Es necesario salir al paso de la mirada que han tratado de imponer algunos intelectuales de derecha que pretenden desnaturalizar lo que es la subsidiariedad.
Publicado el 01.06.2016
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El próximo lunes 6 de junio, la Fundación Jaime Guzmán y el Instituto Res Pública presentan el libro “Subsidiariedad en Chile. Justicia y libertad”. En el texto, varios autores repasan diversas temáticas vinculadas a uno de los temas que más ha cruzado el debate político chileno en los últimos cinco años: el rol y el modelo del Estado en su contribución al bien común.

El libro –que convoca a intelectuales jóvenes y otros de mayor experiencia, y a personas del mundo político y académico- tiene varias cosas destacables. No sólo aborda las temáticas sectoriales siempre necesarias en materia de pobreza, salud y educación, sino que ofrece una posición clara sobre lo que significa el desdibujamiento de este principio en manos un grupo de intelectuales –no precisamente de izquierda- quienes insisten majaderamente que el mundo político de la derecha, a pesar de volver operativo el principio en la institucionalidad chilena “lo hizo de una manera que no sólo terminó acentuando uno de sus aspectos –el negativo- sino que alteró su naturaleza o carácter” (Hugo Herrera en Subsidiariedad, más allá del Estado y del Mercado, IES, 2015, p. 97). Esta noción, que busca emparentarlo con una especie de “neoliberalismo desatado”, supuestamente implantado a partir de una mala comprensión de la subsidiariedad en el orden institucional chileno, se afirma justamente en una errónea comprensión de lo que es realmente la subsidiariedad. A modo de ejemplo, según Herrera “no ocurre que el principio (de subsidiariedad) dé necesariamente prioridad a los particulares. Atribuirles de antemano la prioridad a los particulares importa, precisamente, cambiarle el talante al principio, volver una regla abstracta lo que era una exigencia de observaciones concretas”.

Contradiciendo la postura de Herrera, el historiador José Manuel Castro, en su capítulo del libro, explica que “la incomprensión a la que aludimos se basa en una concepción de la subsidiariedad que disocia la dimensión positiva y negativa de la subsidiariedad, explicándolas a partir de un mero “intervenir” o “restarse” del Estado, pero negando, omitiendo o relativizando el primado que reclama la iniciativa de la persona y las sociedades intermedias frente a la acción del Estado. Como consecuencia, se establece una concepción de la subsidiariedad incapaz de discernir el adecuado modo de intervenir del Estado cuando lo hace desde un criterio subsidiario”.

Otra cosa que busca el libro es poner en su lugar la interpretación muchas veces citada sobre Jaime Guzmán quien –de nuevo reiteradamente- es visto como una figura anclada en la guerra fría, motivo por el cual el mundo político de la derecha habría asumido como dogma la abstención del Estado en la casi totalidad de los ámbitos de la acción pública. Esto también es rebatido en el libro. Carlos Frontaura desarrolla ampliamente el pensamiento de Jaime Guzmán sobre la subsidiariedad. Señala, por ejemplo, que “es evidente que la concepción guzmaniana de subsidiariedad está sostenida en los criterios entregados por la Doctrina Social de la Iglesia y, por tanto, que es tan incompatible con el colectivismo –y todos sus derivados, por ejemplo, el estatismo– como con el individualismo. No hay en Guzmán, entonces, a diferencia de lo que a veces se sostiene, una defensa de un Estado ausente, abstencionista y meramente espectador. Por el contrario, él defiende con claridad el papel que a este le corresponde en la dirección y promoción del bien común, en la generación de las condiciones que permitan, a todos y cada uno de los integrantes de la comunidad, alcanzar su mayor bien espiritual y material posible, con pleno respeto de los derechos de las personas. Así, en este ámbito, reconoce los derechos individuales, pero al mismo tiempo, con gran claridad, la función social que todos ellos tienen, de modo que su ejercicio debe adecuarse al bien común. Esta noción, entonces, claramente muestra que no hay una fundamentación liberal ni individualista en su pensamiento”.

En suma, estamos ante un libro muy pertinente en medio del inicio de un nuevo ciclo político, que viene, a juicio nuestro, a poner las cosas en su lugar. Particularmente respecto de algunos intelectuales de derecha que, por falta de comprensión o de lectura, pretenden desnaturalizar lo que la subsidiariedad en verdad es.

 

Máximo Pavez, director área legislativa Fundación Jaime Guzmán.

#TribunaLíbero.

 

 

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO