¿Cómo es posible que cuando la economía chilena está creciendo muy poco (por no decir nada), y por lo tanto la plata escasea, el Gobierno incremente tanto el gasto público? Primero, multiplicando los empleos fiscales sin mayor control —lo que ya es un tremendo gasto adicional—, y además aumentando sus salarios mucho más que el sector privado.
Publicado el 13.08.2017
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El empleo asalariado en el sector público aumenta y aumenta, mientras en el sector privado disminuye y disminuye. Sólo crecen los contratos por cuenta propia, en su mayoría precarios y sin ningún tipo de protección social, lo que obedece principalmente a personas que no han podido encontrar trabajo en el mercado formal y no a un deseo de emprender actividades por sí mismas. Adicionalmente, los salarios en el sector público aumentan más del doble que en el privado.

Sin ser analista económico, la pregunta que uno se hace es, ¿cómo es posible que cuando la economía chilena está creciendo muy poco (por no decir nada), y por lo tanto la plata escasea, el Gobierno actual incremente de esa manera el gasto público? Primero, aumentando los empleos fiscales sin mayor control —lo que ya es un tremendo gasto adicional—, y además aumentando sus salarios mucho más allá de lo que lo hace el sector privado.

Para explicar este hecho tan extraño puede haber varias alternativas. Una, que el Gobierno tiene tanta plata ahorrada, que se puede dar el lujo de gastarla sin mayor problema. Pero todos sabemos que esto no es así. Además, si fuera cierto, ya estarían resueltos todos los problemas de infraestructura que hay en el sector salud (listas de espera, deuda hospitalaria, etc.) o la falta de recursos para abordar la grave crisis del Sename, entre otros muchos. La segunda explicación es que el aumento tan explosivo de la dotación del sector público y sus salarios, se ha traducido en una mejora sustancial de la atención y servicios que entregan estos funcionarios a la ciudadanía, por lo cual el gasto está justificado. Cualquier encuesta ciudadana nos dirá que esto tampoco es efectivo. Tercera, el Gobierno puede gastar la plata como quiera, ya que es su plata. Esta afirmación sí que es absolutamente falsa, ya que la plata es de todos los ciudadanos y no del Gobierno de turno. Entonces, ¿por qué la gasta de la manera que lo hace?

La respuesta, al parecer, es bastante sencilla y refleja fielmente el dicho de que “la plata ajena siempre es más fácil de gastar que la plata que se gana con el trabajo y el esfuerzo personal”. Esto es especialmente cierto en el caso de los Gobiernos de izquierda, muy buenos para lo que otros generan, pero muy malos a la hora de generar riqueza y bienestar para la población.

Lo que  llama la atención es el hecho de que la ciudadanía —con lo empoderada que está y con la gran capacidad organizativa que tiene— no levante la voz cuando ve cómo el Gobierno es poco prolijo con la administración de sus platas y no prioriza adecuadamente su uso. Esa misma ciudadanía que ha levantado con mucha fuerza su crítica contra las AFP por lo que ellos consideran una mala administración de sus platas, guarda el más absoluto silencio en este caso, a pesar de que ya no es un tema de percepción de mala administración, sino que de un hecho evidente.

La razón, aunque parezca increíble en estos tiempos, es que todavía hay un porcentaje importante de la población que no tiene real conciencia de que las platas que administra el Gobierno de turno no son generadas por él, sino que son dineros de los ciudadanos que el Estado recauda a través de los impuestos que a todos nos cobra. A algunos les han hecho creer erradamente que sólo los ricos pagan impuestos, por lo que a ellos no debiera importarles que se malgaste esa plata. Pero la verdad es muy distinta.

Por ejemplo, el IVA lo pagan todos quienes compran un producto. Es así como cada vez que se paga $100 por un producto, en definitiva, sólo se está recibiendo el equivalente a $81 pesos de ese producto, los $19 restantes, o sea el IVA, corresponden a impuesto que va a las arcas del Estado/Gobierno para que los administre en forma adecuada y les dé el mejor y más eficiente uso posible. Así, es evidente que cada vez que el Gobierno le da un uso inadecuado a esos recursos está administrando en forma deficiente —y en algunos casos hasta irresponsable— el dinero de todos. El día que la ciudadanía tome real conciencia de que tiene el derecho y el deber de exigir cuentas al Gobierno de turno por el uso de los recursos que se ponen bajo su custodia —para que los administre pensando en el bien del país y sus habitantes—, estoy seguro de que las autoridades empezarán a ser mucho más cuidadosas en la forma que manejan estas platas.

Los Gobiernos de izquierda nunca han mostrado interés en que los ciudadanos tomen conciencia de que es su plata la que ellos están gastando. Los Gobiernos de centroderecha, por su parte, no han tenido la capacidad de traducir los temas económicos en un lenguaje simple que todos puedan entender. Insisten en hablar en un lenguaje para “iniciados”, explicando con integrales y derivadas que sólo entiende un grupo muy pequeño de la población.

El Gobierno que no tenga temor de informar a la gente en forma simple sobre el destino que le da a sus impuestos y, luego, sobre los resultados que se obtuvieron con esa asignación, estoy seguro de que impulsará un gran cambio en la forma que los ciudadanos eligen y evalúan a sus autoridades.

 

Huberto Berg, director Berg Consultores

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO