Los tiempos de la Nueva Mayoría son exclusivamente políticos y la variable número uno es impedir que una buena noticia pueda adjudicarse al gobierno de Sebastián Piñera.
Publicado el 16.01.2015
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Los tiempos del segundo gobierno de Michelle Bachelet no son cronológicos. Da igual si se vence un plazo humano, o los compromisos amarrados en un contrato, o la urgencia que exigen los problemas que agobian hoy a los chilenos. Los tiempos de la Nueva Mayoría son exclusivamente políticos y la variable número uno es impedir que una buena noticia pueda adjudicarse al gobierno de Sebastián Piñera.

La encuesta CASEN 2013 debía entregarse en junio de 2014. El retraso afecta a personas de carne y hueso, porque la información que arroja es clave para definir las políticas sociales que se están aplicando y para pesquisar cuáles son los factores que hoy están afectando las condiciones de vida y la dignidad de las familias más vulnerables. La ministra de Desarrollo Social, una de las figuras más creativas del gabinete cuando de respuestas a los medios se trata (la misma que dijo que el Estado debe garantizar que la gente no tenga que elegir), dijo el fin de semana pasado que todos los frutos tenían su tiempo y pidió que no la apuraran.

Puede parecer gracioso que una ministra invoque así, con tanta poesía, los tiempos de la fruticultura para explicar por qué no ha cumplido con su deber y retrasa por tiempo indefinido la entrega de información vital para las familias que ella dice defender. La razón de fondo por la cual se ha postergado en más de medio año la publicación de la encuesta Casen, es menos poética y demuestra ciertos grados de pequeñez incompatibles con la responsabilidad de gobernar: La Moneda busca su propio momento para entregar lo que, se espera, sean buenas noticias para Chile, pero malas noticias para la Presidenta Bachelet.

Mal que mal, la Mandataria, quien ha hecho de la lucha por la desigualdad su bandera estelar, deberá explicar por qué en su primer mandato se produjo el único retroceso en la lucha contra la pobreza en 24 años, sumando a más de 350 mil chilenos a esa condición. Y por qué, un gobierno de derecha, que defendió la focalización del gasto social (recursos para quienes lo necesiten), que cree en la libertad y en el empleo como vehículos de progreso y bienestar y que fue permanentemente denostado por la izquierda, logró disminuir el número de familias que viven en condiciones de pobreza.

El Parque Fluvial Renato Poblete, una obra preciosa clavada en el corazón de la zona Poniente de Santiago, está listo desde hace meses. ¿Por qué el Gobierno aún no lo inaugura y lo pone a disposición de millones de santiaguinos? Simple: porque está inspirado en el Mapocho Navegable, asociado a Sebastián Piñera y porque es una obra del Legado Bicentenario, construida en su gobierno. Como los tiempos del Gobierno no son humanos sino políticos, les parece más importante mantenerlo cerrado a un público que vive en la zona de la capital con menos metros cuadrados de áreas verdes por habitante, que conceder siquiera un milímetro de reconocimiento a su autor intelectual y material.

El Hospital de Rancagua también está listo hace poco menos de un año. Tampoco se ha inaugurado. La Comisión de Recepción, encargada de verificar que esté todo en orden, ha sido más celosa que nunca en la historia de las construcciones públicas; y el Servicio de Salud de O´Higgins ha hecho ¡38 mil observaciones! Sí, como lo lee, 38 mil observaciones, entre otras, detalles en los jardines y en algunas chapas de puertas. Además de alejar lo más posible su inauguración de la administración anterior, el Gobierno tampoco tiene ganas de mostrar a los chilenos un hospital moderno, construido bajo la modalidad de concesiones, porque el discurso de colaboración público-privada es para salvar ante las cámaras cuando el país transita por su peor momento económico en 30 años, pero no para ponerlo en práctica.

La política es compleja y está cruzada por intereses personales y colectivos, muchas veces alejados del bien común. Pero hasta ahora en nuestro país subsistía un espacio para la continuidad en temas de envergadura: en la tragedia y en las buenas noticias, Chile había permanecido unido y hay cientos de esos ejemplos en nuestra historia reciente. Ese espacio parece haberse cerrado, con la decisión de la Presidenta Bachelet, por temor a las huellas de Sebastián Piñera, de postergar la inauguración de obras que harán un poco más felices a un número importante de chilenos y la entrega de información que demostrará que una determinada manera de hacer las cosas da mejores resultados que otra.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

SEBASTIÁN CISTERNAS / AGENCIA UNO.

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