El INE entregó el resultado de la VIII Encuesta de Presupuesto Familiar, lo que permite elaborar políticas públicas más eficientes para ayudar a los más necesitados.
Publicado el 04.07.2018
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Hace algunos días, el INE entregó el resultado de la VIII Encuesta de Presupuesto Familiar, en donde se determina cuál es el nivel de gasto familiar mensual, así como el desglose de los bienes y servicios en los cuales ocupamos nuestro dinero. Esta información permitirá actualizar la canasta del IPC, iniciándose la medición del cambio en el costo de la vida con esta nueva canasta a partir del próximo año.

El gasto promedio de un hogar fue estimado en $1.121.925 mensuales, lo que se financia con los ingresos que generan las personas que lo componen, incluyendo los salarios de los que están en el mercado del trabajo y pensión si la hubiese. En el caso del primer quintil, esto es, el 20% más pobre, el gasto promedio es de $595.114 mensuales, mientras que en el quinto quintil, el 20% más rico, es de $2.194.080 al mes, con lo cual la brecha de gasto es de 3,7 veces. Ahora bien, gran parte de esta brecha la explica la escolaridad del jefe de hogar: en el caso de haber llegado sólo hasta cuarto medio, el ingreso obtenido es de 800 mil, mientras que un profesional obtiene $1,9 millones mensuales y los que tienen un magister se empinan a los $3,5 millones al mes. De esta manera, no nos debe extrañar que en el primer quintil sólo el 6% tiene educación superior, mientras que en el quinto quintil el 55% de los adultos tiene un grado universitario. De hecho, es bastante habitual que exista una alta correlación en el grado educacional que tiene una pareja, por lo cual si uno de cónyuges tiene un grado universitario es muy probable que el otro cónyuge también lo tenga. Dicho de otra manera, es muy improbable que una persona que tiene un magister forme una pareja con alguien que tiene sólo enseñanza básica. Así, en el quinto quintil es más probable que en el hogar ambos padres sean universitarios, ambos trabajen y probablemente no tengan muchos hijos. En cambio, en el quintil más pobre, ambos padres tendrán educación media incompleta, sólo uno está en el mercado del trabajo y además tienen más niños que en los hogares de altos ingresos.

Ahora bien, al analizar la canasta de consumos surgen diferencias importantes, tales como el porcentaje del presupuesto que se dedica a comprar alimentos y bebidas no alcohólicas, ya que en el primer quintil el 26,8% del presupuesto se destina a esos bienes mientras que en el quinto quintil el porcentaje alcanza a 13,04%. Esto es evidente ya que al aumentar el ingreso familiar, el gasto en alimentación no sube en igual proporción; es decir, si a un trabajador le duplican el sueldo, no duplicará su gasto en alimentos. Es probable que eleve su gasto al incorporar productos de mejor calidad, pero no lo hará en toda la proporción del aumento del sueldo, con lo cual el porcentaje comienza a reducirse paulatinamente. En cambio, en el ítem bebidas gaseosas vemos el fenómeno inverso, ya que en los hogares más pobres gastan el 1,23% del presupuesto en ese producto, mientras que en los hogares ricos el porcentaje es de sólo 0,5%. Dado que parte importante son bebidas azucaradas, no debe sorprendernos que la creciente obesidad se concentre en personas de menores ingresos.

Por último, una curiosidad que surge de la encuesta en relación al consumo de estupefacientes, ya que en el caso de cocaína y pasta base en los hogares pobres se dedica el 0,03% de presupuesto mientras que en los hogares ricos el porcentaje alcanza a 0,01%. En el caso de marihuana es en el cuarto quintil en donde el porcentaje de gasto es el más elevado, llegado a 0,03%.

De esta manera, esta encuesta de presupuesto familiar, junto a la Casen, que será entregada en septiembre próximo, nos entregan valiosa información sobre la evolución del ingreso y gasto de os hogares chilenos, con lo cuales podremos elaborar políticas públicas más eficientes para ayudar a los más necesitados.

Tomás Flores, académico Universidad Mayor