El momento de apatía y escepticismo generalizado requiere de un liderazgo que nos convoque a volver a creer en esta Nación y no seguir alimentando este ambiente de frustración.
Publicado el 17.01.2016
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En agosto de 1963 Martin Luther King pronunció uno de los mejores discursos que registra la historia y probablemente el mejor del siglo XX. En las escalinatas del monumento a Lincoln, en Washington DC, trasmitió un mensaje que contenía dos elementos fundamentales: el sentido ético de su lucha por los derechos civiles y, por ende, de urgencia (“tengo un sueño hoy”) y vinculó ese sueño con el propósito de Estados Unidos como Nación.

“Este será el día, este será el día en que todos los niños de Dios serán capaces de cantar con un nuevo significado: mi país, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra donde mis padres murieron, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera dejen resonar la libertad. Y si Estados Unidos va a convertirse en una gran nación, esto debe convertirse en realidad”.  Más allá de su propia existencia, el líder del movimiento afroamericano, le dio a su lucha un sentido indivisiblemente unido al de su país, eso lo convirtió en una fuerza imparable. En una generación, a contar de ese día, un afroamericano se convirtió en Presidente de Estados Unidos.

Hago este recuerdo, porque la sociedad chilena atraviesa un momento difícil, el escepticismo marca el estado de ánimo con el que nos aproximamos a todos y a todo.  El descontento, pero paradojalmente no con la vida personal, sino con el orden social es muy grande.

Es lógico que hayamos llegado hasta aquí después de escuchar persistentemente un discurso que nos dice que somos una sociedad injustamente desigual, en la que el éxito sólo se alcanza por el abuso y la trampa, pero nunca sobre el esfuerzo. El diagnóstico de un Chile amargo ha terminado por amargarnos.

El tsunami de la desconfianza arrasó con todos: Presidenta, empresarios, universidades, partidos políticos de gobierno y de oposición.  Ahora la gente siente que hasta el fútbol y Sampaoli eran de mentira.

La oposición tiene una responsabilidad especial, porque si bien para el presente importa más que el gobierno sea muy mal evaluado, en la proyección del futuro lo grave es que el mismo reproche se haga a quienes están naturalmente llamados a ser alternativa; la gente se siente en el peor de los mundos: con un gobierno malo y sin la esperanza de esperar uno mejor en el futuro.

El verdadero desafío de Chile Vamos, en este contexto, es más importante que sólo ganar en las próximas elecciones, con ganar por “default” la coalición opositora no va a conseguir lo que es realmente fundamental: sacar a nuestra sociedad del pantano de incredulidad y desanimo en el que está sumida.

En estas condiciones, aunque el próximo Presidente sea de la actual oposición, sólo seguiremos abonando el terreno para la llegada al poder de la nueva izquierda –que de nueva no tiene nada, salvo la edad de sus líderes- o de un populista antisistema.

Hace tiempo que en la derecha se habla de la necesidad de un “relato”; pero, siendo efectiva esa necesidad, el problema es más complejo.  Lo que la oposición necesita junto a un relato es un gran propósito, un sueño que le haga sentido a los chilenos, que nos convoque a todos a SER mejores, un objetivo común del que todos se sientan parte. A partir de ese propósito podrá insertar su relato en la sociedad.

La oposición no debería plantear una oferta en clave de: “esto es lo que nosotros vamos a hacer por Chile”. Eso sería no entender el momento actual; Martin Luther King no articuló su sueño como el anhelo de la comunidad afroamericana, sino como la necesidad ética que todos los norteamericanos se integraran en un solo cuerpo y así Estados Unidos pudiera cumplir su destino de ser la nación líder del mundo contemporáneo.

Desde la oposición percibo dos esbozos de mensaje: en lo que se reconoce como el sector del ex Presidente Piñera parece emerger uno en que se plantea volver a crecer, volver a generar empleo, volver a hacer las cosas bien. Es la aproximación concreta tan propia de los economistas, seria y técnicamente virtuosa, pero que tiende a reducir la realidad a su análisis económico y cuya racionalidad se argumenta más o menos así:  “dejémonos de tonteras, lo que la gente quiere es pega” (para no decir otra expresión muy coloquial, pero poco elegante).

Por otra parte, el discurso del senador Ossandón es de permanente crítica: al ex Presidente Piñera, al gobierno, a los empresarios, a la derecha y, a veces pareciera, a todo lo que se mueva. Es eficaz, no cabe duda, pero no está a la altura de lo que la sociedad requiere. Con la expresión “no está a la altura” no pretendo hacer una crítica desde la pedantería intelectual; sino que me refiero a que el momento de apatía y escepticismo generalizado requiere exactamente lo contrario: un liderazgo que nos convoque a volver a creer en esta Nación y no seguir alimentando este ambiente de frustración. Ambiente que, por lo demás, es nefasto para lo que representa culturalmente la centroderecha.

¿Cuál es ese sueño, ese propósito con el que Chile Vamos puede darle sentido y proyección a un relato que convoque y vuelva a entusiasmar a esta sociedad con lo que es y con su futuro? La verdad, no lo se; pero sí estoy seguro de una cosa: la ideología de izquierda no cree en el ser humano, su proyecto se funda en el poder de un Estado que pretende obligarnos a ser “mejores” a la fuerza, porque la libertad nos condena a la injusticia; eso que llamamos derecha, en cambio, sí cree en las personas, en su capacidad de vencer las adversidades, de ser generosos y solidarios. Con elementos básicos de la organización social, como el Estado de derecho, el monopolio de la fuerza en las instituciones públicas y la igualdad de oportunidades, el resultado de una sociedad libre es incomparablemente mejor que el que se obtiene con el arbitrio del Gran Hermano.

La izquierda y su discurso de la desigualdad construye una oferta política mostrándonos la peor versión de nosotros; la derecha lo hace sobre la convicción que se puede estructurar un orden social que saque lo mejor de cada uno.  ¿Quiénes son los idealistas? Así como reconozco que no tengo la respuesta a la pregunta de cuál es el sueño que debe plantear la oposición, estoy seguro que por aquí está la ruta para encontrarlo.  Al menos, ese es mi sueño.

 

Gonzalo Cordero, #ForoLíbero.

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