El 70% del país llora porque desaprueba la gestión del gobierno encarnado en la Presidenta. Las personas están trabajando todo lo que pueden en una economía que está detenida y llena de desconfianzas.
Publicado el 21.07.2016
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Frase célebre del ministro de Hacienda Rodrigo Valdés, que emitió el martes de esta semana a raíz de la visita a una fábrica en Quilicura. Esta es una desconexión con la realidad que se inscribe junto a “los poderosos de siempre” que impulsó el gobierno a través de un video que promocionó el ministro de Hacienda Alberto Arenas, entre las desafortunadas frases que dejan ver la falta de empatía con los problemas que está viviendo nuestro país.

Tanto el ministro actual como el anterior conocen del rol que tienen las expectativas en el accionar de los agentes económicos, me consta que lo saben porque fuimos compañeros de curso en la universidad, pero así y todo se dan el lujo de emitir estas frases que en nada se condicen con la realidad que vive nuestra economía.

Vamos por parte. Los “poderosos de siempre” era un ataque ideológico a críticas técnicas sobre los efectos de la reforma tributaria en el crecimiento económico. El gobierno, a través del video que impulsó ex ministro Arenas, lo usó como defensa a los cuestionamientos de los economistas de derecha y los de la Concertación le decían que la reforma impulsada estaba mal hecha y que detendría violentamente el crecimiento económico.

¿Resultado? La economía detuvo su crecimiento de 3,5 a 2,2%. Esto fue advertido muchas veces y en todos los tonos y formas, pero era más fácil culpar a las críticas opositoras –e incluso las de economistas oficialistas- que hacerse cargo de que todo cambio tributario afecta siempre, no a veces, siempre, a las personas comunes y corrientes, incluso aquellas a las que dicen proteger y ayudar con la mayor recaudación.

El argumento es simple. El Estado es una estructura jurídica que no tiene ingresos propios, todos los recursos que usa los saca directamente de las billeteras de las personas, ricos y pobres. Cuando hay aumentos de impuestos, esos se traspasan automáticamente a los precios, con lo que las personas siempre terminan pagando más.

Ahora se suma la perla comunicacional del ministro Valdés, “trabajar más y lloriquear menos”. Esta frase muestra la total desconexión que tiene el gobierno con lo que está sucediendo en la economía. Señales de que la gente ni los empresarios están creyendo en el gobierno hay muchas y en todas partes. Sin ir mas lejos, el 70% del país llora porque desaprueba la gestión del gobierno encarnado en la Presidenta. Las personas están trabajando todo lo que pueden en una economía que está detenida y llena de desconfianzas.

La economía es un reflejo de la gestión que hacen los actores económicos y las señales que envían al mercado, pero además nunca hay que olvidar que las personas actúan motivadas por lo que leen, entienden y perciben, en el fondo, de las expectativas que tienen sobre el presente y su futuro.

Cuando el crecimiento económico está detenido, el desempleo aumenta y los temas sociales van de tumbo en tumbo, poco les queda que ponerse a llorar.

Cuando se prometió gratuidad universal en la educación superior y ahora se dice que no se podrá, porque los dineros no alcanzan, resulta obvio que eso genere desconfianza. Sobre todo porque se hizo una reforma tributaria para financiarla y hoy sabemos que no alcanza.

Las miles de familias de clase media que con esfuerzo envían a sus hijos a colegios particular subvencionados también terminaron perdiendo esa opción con la reforma educacional, ya que el resultado es que esos colegio desaparecerán gradualmente y volveremos a un sistema educacional segregado entre colegios públicos y privados, sumando más desconfianzas.

Una reforma laboral que tuvo detractores no solo en la oposición, sino que en los mismos sindicatos que llegaron a decir: “Bárbara Figueroa sobre reforma laboral: Es tan ambigua la propuesta que habría judicialización”. Con estas afirmaciones, ¿qué se genera entre empresarios y trabajadores? De nuevo, desconfianza.

El país está en un ambiente que en nada ayuda a mejorar las expectativas, día a día hay algo nuevo que altera el ánimo de las personas e incluso la rabia, cuando se destapa un escándalo como las abultadas pensiones en Gendarmería y las imágenes de televisión donde gendarmes se pelean con carabineros por protestas de los primeros, resulta ser que las personas ya no confían en nada, no gastan en consumo privado y las empresas ven reducida su demanda por productos y se genera desempleo, por lo que solo queda llorar.

 

William Díaz, economista.

 

 

FOTO: ALVARO COFRE/AGENCIAUNO