El sentido común indicaría que los millones de chilenos que salen a trabajar y estudiar todos los días no son ni tontos ni lesos, y que en cambio su experiencia cotidiana les entrega una particular ventaja para observar la realidad de la economía que ningún gobernante ni economista tendrá jamás.
Publicado el 22.09.2016
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Ayer Adimark publicó su índice de percepción de la economía chilena (IPEC). Dicha encuesta se viene realizando desde 1981 y mide la percepción de los chilenos respecto de su situación económica personal y la situación económica actual y futura del país. Los resultados de la medición entregada ayer muestran que el pesimismo de los chilenos respecto de la economía es el más alto de los últimos 15 años. Desde la crisis asiática que los chilenos no estaban tan pesimistas. Ni siquiera en medio de la crisis financiera mundial en el 2008, el IPEC mostró niveles tan bajos como los actuales.

Coincidentemente, hace solo unos días, la Presidenta Bachelet señaló que el pesimismo de los chilenos no tenía justificación. Cabe preguntarse entonces; ¿son lesos los chilenos o está mal informada la Presidenta?

El año pasado publiqué un libro titulado “La Rebelión del sentido común: ¿por qué la gente sabe más que los políticos y los economistas”. Una de las tesis del libro, tal como lo señala su titulo, es que los políticos de izquierda tienen la tendencia a pensar que la gente común es relativamente tonta e ignorante. Esto los hace cometer dos grandes errores; despreciar sus opiniones y pretender dirigir sus vidas. Con su comentario, la Presidenta Bachelet se inscribe como un típico gobernante de izquierda. En vez de intentar entender por qué los chilenos están pesimistas, ella prefiere asumir que dicho pesimismo no es justificable. En otras palabras, los chilenos están equivocados y ella y sus colaboradores están en lo correcto.

Pero a menos que creamos que la gente es parte de una gran conspiración en contra del gobierno de la Nueva Mayoría orquestada por quién sabe quién, es altamente probable que el pesimismo de los chilenos tenga que ver con las experiencias cotidianas de la gente común y corriente. Experiencias como el asalto en la casa del vecino, la pérdida del empleo del marido, un reajuste salarial menor al esperado, clientes que gastan menos en el quiosco de la esquina, hijos que no pueden ir al colegio por los paros o el crédito para la ansiada casa propia que fue rechazado por el banco.

¿Será que nadie le ha informado a la Presidenta que la delincuencia ha incrementado, que el desempleo está subiendo, que los salarios ya no suben como antes, que el crecimiento de las ventas del comercio se ha estancado, que se han perdido miles de horas de clases en los colegios y universidades por los constantes paros y tomas y que los bancos están más cautos para prestarle a la gente por temor al empeoramiento de las condiciones económicas?

El sentido común indicaría que los millones de chilenos que salen a trabajar y estudiar todos los días no son ni tontos ni lesos, y que en cambio su experiencia cotidiana les entrega una particular ventaja para observar la realidad de la economía que ningún gobernante ni economista tendrá jamás. En ese contexto, la rebelión de la gente contra los gobernantes que la tratan de lesos e intentan decirle cómo deben vivir su vida es lógica y evidente. Probablemente esa sea parte de la explicación de por qué este gobierno tiene una aprobación inferior al 20%. Aunque probablemente la Presidenta y sus asesores tampoco deben darle mucha importancia a estas cifras. Mal que mal, estas encuestas se le hacen a chilenos comunes y corrientes.

 

José Ramón Valente, Foro Líbero.

 

 

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

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