El tanque a pedales es una realidad y, mientras la sociedad no vea de verdad que hay voluntad del gobierno para confiar en el impulso privado y se retome el camino del crecimiento económico, estaremos pedaleando entre todos y el movimiento será nulo.
Publicado el 29.09.2016
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El solo pensar en empujar un pesado tanque impulsado a pedales, debe ser una imagen agotadora y de bajo nivel de esperanza que se llegará pronto y a tiempo a destino. Así se siente el proceso económico que estamos viviendo luego del frenazo que tuvimos al pasar de un crecimiento promedio del 5,3% entre 2010 y 2013 a un escuálido 1,4% entre 2014 y julio 2016.

Pero más importante que observar un frenazo de esta magnitud, lo que más duele es el efecto en las políticas públicas permanentes, como el duro combate a la pobreza. Acá me quiero detener porque la semana pasada vimos estupefactos cómo la indolencia del gobierno anunciaba con bombos y platillos una reducción de 2,7% en la pobreza medida por la Casen entre 2013 y 2015, lo que además fue atribuido sin ninguna autocrítica al “buen resultado” de las reformas impulsadas por el actual Ejecutivo.

Digo autocrítica porque en realidad el primer gobierno de la actual mandataria logró reducir la pobreza Casen de 29,1 a 25,3%, 3,8 puntos porcentuales, pero realmente insatisfactorio cuando se compara con lo logrado en el gobierno de Sebastián Piñera, reduciendo el mismo indicador de 22,2 a 14,4%, ocho puntos porcentuales, el doble de lo que hizo el primer gobierno de Bachelet y casi el triple de lo que ha hecho esta administración hasta ahora.

Resulta evidente que el crecimiento económico no es neutro al momento de impulsar políticas contra la pobreza, pero lo peor es hacernos creer que las pésimas reformas que ha impulsado el gobierno (tributaria, educacional y laboral) han ayudado a combatir el peor flagelo social: la pobreza.

A riesgo de parecer majadero (probablemente lo soy), creo que mientras esta administración no asuma que el crecimiento económico no es un discurso que beneficie a los ricos o la clase acomodada, sino que es el contenido más profundo para ganar el combate a la pobreza, estaremos permanentemente en veredas opuestas. Ya varias veces me he referido al círculo virtuoso  crecimiento económico-más empleo-menos pobreza, lo que sin duda debiera ser el marco de referencia para el diseño de políticas públicas que incentiven la actividad empresarial y el consumo.

No es bueno ver cifras como las de esta semana, cuando se anunció que las ventas minoristas de Santiago marcaron en agosto una caída de 3,9% real, según informó la Cámara Nacional de Comercio (CNC), porque eso es detener la actividad económica.

No me gusta que la economía se mueva porque hay una decisión política de incentivar el gasto público, a propósito de la discusión que se abrirá a partir de este viernes con el envío de la Ley de Presupuestos al Congreso, porque cada peso que gasta el Estado lo saca directamente de nuestros bolsillos, de todos, ricos y pobres, con lo que vemos restringida nuestra libertad de gastar en lo que se nos ocurra.

En fin, el tanque a pedales es una realidad y, mientras la sociedad no vea de verdad que hay voluntad del gobierno para confiar en el impulso privado y se retome el camino del crecimiento económico, estaremos pedaleando entre todos y el movimiento será nulo.

 

William Díaz, economista.

 

 

FOTO: AGENCIAUNO.