La Presidenta actúa como si mirara a Chile desde la estrechez del backstage en un concierto. Sabe lo que sucede en el escenario y en las dos primeras filas, pero ignora qué hay más allá de ese espacio, qué se dice, qué se piensa, y sobre todo, qué se siente.
Publicado el 21.10.2016
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Tenía la intención de dedicar esta columna a mandar un mensaje más edificante, a dos días de las municipales de 2016. Quería felicitar a esos cientos de hombres y mujeres que estuvieron dispuestos a ser candidatos a alcaldes y concejales, incluso cuando tienen muy pocas posibilidades de ser electos, y agradecerles su decisión, sobre todo —porque los siento mis cercanos— a los que compiten en listas de Chile Vamos (UDI, RN, Evópoli y el PRI).

Sin embargo, es tan incidente para Chile lo que ocurre en La Moneda y son tan desconcertantes las decisiones presidenciales, que me siento obligada a cambiar el objetivo de esta magnífica tribuna.

Si ha habido consenso político en algo estos últimos años, ha sido en la irrelevancia del movimiento de ministros que realizó el miércoles la Presidenta Bachelet, muy lejos del cambio de envergadura que se esperaba. No fue una señal poderosa que, a cuatro días de las Municipales 2016, la excuse ante los chilenos por la cadena de incompetencias, malas decisiones e indiferencia con que ella y sus cercanos actúan frente a problemas reales y severos que afectan la vida de las personas.

La Presidenta actúa como si mirara a Chile desde la estrechez del backstage en un concierto. Sabe lo que sucede en el escenario y en las dos primeras filas, pero ignora qué hay más allá de ese espacio, qué se dice, qué se piensa, y sobre todo, qué se siente.

Hace una semana Bachelet se sorprendía en una radio por el revuelo que generó el error en el traslado del domicilio electoral de medio millón de chilenos. Cuarenta y ocho horas después, firmaba un proyecto de ley express para facultar al Servel a adoptar las medidas necesarias para revertir el problema. No entendió oportunamente la dimensión de lo que estaba ocurriendo, pero firmó el proyecto igual, y luego no entendió ni previó que, de haberse aprobado, habría comprometido la fiabilidad de nuestro sistema democrático. Esa fue la razón por la cual tuvo un categórico rechazo.

La Presidenta tampoco comprende por qué una mayoría de chilenos rechaza su gobierno, la forma cómo lo conduce y –tal vez lo que más extrañeza le provoca– sus reformas emblemáticas. Convencida de que todo es obra de una conspiración de los medios, de la derecha o, a estas alturas, de los malvados dioses del Olimpo, ella continúa celebrando los cambios y asegurando que sus frutos se recogerán dentro de unos años (no sabemos cuántos, sólo se nos ha señalado que serán valorados en “la perspectiva histórica”).

Tampoco comprende las encuestas ni se interesa en conocer el origen de sus resultados, que hace ya dos años pasaron de fotografía a largometraje, y que se repiten semana a semana. Se ríe de ellos, porque cuando alguien mira la vida desde un espacio muy estrecho, le basta con recibir el aplauso de las dos primeras filas para hacer oídos sordos a la pifia del resto.

No sé si por indiferencia o desconocimiento de sus devastadores efectos en la confianza que Chile demoró décadas en consolidar, la Presidenta aparenta casi total indiferencia ante el deterioro económico del país y, salvo una mención muy fugaz hace algunas semanas, no se ve especialmente preocupada por el desempleo. Para ella lo relevante es sacudirse cualquier responsabilidad y adjudicársela a la mala situación internacional y al bajo precio del cobre, por eso repite con disciplina el mismo discurso y por eso en Palacio celebran con serpentinas cuando el crecimiento sube dos décimas.

Así las cosas, no puede extrañar la decisión que tomó Michelle Bachelet esta semana. Sacó a una ministra que no daba para más, pero mantuvo a los ministros que operan en La Moneda, que son los primeros responsables del curso político del gobierno. En la práctica, se resignó a que su gobierno está terminado al aceptar la renuncia de un miembro del gabinete sólo para que una hora después éste se incorporara al comando del candidato presidencial aparentemente oficial.

Todo lo anterior durante la mismísima semana en que la Nueva Mayoría debe enfrentar su primera prueba electoral desde noviembre de 2013.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile

@isabelpla

 

 

Foto: SEBASTIÁN BELTRÁN/AGENCIAUNO

 

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