En un país donde la productividad es baja y el crecimiento disminuye, me parece una falta de responsabilidad y una desconexión con la realidad económica el planteamiento de acortar la jornada laboral, al menos hoy.
Publicado el 08.04.2017
Comparte:

Recién ha entrado en vigencia la reforma laboral y la diputada Camila Vallejo ya presentó un nuevo proyecto de ley que busca rebajar de 45 a 40 horas la jornada laboral semanal. Ahora me doy cuenta de que, por primera vez, estoy de acuerdo con alguien del Partido Comunista: ¿qué mejor que trabajar menos y ganar lo mismo?

Sus tentadores argumentos son casi irresistibles: la jornada más corta nos permitiría tener más tiempo para estar con la familia y los amigos, para leer y divertirnos, o sea, para compartir y vincularnos. Además, como a los chilenos nos encanta compararnos con países de la OCDE, lo cierto es que todos ellos trabajan menos y producen más, entonces, ¿por qué nosotros no podríamos hacer lo mismo?

Así es que, ¡bienvenida la propuesta de Camila! ¿O no?

La preocupación de la diputada de alguna manera ya la recoge la reforma laboral aprobada el año pasado. Recordemos que nos permitirá negociar la jornada laboral para trabajar cuatro días y descansar tres. Claro, solo en aquellas empresas que estén sindicalizadas en un 30%, pero ese es otro tema. En este escenario, podríamos tener todos los fines de semana largos, con harto tiempo para el ocio y con ello satisfacer también lo que plantea nuestra diputada.

No obstante, en un país donde la productividad es baja y el crecimiento disminuye, me parece una falta de responsabilidad y una desconexión con la realidad económica el planteamiento de acortar la jornada laboral, al menos hoy.

Pero no todo está perdido. Hace unos días el círculo de innovación de ICARE presentó la mesa redonda “Innovación en las organizaciones”. Pudimos ver que en Chile ya tenemos experiencias laborales mucho más completas y satisfactorias que, en vez de proponer la disminución de horas, o fines de semana largos, han adoptado sistemas de trabajo flexible, donde lo importante es “estar presente” en cualquier lugar y en cualquier momento dentro del horario del trabajo, además de trabajar en equipo y ser productivo, aprovechando las tecnologías y en un ambiente de respeto.

Los resultados impresionan. Aparte de mejorar la productividad en las empresas, se fortalece el compromiso de las personas con sus tareas, y hay menos rotación y pérdida de talentos. Además, este sistema ha permitido que más mujeres lleguen a puestos directivos, dado que se logra un excelente balance entre la vida laboral y la personal. La gente trabaja contenta y disfruta de lo que hace, algo que le preocupa especialmente a la diputada Vallejo.

Y no sólo eso. Como se puede trabajar desde cualquier lugar, no hay que desplazarse todos los días, con lo cual se cuida el medioambiente, hay ahorro de costos en la empresa -menos oficinas y almuerzos, por ejemplo- y, por tanto, los servicios son más eficientes.

Lo importante es que no sigamos pensando en nosotros -los trabajadores- como niños. Ya somos grandes. Yo creo que podemos apostar por relaciones laborales maduras y comprometidas. Ese cambio de cultura no es fácil ni rápido, pero ya se está dando. Sin cambiar ninguna ley, hoy es posible generar relaciones laborales de confianza y, en vez de trabajar menos, trabajar mejor.

 

Carolina Martínez