Las propuestas del Presidente Piñera van en la dirección correcta y es de esperar que se hagan efectivas en los próximos años. El eje fundamental de las medidas específicas consiste en establecer una “perspectiva de familia” en la labor del Estado, que se haga cargo de los cambios y desafíos a los que se enfrenta esta comunidad, con el objetivo de promover un ambiente social favorable que haga posible la vida familiar según sus propias circunstancias.
Publicado el 19.12.2017
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El macizo triunfo de Sebastián Piñera fue una buena noticia para el país. Y si bien el sorpresivo resultado admite varias interpretaciones, lo cierto es que el desafío que enfrenta el Presidente electo es grande: debe responder a millones de electores que pusieron su confianza en él y en su programa, con la esperanza de que los años que vienen serán, efectivamente, “tiempos mejores”.

En este sentido, es clave que uno de los sellos del programa del Presidente Piñera sea su especial preocupación por las familias chilenas. Pues más allá de las motivaciones personales de los ciudadanos para votar por uno u otro candidato, para todos ellos la principal inquietud sigue siendo sacar adelante a los suyos y brindarles mejores condiciones de vida.

En esta línea, el programa del futuro gobierno reconoce la importancia política de la comunidad familiar como célula básica sobre la que se funda la vida social y como instancia primordial de protección social. En ella crecen nuestros niños, se inculcan los valores para la vida, se recibe y entrega afecto, sustento y protección, se cuida a los enfermos y adultos mayores, se enseña a vivir en sociedad y se forma a los nuevos ciudadanos en derechos y deberes. Es decir, de esta comunidad depende fundamentalmente la transmisión de la vida y la cultura, por eso constituye un bien público que merece el reconocimiento y protección del Estado y la sociedad.

Pero si bien la familia se constituye a partir de decisiones particulares y continúa siendo la principal fuente de felicidad y satisfacción personal de los chilenos, según muestran las encuestas, su importancia trasciende el ámbito de la vida privada. Por las funciones sociales vitales que cumple la familia y por el impacto que tiene en la vida de los ciudadanos y la comunidad, ella debe ser pensada no sólo como destinataria, sino sobre todo como sujeto fundamental de la acción política. Vale decir, no se trata de que la familia sea objeto de una intervención estatal que pretenda sustituirla o hacerla dependiente de un asistencialismo nocivo que la vuelva irrelevante, sino más bien de asegurarle las herramientas y el espacio necesario para que pueda desplegarse y cumplir con las tareas que se le encomiendan en favor de la persona y la sociedad.

Las propuestas del Presidente Piñera van en esa dirección y es de esperar que se hagan efectivas en los próximos años. El eje fundamental de las medidas específicas consiste en establecer una “perspectiva de familia” en la labor del Estado, que se haga cargo de los cambios y desafíos a los que se enfrenta esta comunidad, con el objetivo de promover un ambiente social favorable que haga posible la vida familiar según sus propias circunstancias. En concreto, destaca la creación del Ministerio de la Familia y Desarrollo Social, que tendrá como foco de acción el bienestar y fortalecimiento de la familia como verdadera unidad social, en lugar de una perspectiva individualizada y sectorial que ha caracterizado la actividad pública, restándole eficiencia y eficacia. Asimismo, se ha propuesto elaborar un Estatuto de Fortalecimiento y Protección para la Familia. Su finalidad es plantear una ley marco que establezca las bases de ayuda y promoción a las familias, y su reconocimiento como sujeto político prioritario por parte del Estado. Con este fin, el Estatuto establece ciertos principios, derechos y garantías básicas, que otorguen coherencia a una serie de normas dispersas y diseminadas en el universo del ordenamiento jurídico, pero que muchas veces no conversan o no son armónicas entre sí.

Este enfoque familiar en ningún caso supone olvidar a los miembros individuales que la componen, como podrían alegar algunos. Por el contrario, lo que subyace detrás de esta visión política es, justamente, la convicción de que el bienestar material y espiritual de cada persona depende en gran parte de que ella cuente con vínculos sólidos y de un ambiente familiar armonioso que le permita desplegar sus capacidades y llevar a cabo su propio proyecto de vida. Confiamos en que bajo el nuevo gobierno avancemos en hacer realidad estos anhelos de todos los chilenos, y en que las propuestas plasmadas en el programa no se queden en las meras intenciones de campaña.

 

Catalina Siles, investigadora Instituto de Estudios de la Sociedad

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCAIUNO