Hoy el gobierno dice estar estudiando la posibilidad de vetar los pactos de adaptabilidad, y con ello, darle la espalda nuevamente a las mujeres de nuestro país, para quienes el trabajo no es solo una fuente de ingreso, sino también una fuente de dignidad e independencia para evitar situaciones de poder o violencia.
Publicado el 07.05.2016
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A fines de abril, la Presidenta Bachelet anunció que el ejecutivo está elaborando propuestas para impulsar el acceso de la  mujer al mercado laboral, pues es fundamental para aumentar el crecimiento y la productividad en nuestro país.

Qué duda cabe que este anuncio se basa en la pobre realidad laboral de la mujer en Chile: solo el 32% de las mujeres tiene continuidad laboral; el 19% de la fuerza laboral femenina está representada por trabajadoras por cuenta propia cuyo ingreso promedio mensual son $197 mil; el 36% de las mujeres están inactivas por razones familiares (frente a un 2% de los hombres) y el desempleo femenino alcanzó un 11%.

Esta realidad no es sorpresa para el mundo político. Ellos hace mucho que lo saben y las propuestas para impulsar el talento femenino en Chile son promesas que se vienen escuchando hace mucho, sin embargo, muchas de ellas se las lleva el viento, lo que demuestra una triste realidad: las mujeres chilenas no tiene voz. Mientras sectores de nuestra sociedad son escuchados al salir a las calles o paralizando actividades fundamentales para los chilenos, ellas deben permanecer en silencio, pues deben velar por el cuidado de su familia y de su hogar.

Durante el trámite de la reforma laboral, la Fundacion ChileMujeres propuso, dentro del marco de los pactos de adaptabilidad, jornadas especiales para trabajadores con responsabilidades familiares. Estas jornadas buscan lograr una mayor adaptabilidad laboral -entendida como la posibilidad que los trabajadores puedan ajustar su realidad laboral con las necesidades de su vida personal- y así incentivar la contratación y permanencia de la mujer en el mercado laboral. Estos pactos fueron aprobados por unanimidad tanto en el Senado como en la Cámara, demostrando el interés transversal por el trabajo femenino y el fortalecimiento de los vínculos personales en el cuidado de los hijos para la construcción de una sociedad más sana.

Sin embargo, hoy el gobierno dice estar estudiando la posibilidad de vetar los pactos de adaptabilidad, y con ello, darle la espalda nuevamente a las mujeres de nuestro país, para quienes el trabajo no es solo una fuente de ingreso, sino también una fuente de dignidad e independencia para evitar situaciones de poder o violencia. Nuevamente, las promesas del mundo político para con ellas quedarían convertidas en lindas palabras e interesantes propuestas, que nada las ayudan en su vida diaria ni mejoran sus redes de apoyo. Con el veto presidencial la presidenta Bachelet estaría vetando el empleo femenino en Chile.

Es hora de que se actúe con consecuencia. Si la Presidenta Bachelet busca impulsar el trabajo femenino, no se entiende que su gobierno evalué vetar a ciegas una indicación que apunta a lo mismo. Si el gobierno dice tener anhelo de mayor equidad, recordemos que todos -hombres y mujeres, padres y madres-  deben tener la misma oportunidad de acceso al mercado laboral. Si hablamos de justicia, debemos dar a todos los trabajadores con responsabilidades familiares las condiciones para su desarrollo personal, profesional y familiar, mediante el reconocimiento de sus méritos y esfuerzos.

Las mujeres en Chile llevan demasiado tiempo en silencio y su realidad laboral inalterada. Le pedimos con mucha fuerza a la Presidenta Bachelet -única Presidenta mujer en la historia de nuestro país- y a su gobierno que desistan el veto sobre las jornadas especiales para trabajadores con responsabilidades familiares y que por fin se pavimente un camino de mayores oportunidades laborales para la mujer en Chile y poder así trabajar hacia una patria más sana, equitativa y justa.

 

Verónica Campino, Co-fundadora Fundación ChileMujeres.

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO D./AGENCIAUNO