La clase política de todos los sectores debe cultivar una mentalidad de crecimiento. Donde los éxitos y fracasos del pasado sean una fuente de lecciones para el futuro. Que deje a un lado los prejuicios sobre los demás, y valore la diversidad de visiones. Que abrace con entusiasmo los cambios y que tenga la certeza de que el resultado de mañana dependerá de los esfuerzos de hoy.
Publicado el 10.01.2018
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Cuándo usted piensa en algunas decisiones políticas claves en nuestra historia reciente, ¿las ve como un conjunto de aciertos y errores o las mira como potenciales fuentes de aprendizaje y crecimiento? Los descubrimientos de la célebre investigadora Carol Dweck sugieren que las eventuales respuestas a esta pregunta pueden condicionar el futuro de un país.

Hace más de treinta años, Dweck y sus colegas en la Universidad de Stanford se interesaron en las actitudes de los estudiantes hacia el fracaso. Mientras unos se recuperaban rápidamente ante las dificultades, otros se rendían completamente ante la más mínima frustración. Después de estudiar a miles de niños, Dweck acuñó los términos “mentalidad fija” (fixed mindset) y mentalidad de “aprendizaje o crecimiento” (growth mindset) para describir las creencias subyacentes de la gente sobre la inteligencia y el aprendizaje.

Los estudiantes con una mentalidad fija creen que sus habilidades e inteligencia son rasgos que no se pueden cambiar. Nacieron con una cierta cantidad predefinida, por lo que sus objetivos se centran en lucir inteligentes y no mostrar sus debilidades. Eligen situaciones en las que pueden triunfar y evitan aquellas en las que pueden fallar. Una mentalidad fija funciona razonablemente bien si se dispone de muchas de estas cualidades positivas. Para evitar el fracaso se mantienen en su zona de comfort y no corren riesgos.

Por otro lado, en una mentalidad de aprendizaje (o crecimiento), los estudiantes entienden que sus talentos y habilidades se pueden desarrollar a través del esfuerzo, la buena instrucción y la práctica. Si bien comprenden que no todos pueden llegar a ser genios, están confiados en que cualquiera podría ser más inteligente si trabaja duro en ello. Los estudiantes con una mentalidad de aprendizaje muestran pasión por crecer y perseverar en sus metas, incluso sienten motivación ante las dificultades. Esta mentalidad permite a las personas prosperar incluso en los momentos más desafiantes. Los beneficios incluyen una mejor autoestima y confianza, menos dependencia de los estereotipos, menos perfeccionismo, más disfrute del proceso de aprendizaje y menos frustración ante los reveses.

¿Cómo podríamos aplicar este concepto de mentalidad a la política en un país que aspira a tiempos mejores?

En una mentalidad política fija, la gente clasifica los eventos pasados como éxitos o fracasos. La mirada es estática y no se miran los errores como oportunidades de extraer lecciones para el futuro. Clasifican a las personas, partidos o grupos éticos en estereotipos, los diferentes generan temor y parecen amenazas al status quo. Evitan los problemas complejos, porque aumentan el riesgo de fracaso. Aquellos con una mentalidad fija, buscan también volver a aquellos tiempos en que las cosas eran más simples y era más fácil ser exitosos. Cualquier información nueva o evidencia que pueda contradecir sus creencias es vista también como una amenaza.

En una mentalidad política de aprendizaje, las situaciones nuevas, los problemas difíciles y las demás personas son oportunidades para entender más cosas y progresar. Toda información nueva es útil, porque brinda la chance de aprender. Más allá de los resultados, el pasado se ve como un conjunto de valiosas experiencias de aprendizaje. Los desafíos también son reconocidos como oportunidades de crecimiento y no como pruebas donde, dependiendo del éxito o fracaso, uno debe demostrar su valía. Una mentalidad de crecimiento está orientada hacia el cambio. Aquellos con mentalidad de aprendizaje se dan cuenta de que nada se mantiene igual y no se sienten amenazados por el éxito de los demás. Dicho éxito los inspira. Tampoco están obsesionados con el rendimiento propio o ajeno. Mejor dedicar su energía a aprender y diseñar nuevas soluciones. Esto genera espacios de acción para la innovación y el emprendimiento.

En noviembre de 2016, Tara Well, profesora de la Escuela de Psicología de Columbia, publicó una serie de preguntas para determinar la mentalidad dominante en temas políticos. Haga usted este test y descubra si su mentalidad es fija, de crecimiento o si está a medio camino.

  1. Cuando se expone a personas muy diferentes a usted en cuanto a valores, estilos o posiciones políticas, ¿siente curiosidad por conocer más o su instinto es ser cauteloso?
  2. ¿Ve a estas personas diferentes como una potencial amenaza o como una oportunidad de aprendizaje personal (quizás hasta podría cambiar de opinión)?
  3. Cuando le cuentan de los éxitos de otros, ¿le dan rabia o más bien se siente inspirado a esforzarse más?
  4. Los problemas difíciles, ¿los evita o se motiva a persistir en buscar soluciones?
  5. ¿Le preocupa lo que otros piensen sobre sus opiniones o prefiere buscar información para hacerse de un punto de vista propio?
  6. Cuando piensa en los cambios que estamos viviendo, ¿le domina la preocupación o los ve como parte inevitable del progreso y se siente motivado por entender más y desarrollar nuevas habilidades?

Si de verdad queremos tiempos mejores para Chile, la clase política de todos los sectores debe cultivar una mentalidad de crecimiento. Donde los éxitos y fracasos del pasado sean una fuente de lecciones para el futuro. Que deje a un lado los prejuicios sobre los demás, y valore la diversidad de visiones. Que abrace con entusiasmo los cambios y que tenga la certeza de que el resultado de mañana dependerá de los esfuerzos de hoy.

 

Alfredo Enrione, ESE Business School, Universidad de los Andes