabinete y en concreto en el equipo político es un traqueteo al que habrá que ponerle atención.

En definitiva, pasada la Copa América, con o sin el trofeo en casa, poco hace prever que el Ejecutivo pueda volver a ponerse de pie. Es posible que el caso Caval deje de revolotearle directamente a la Presidenta en la cara –algo difícil con lo que se pueda saber tras el fin del secreto de las declaraciones ante el fiscal– y que los desafíos en políticas públicas como delincuencia pueden ser una oportunidad para Bachelet de volver a estar “en su salsa”, pero la crisis de la clase política y el clima apesadumbrado de la ciudadanía parecen una herida aún demasiado abierta, no obstante el vendaje futbolero de estos días.

 

Alberto López-Hermida, Doctor en Comunicación Pública y Académico Universidad de los Andes.

 

 

FOTO: RODRIGO SÁENZ/AGENCIAUNO