El Fisco debe contar con los resguardos necesarios para asegurar el cumplimiento tributario pero sin exagerar, con apego al derecho y descartándose cualquier forma de abuso. Los contribuyentes deben presumirse cumplidores y asimismo contar con herramientas simples para hacer valer sus derechos.
Publicado el 30.11.2015
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Debo introducir esta columna con un par de historias reales que conciernen a dos estudiantes universitarios, que llamaremos “X” e “Y” para resguardar el anonimato.

“X” estudia en una universidad inglesa y quiere retornar a Chile antes que termine el semestre porque desea estar presente en eventos familiares importantes. Les dio esa explicación a sus profesores y sin mayores preguntas, cartas o certificados le otorgaron permiso y las facilidades para viajar y cumplir desde aquí sus deberes académicos. Todo ocurrió como estaba previsto.

“Y”, alumno de derecho en nuestra U.C., se acercó a los profesores de la escuela explicando que no estaba en condiciones de dar los exámenes de fin de año por la muerte de su padre, solicitud que fue acogida sin más, con las consiguientes muestras de pesar. Al año siguiente el alumno pidió nuevamente facilidades porque antes de la época de exámenes falleció su padre -entiéndase, volvió a morir-. Curiosamente la maniobra resultó hasta que alguien recordó el fallecimiento del año anterior; agréguese que el progenitor, ignorante de la estrategia de su vástago, no colaboró con ella pues seguía vivo y gozaba de buena salud. El alumno, ciertamente un “pícaro” propio del “Lazarillo de Tormes”, salió con viento fresco antes que la Universidad tomara medidas, mudándose a una entidad privada donde terminó la carrera. Ignoro si el padre siguió falleciendo anualmente hasta que el personaje obtuvo la licenciatura.

Estas historias ilustran como los individuos y la autoridad se relacionan ante situaciones análogas. Para los anglosajones mentir es una cuestión grave y la autoridad presume que se le dice la verdad; luego, cuando se miente, los castigos son rápidos, efectivos y sobretodo extremamente severos.

Entre nosotros, la viveza criolla, el pecado venial y otras particularidades culturales hacen de la verdad una cuestión relativa y que la mentira, en tanto no dañe a terceros -o los dañe poco-, no tenga mayor relevancia; más aún, los mentirosos muchas veces perseveran y mueren con las botas puestas y para más, a veces zafan de las consecuencias. Naturalmente, tal estado de cosas hace que la autoridad desconfíe del individuo, del contribuyente. Empero, que el Fisco no confíe en éstos explica salvaguardas pero no el exceso, la desigualdad de trato y el abuso.

Cuando de su sueldo le retienen el porcentaje para impuestos o el 10% del monto de su boleta de honorarios, se genera un Pago Provisional Mensual, un PPM, que no es la aplicación del impuesto correspondiente sino, como el nombre lo dice, una provisión o anticipo a cuenta del tributo que se determinará en abril del año siguiente (en especial desde que el impuesto a los sueldos y salarios puede re liquidarse en la operación renta). Debe admitirse que si se pudiera pagar la totalidad del impuesto en abril al año siguiente, la viveza criolla antes anotada junto al rasgo nacional de la imprevisión generarían serios problemas de cumplimiento y tal cosa justifica provisiones obligatorias, como por lo demás sucede con las cotizaciones para jubilación y salud por análogas razones. Por otra parte, los PPM son una suerte de sueldo del Fisco porque de allí obtiene parte de los recursos que gasta mensualmente. Las provisiones son doblemente necesarias entonces.

Pero dicho eso, el sistema ya no parece tan justo cuando la provisión se hace en enero y Ud. debe esperar 15 meses para determinar el impuesto, máxime en caso que tenga derecho a devolución porque las provisiones superaron lo que debía pagar. Anotemos que la devolución a veces se retiene en todo o parte por causas bastante nimias, que el contribuyente debe enmendar aún cuando la información para solucionar el obstáculo esté en poder del SII; y que cuando se obtiene, el monto se devuelve reajustado con IPC, mientras que las deudas de los privados con el Fisco se reajustan de la misma manera pero además se afectan a interés de 1,5% mensual -18% anual-, más las multas del caso. A su turno, los PPM de las empresas son porcentajes variables que se determinan anualmente según la utilidad o pérdida del año anterior, lo que puede llevar a pagar como provisión la misma tasa del impuesto vigente aunque las utilidades del ejercicio en curso sean inferiores a las del año previo o no existan. Injusto, ¿no?

Lo anterior está en la Ley. Peor es en aquellos casos donde el SII realiza “bloqueos” no amparados por ella y que, en definitiva, no son más que medidas ilegítimas de presión para obtener el pago de impuestos. Así, cuando uno de los socios de una compañía tiene una deuda o está siendo investigado por una supuesta infracción -lo que implica que todavía no es culpable de incumplimiento tributario-, el SII puede “bloquear” a la sociedad, que es una persona jurídica distinta y no tiene arte ni parte en la situación del socio cuestionado, lo que se traduce en que no le timbrarán facturas o se le timbrarán de a poco, que no le cursarán las devoluciones por PPM que exceden el impuesto ya pagado y otras amenidades.

Recordará Ud. que la reforma al sistema procesal penal se justificó por la necesidad de hacer efectiva la presunción de inocencia pues bajo el régimen anterior, al menos en la práctica, la persona imputada era reputada culpable desde el inicio del proceso y sobre sus hombros pesaba la carga de probar la inocencia.

Ya que el país está dando serios pasos en pro de la igualdad, entramos al club OCDE, firmamos cuanto tratado internacional nos ponen por delante y estamos a pocos pasos del ingreso per cápita que nos permitirá llegar al umbral de país desarrollado -salvo que la incompetencia gubernamental nos lo impida-, por qué no revisamos la relación Fisco-contribuyente para hacerla más equitativa. El primero debe contar con los resguardos necesarios para asegurar el cumplimiento tributario pero sin exagerar, con apego al derecho y descartándose cualquier forma de abuso; desde luego, debe contar con herramientas para sancionar con eficacia, igualdad de trato y dureza el perjuicio fiscal. A su turno, los contribuyentes deben presumirse cumplidores y asimismo contar con herramientas simples para hacer valer sus derechos. Tratemos de ser, en esto al menos, los ingleses de América.

 

Pedro Troncoso, abogado.

 

FOTO PRODUCCIÓN: AGENCIA UNO